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La heroica cuarentena de Eyam contra la Peste

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La heroica cuarentena de Eyam contra la Peste

Mensaje  pepe2982 el Sáb Jul 11, 2009 3:04 pm

En agosto de 1665, cuando la peste llegó al pequeño pueblo de Eyam (Inglaterra), todos sabían la gravedad de la situación a la que se enfrentaban. La opción más sensata parecía huir, sin embargo, fueron pocos los que lo hicieron. Los vecinos, liderados por su reverendo, tomaron una decisión valiente y un tanto sorprendente: poner el pueblo bajo una cuarentena voluntaria, y proteger así a los pueblos y ciudades vecinas de la epidemia. Todos sabían que la decisión probablemente les costaría la vida.


Parroquia de Saint Lawrence

Antes que a Eyam la plaga había llegado a Londres. Cuando la Gran Plaga estalló en la capital, Inglaterra tenía demasiado presente la devastación que una epidemia así podía producir. La Peste Negra atacó por primera vez en 1348 y causó la muerte a un tercio de la población inglesa. Nadie sabía que la causaba y no sería hasta el siglo XX cuando los científicos averiguaran que tanto la peste bubónica como la pulmonar eran ocasionadas por la bacteria Yersinia pestis.
La peste mató a más de 65.000 londinenses durante el verano del 1665, un sexto de la población total. Pero como la Peste Negra, la Gran Plaga no se limitó a Londres, dos tercios de su población huyeron y ayudaron a extender la epidemia a otras aéreas rurales y urbanas como Newcastle o Southampton. Aunque Eyam era un pueblo pequeño y remoto, y parecía seguro, la peste acabó llegando. Fue el sastre George Viccars quien la llevó en agosto de 1665 al traer de Londres una caja llena de tejidos infectados con pulgas.
La plaga no tardó en producir muertes en Eyam. Durante las primeras tres semanas, seis personas murieron. El primero fue el propio Viccars, le siguieron sus hijastros y poco a poco la enfermedad se extendió a sus vecinos más próximos. Las muertes, sin embargo, parecieron cesar a principios del año siguiente, durante el que sólo dos personas perecieron. Los rigores del invierno redujeron la población de ratas y con ellas el número de pulgas que extendían la enfermedad.


Casa del sastre, donde se originó todo. Foto Original Mad Dog

La esperanza duraría poco, la enfermedad volvió a aparecer, incluso con más fuerza, durante la primavera del 1666. Las muertes llegaron a su nivel máximo durante el mes de agosto, 78 en total. Una vez había quedado claro que la enfermedad que había provocado las muertes era la plaga, los habitantes de Eyam tomaron una decisión valiente y que haría famoso a su pueblo: para impedir que la enfermedad se extendiera a lo pueblos de alrededor y al cercano Sheffield, decidieron poner el pueblo bajo cuarentena.
En los relatos sobre el “pueblo de la plaga” se acostumbra a atribuir el mérito de la decisión al joven reverendo William Mompesson, de 25 años de edad y uno en el cargo de rector de Eyam. Se dice que el reverendo, consciente del sacrificio que estaba pidiendo, recurrió a las convicciones religiosas de los habitantes, repitiendo el versículo del Evangelio de San Juan en el que dice “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.
Como rector del pueblo, Mompesson era la persona ideal para liderar a los aldeanos, así que muy probablemente acudieron a él en busca de consejo. Sin embargo, parece ser que su papel se ha exagerado a expensas de otro religioso del pueblo, el ministro puritano Thomas Stanley, rector de Eyam entre 1644 y 1662.
Stanley había caído en desgracia a causa de las disputas políticas que en las que estaba envuelta la iglesia en toda Inglaterra, sus creencias puritanas habían sido la causa de su sustitución por el pastor Shoreland Adams, más tradicionalista. Después de la muerte de Adams en 1664, Stanley volvió a Eyam y se convirtió en un predicador muy popular. Según algunos, fue esta popularidad unida al hecho de que su relación con el pueblo era anterior a la de Mompesson, que todavía no habría tenido tiempo de ganarse el respecto y la confianza del pueblo, la que permitió a Stanley ser, si no más influyente que Mompesson, al menos tanto como él.
Aunque las prédicas de Stanley contrastaban fuertemente con la fe de Mompesson en la unificada Iglesia Anglicana, a medida que el número de víctimas crecía, los dos dejaron a un lado sus diferencias y unieron sus fuerzas para poner en marcha su plan de aislamiento.


La Muerte Negra, ilustración de la Biblia de Toggenburg (1411)

Antes de que la cuarentena fuera impuesta, algunos de los vecinos de Eyam ya habían marchado. Las familias más pudientes podían permitírselo, pero las más pobres lo tenían mucho más difícil. Muchos no tenían donde ir y otros no podían permitirse renunciar a su modo de ganarse la vida. Una vez la cuarentena entró en vigor, los habitantes de Eyam adquirieron un compromiso ante Dios. Así, incluso mientras el número de muertes crecía a niveles alarmantes, los aldeanos no rompieron el compromiso adquirido delante de su pastor.
Unas piedras marcaban un círculo alrededor del pueblo de media milla de diámetro. Este círculo era el “cordón sanitario” que separó a Eyam del mundo exterior y que cambió la vida cotidiana del pueblo. En vez de acudir al mercado de Bakewell o de Fulwood a comprar, los vecinos de Eyam dejaban el dinero en el arroyo situado en las afueras de su pueblo como intercambio por provisiones. Otra fuente de suministros la proporcionó el Conde de Devonshire, que se encargaba de que se dejaran medicinas y comidas en el límite sur del pueblo.
En ambos casos, el intercambio de provisiones no estaba exento de riesgo de contagio. Tan grande era el miedo a infectarse por la plaga que a veces las monedas que dejaban los aldeanos no se recogían, y cuando lo hacían eran “desinfectadas” usando vinagre. En parte, este apoyo de los pueblos vecinos se puede ver como un reconocimiento al sacrificio que Eyam estaba haciendo. Al mismo tiempo, sabían que sin su ayuda, los aldeanos de Eyam no hubieran tenido otra opción que la de romper la cuarentena y salir del pueblo en masa a la búsqueda de comida. Quizás la generosidad de los que ayudaron a Eyam fue una combinación de caridad y pragmatismo.


El pozo de Mompesson, uno de los lugares donde los vecinos de los pueblos cercanos dejaban comida y provisiones. Foto Original Mad Dog

Aparte de evitar que la plaga se propagara fuera del pueblo, también se llevaron a cabo esfuerzos para limitar su extensión dentro de él. Una de estas medidas fue la de celebrar los oficios religiosos al aire libre, en campo abierto, lo que permitía que los vecinos permanecieran alejados los unos de los otros. Sin embargo, estos esfuerzos parecían insuficientes, el incremento de las muertes tuvo un efecto devastador y desmoralizante entre los vecinos del pueblo, que tenían que enterrar a sus propios muertos, e incluso gravar sus lápidas cuando el enterrador “oficial” murió.
Durante la peste, los entierros en el camposanto del pueblo se interrumpieron. Se decidió que era mejor que las víctimas fueran enterradas tan pronto como fuera posible y cerca de sus casas. De esta manera, se minimizaba el riesgo de extensión de la enfermedad, que podían suponer una multitud de cadáveres a la espera de un funeral cristiano.
Sólo conociendo la terrible naturaleza de la plaga se puede comprender el horror al que tuvieron que hacer frente los habitantes de Eyam. Durante la Gran Plaga, se manifestaron tanto la forma neumónica como la bubónica de la enfermedad. La bubónica, producida por la picadura de una pulga infectada, causaba vómitos, fiebre alta y dolores severos en las extremidades. Los ganglios linfáticos, normalmente los axilares, cervicales e inguinales, se hinchaban formando los bubones, que podían a veces alcanzar el tamaño de un huevo, y en ocasiones podían llegar a reventar. Con el tiempo se producían hemorragias que causaban manchas negras sobre la piel (de ahí el nombre de Peste Negra) y procesos de gangrena en los extremos de las extremidades. Los enfermos deliraban y caían en estado de shock.


Tumba de los miembros de la familia Hancock muertos en agosto de 1666. Foto Original Mad Dog

La enfermedad no es directamente infecciosa entre personas, pero puede ser transmitida de un roedor a una persona, o de persona a persona por pulgas infectadas. Una persona también puede contagiarse cuando algún material infectado con la bacteria, como por ejemplo sangre, entra a través de un corte o úlcera en su piel.
Daniel Defoe en “Un diario del año de la Plaga” aconsejaba drenar la plaga de los enfermos, para ello a menudo se abrían o se quemaban los bubones. “El dolor era especialmente violento, y para algunos resultaba intolerable. Se puede decir que los médicos y cirujanos torturaron muchas pobres criaturas, incluso hasta llegar a la muerte”.
La otra forma de la enfermedad, la peste pulmonar, ocurría cuando la bacteria que causaba la peste infectaba los pulmones, la enfermedad corría por el torrente sanguíneo, produciendo fluctuaciones extremas en la temperatura corporal, que a menudo producían el coma. Este tipo de peste puede propagarse de persona a persona a través del aire, aunque se requiere un contacto directo y cercano que con una persona o animal enfermo.
En Eyam, como en la mayoría de los pueblos ingleses del siglo XVII, la religión era el centro de la vida. Era una época en la que existía la creencia extendida de que la plaga era un castigo enviado por los pecados cometidos. Era normal que la gente buscara el perdón divino mediante de la oración y el arrepentimiento con la esperanza de que eso los salvaría.
La medicina tampoco era capaz de proporcionar una solución. Las causas y las curas de la enfermedad se desconocían, y se probaron una gran variedad de tratamientos. Muchos creían que el causante eran los “malos aires”, así que quemaban romero e incienso cuando cerraban las ventanas para “ventilar” las casas, mientras las hogueras ardían en las calles con la vana esperanza de limpiar el aire infectado de la corrupción de la peste. Curiosamente, fumar era otra de las maneras que se creían eficaces para combatir la epidemia.


“Boundary Stone”, otro de los puntos de recogida de provisiones para el pueblo y que marcaba el “cordón sanitario”. Foto Original Mad Dog

Es admirable que pese a toda esta atmósfera de miedo e incertidumbre sólo dos personas abandonaron Eyam durante la cuarentena. La comunidad sufrió una pérdida de vidas enorme, 76 familias se vieron afectadas por la plaga, en total 260 víctimas murieron, sólo sobrevivieron 83 personas de una población de unas 350.
Cuando los primeros forasteros se aventuraron a entrar en Eyam un año después, esperaban encontrar un pueblo fantasma, pero milagrosamente no era así, un cuarto de la población había conseguido sobrevivir. Los motivos por los que unos habían sobrevivido y otros no parecían aleatorios, muchos de los supervivientes habían estado en contacto directo con la bacteria, pero no se habían infectado. Elizabeth Hancock, por ejemplo, tuvo que enterrar a su marido y a sus seis hijos en tan sólo ocho días, sin embargo, sobrevivió. Otro superviviente fue el sepulturero no oficial del pueblo, que pese a tocar muchos cadáveres infectados tampoco se infectó.
Investigaciones posteriores parecen indicar que los aldeanos de Eyam podrían haber presentado algún tipo de protección genética frente a la peste bubónica. Una mutación del gen CCR5 designada como Delta 32 fue encontrada en un 14% de los descendientes directos de los supervivientes de la peste, un número estadísticamente significativo. La mutación Delta 32 parece ser bastante rara, de hecho, los niveles encontrados en Eyam sólo se pueden comparar con los encontrados en otras regiones de Europa que sufrieron la plaga. Algunos se han atrevido incluso a sugerir que esta mutación, en el caso de heredarse de ambos padres, podría proporciona inmunidad frente al SIDA.
Una investigación más reciente del Scripps Research Institute, pone en duda que la mutación Delta 32 hubiera podido proporcionar protección alguna frente a la plaga, y sugiere que es más probable que hubiera podido inmunizar frente a otra enfermedad común de aquel tiempo, como podía ser la viruela. Esta última teoría tampoco es firme y está siendo probada.


Detalle del registro de defunciones en Eyam durante la peste. Foto Original Mad Dog

Aunque la actuación de Mompesson tras declarar la cuarentena fue totalmente ejemplar, algunos consideran que una de sus actuaciones anteriores sí que es merecedora de tacha. Pese a insistir a los aldeanos para que no marcharan del pueblo, Mompesson envió a sus propios hijos a Sheffield en junio del 1666, cuando la plaga estaba en su momento más virulento. Como disculpa, en aquel momento aún no se había acordado el establecimiento de la cuarentena.
Según la versión de William Wood sobre lo acontecido en Eyam, escrita en el siglo XVIII, Mompesson también trató de convencer a su mujer para que se acompañara a sus hijos, aunque esta decidió quedarse al lado de su marido. Su trágica muerte a causa de las pestilencia en 1666 ayuda a ensalzar la reputación de Mompesson.
En cualquier caso, la actuación de Mompesson durante la plaga no le reportó más que problemas en un primer momento. Mompesson se convirtió en una figura tan fuertemente asociada con la peste que no fue del todo bien recibido en su siguiente parroquia, Eakring.
Quizás más que a actuaciones individuales, el mérito y reconocimiento deberían recaer sobre todo el pueblo de Eyam. Fueron todos ellos los que aceptaron la decisión de librar a los que vivían más allá del pueblo, del sufrimiento y la plaga que se había llevado la vida de sus familiares y amigos, arriesgando su propia vida. Su sacrificio no fue en vano, la peste no se extendió, ni siquiera a Grindleford o Bakewell, los pueblos más cercanos.

PS: ¿Qué pasaría hoy en Eyam, o cualquier otro pueblo, si se diera una situación similar?


Fuente: http://www.cabovolo.com

Si en 1665 se pudieron organizar para combatir una peste, como puede ser que 344 años después estemos en esta situación???.Muchachos de la salud,del gobierno, o a quien corresponda agarren algún manual o apunte de la Facu viejo y péguenle una leída. Cool

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Re: La heroica cuarentena de Eyam contra la Peste

Mensaje  Don Sapo el Sáb Jul 11, 2009 8:50 pm

¿Qué puedo decir?

Que me extraña que seamos TAN POCOS los que "aprobamos" o "agreadecemos con:

buen post Aplauso y gracias

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Tú ¿estás haciendo algo por cambiar positivamente a la sociedad,
para que no haya tanta injusticia y desequilibrio social?
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