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Las Máscaras del yo

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Las Máscaras del yo

Mensaje  pepe2982 el Lun Jul 27, 2009 11:38 pm



Denomino así, máscaras del yo, a todas aquellas expresiones que nuestros músculos adoptan, en la cara, en todo el cuerpo, y que expresan una gama de sentimientos o estados, que son percibidos por los demás de un modo al que nuestro propio sentimiento o estado, le es ajeno, ya seamos conscientes de ello o no. Por ejemplo: sonreír, cuando en realidad, nada en nosotros sonríe, o seriedad y severidad cuando tal vez nos sintamos alegres e incluso tiernos, etc.
En ocasiones esa máscara puede resultar grotesca o incluso patética, cuando esbozamos sonrisas con ojos apagados o tristes o cuando la expresión está ausente y en nosotros se agita el dolor y el sufrimiento. Estas máscaras las hemos creado nosotros mismos a lo largo de nuestra biografía y desde la más tierna infancia, de manera que han pasado a ser automatismos musculares rígidos y acorazados.
Fuimos creando estas máscaras, con el fin de que nos protegieran, con la creencia errónea de que podríamos así vencer todos nuestros miedos, nuestra vulnerabilidad, de manera que nada ni nadie, ni nosotros mismos, pudiera dañarnos. Las creamos, entonces, con la esperanza de que fuéramos aceptados y queridos por nuestros padres, tutores y educadores, transformándonos a través de ellas, en lo que ellos veían cómo “bueno”.
Construimos estas máscaras para lograr ese amor, calor, placer, cuidados, y, en suma, esa protección y ese amparo tan necesarios en la infancia.
En ese periodo crucial e irrepetible de nuestra evolución, al contener el llanto, o el grito, o cualquiera de los sentimientos que contuvimos, obtuvimos una respuesta válida para nuestra supervivencia, lo que contribuyó a hacernos creer en que teníamos que repetir siempre esa misma respuesta, ya que ello nos protegía. Carecíamos de datos, o al menos de muchos de los datos que un adulto posee, y ello nos hizo leer la realidad externa e interna de un modo inexacto. Tal vez, leímos situaciones cómo traumáticas, cuando no lo eran, o al contrario, situaciones realmente traumáticas, las leímos cómo normales, pero ambas cosas nos hicieron dar respuestas de inhibición de los sentimientos que favorecieron el inicio de máscaras y corazas; y las afianzaron en nosotros cómo algo que nos protegía.
Mas tarde, al irse configurando y asentando las máscaras, creando rigideces y automatismos musculares, aún podíamos percibir los sentimientos que las formaban y que con las máscaras íbamos reprimiendo; pero, luego, nuestro cuerpo fue adoptando, en cada caso, la postura de la máscara correspondiente sin que notásemos ya el sentimiento anudado a ella, y mas tarde, solo fueron quedando eso: máscaras sin emociones.
Pero lo cierto es que tales máscaras no sólo no nos protegen de nada, sino que nos confunden, nos aprisionan, levantan muros entre los demás y nosotros, y en el peor de los casos, levantan muros entre nosotros y nuestros sentimientos y emociones, entre nosotros y lo que deseamos, entre nosotros y nuestra propia vida, hasta que esas las máscaras con las que el yo se ha ido recubriendo y aislando de su esencialidad, van constriñendo todas nuestras funciones vitales, interrelacionales, creativas, cognitivas, e intelectuales, quedando todo nuestro Ser, encogido, ahogado, comprimido dentro de una coraza que puede convertirse en casi inexpugnable, y que imposibilita tanto nuestra expresión corporal como nuestra expansión de consciencia. Y todo ello, sin que apenas nos demos cuenta, o en el peor de los casos, creyendo que esa coraza que configura las diversas máscaras del yo, somos realmente nosotros mismos.
No solo emitimos palabras, todo en nosotros, nuestro cuerpo, habla, y lo hace en un lenguaje que la mayoría de nosotros no escucha, ni nosotros mismos, ni quienes nos rodean, y que es necesario que aprendamos a escuchar si queremos ser y vivir.
Estamos demasiado acostumbrados a ir por la vida como intelectos con patas, de modo que cada vez necesitamos sensaciones mas fuertes y excitantes si queremos "sentir" algo, cuando todo en nosotros esta perfectamente preparado para sentir y emocionarnos. Pero la coraza y las máscaras con las que hemos ido envolviendo nuestro cuerpo, paralizan nuestros sentimientos y emociones, los confunden y nos empujan a aferrarnos, no a nuestro ser, si no a todas las imágenes que sobre nosotros mismo tejemos y nos devuelven. Imagen que a su vez sustentan las máscaras y la coraza, las refuerzan y nos alejan cada vez más de nuestra verdadera mismidad, de nuestra esencia, permaneciendo como vacíos y enajenados, anclados en la angustia y en la ansiedad, ciudadanos del miedo y baluartes del sufrimiento.
Cuando la coraza y las máscaras son demasiado fuertes para continuar en la ilusión de que vivimos, o sobrevivimos, sentimos algo, y ese algo lo traducimos cómo vacío, cómo angustia, cómo soledad, como aburrimiento, o como muchas otras cosas. Entonces, y tal vez ayudados por el medio sociocultural de nuestros días, nos rodeamos de cosas, cosas que no nos satisfacen nada más que en el instante en que pensamos comprarlas, para caer, una vez que las poseemos en el estado anterior.
De manera, que estamos tan instalados en las cosas, que no podemos instalarnos en nosotros mismos. Y así, lo mismo "compramos coches, que ropas, que personas" cosificándonos en ese desesperado poseer, al igual que lo que poseemos.
Nuestro Ser está perdido, enmascarado y alienado en los deseos y expectativas de los otros, prisionero de las apariencias y del que dirán, y esclavo del miedo.
Con todo ello, seguimos reforzando la máscara y la coraza del tener, cómo si tener, fuera la culminación de todos nuestros logros y realizaciones; cómo si tener, fuera ser.
El afianzamiento de máscaras y corazas, nos abisma sin remedio en una despersonalización acelerada, alejándonos cada vez más de nuestro ser y esencia, a la vez que nos llena de desolación y angustia.
Por otro lado, también tratamos de huir de esos estados de dolor convirtiéndonos en corredores de una carrera sin fin donde la acción nos lleva de un lado a otro, de una actividad a otra, pensando llenar así ese vacío y soledad.
La coraza y la máscara que nos vestimos y reforzamos con la acción, es la del hacer, y por hacer, hacemos muchas cosas: sobrevaloramos el trabajo, convirtiéndonos en “trabajólicos”; revistiendo todo lo demás de un carácter e interés secundario: amigos, familia, ocio, nosotros mismos y nuestra intimidad, etc.
De este modo, caemos en el engaño de aferrarnos al hacer, cómo si ello fuera ser. Sin comprender que sólo en una realización veraz de nuestro ser, puede darse un hacer y un tener, y sin ser, no hacemos ni tenemos nada, aunque lo llevemos a cabo y lo tengamos todo. Sin ser, carecemos de lo primordial: carecemos de nosotros mismos, y tan sólo somos poseedores de nuestras máscaras y corazas. Máscaras y corazas que, a su vez, esclavizan nuestro ser. Reconocer máscaras y corazas e ir desenvolviendo nuestro ser, desprendiéndonos una a una de todas ellas, es algo que no se consigue sin esfuerzo y sin trabajo, puede incluso llegar a ser extremadamente doloroso, pero ese dolor es ya un principio de liberación y desprendimiento, y por arduo y difícil que resulte el proceso, el resultado es el ser y la vida.
Desprenderse de máscaras es un proceso vivencial, emocional, intelectual, corporal, espiritual, energético y volitivo que estructura al ser humano en un todo integrado y armónico, y rompe con la dicotomía mecanicista y despersonalizante; ruptura que propicia el que nos demos cuenta de lo esclavos que somos de nosotros mismos.
El proceso de desprendimiento de máscaras y corazas, nos abre el acceso al coconocimiento de lo enmascarados que deambulamos `por la vida, y de lo exentos de sentido que son nuestros pasos.
Durante el proceso, con cada desprendimiento, vivenciamos una crisis, y cada una de esas crisis se convierte en una puerta que ilumina nuestro lado oscuro, nuestra sombra, y nos abre los ojos a un darnos cuenta vivificante y esclarecedor.
Con la apertura de cada una de las puertas, vamos experimentando cuán profundas pueden llegar a ser nuestras tinieblas, a la vez que ese "darse cuenta" va aumentando en nosotros, despertándonos a la liberadora realidad de un encuentro con nosotros mismos.
Nos sorprenderá, al ir conociéndonos a nosotros mismos más de cerca, que, si bien, no somos ni tan buenos ni tan perfectos cómo creíamos, si somos mucho mejores de lo que pensábamos.
Se dice que "La Máscara oculta lo sagrado", ¿y que más sagrado hay que el Ser Humano?...


Fuente: http://serrizomatico.blogia.com/2009/abril.php

(Extracto del libro Las máscaras del yo o de robot a persona.publicado en dos ediciones y agotadas las dos.)

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Re: Las Máscaras del yo

Mensaje  Don Sapo el Mar Jul 28, 2009 2:07 am

Según parece, por lo que ví en dicho blog, el artículo fue escrito por Carmen Moreno Martín
alias Hannah.

Una española terapeuta en cuestiones psicológicas emocionales y ¡se le nota el estilo de "psicóloga"!

En fin, que por mi parte, me parece bastante bien explicadito el tema, a pesar de que se le escapa meter alguna que otra expresión profesional que no cualquiera entiende, o inventa alguna palabrita como "mismidad" (que no se molestó en colocar entre comillas y alude a la esencia del propio ser) o "trabajólicos" (enviciados o adictos al trabajo). Eso ¡sin contar redundancias! Lo cual es muy típico en la actualidad de los profesionales que viven aprovechando el tiempo al máximo, híper ocupados, pero incapaces de reconocer en sí mismos que "el que mucho abarca, poco aprieta".

_________________
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Tú ¿estás haciendo algo por cambiar positivamente a la sociedad,
para que no haya tanta injusticia y desequilibrio social?
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http://centaurea.cultureforum.net

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GRACIAS PEPE!

Mensaje  MLG379 el Miér Jul 29, 2009 1:38 pm

GRACIAS PEPE, INTERESANTE... habemos,(me incluyo) que a veces nos ocupamos para no sentir ese vacio. Ahorita no e sentido, vacio. .. pero cuando llega el silencio algo pasa...nos encontramos con nosotros, mismos.. me considero rebelde, de hacer lo que sienta, y a desaparecido ese vacio.

MLG379
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Re: Las Máscaras del yo

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