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El mensaje oculto de los cuentos de hadas

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El mensaje oculto de los cuentos de hadas

Mensaje  Gwendoline Welden el Dom Nov 01, 2009 5:21 pm

EL MËNSAJE OCULTO DE LOS CUENTOS DE HADAS
"

Tras la aparente inocencia de los populares cuentos de hadas se oculta una simbología que trasciende la mera linealidad de la narración. Casi todos ellos suponen pruebas iniciáticas para el o la protagonista, que debe superar los obstáculos más difíciles con el fin de alcanzar su culminación espiritual. Blancanieves, bajo el signo del siete o La Bella Durmiente, bajo el doce, son ejemplos del mágico simbolismo que esconden los cuentos.
El hombre, orgulloso de sus logros tecnológicos, ha espantado al mundo de los elementos, arrinconándolo contra las cuerdas de un duro psicologismo y venciéndolo sin remedio. Sin embargo, a poco que nos descuidemos, los cuentos reaparecen, a veces enmascarados, otras, a cara descubierta.

¿Qué yace oculto en la intimidad de esos cuentos en apariencia tan inocentes, tan infantiles? ¿Qué sucedería si realmente fuéramos capaces de erradicar de nuestra mentalidad, invadida por el ordenador, los aleteos de unas hadas benéficas o los gruñidos amenazadores del ogro simbólico?

Extrañará el hecho de que hasta hace algún tiempo los cuentos de hadas se contaran no solamente a los niños sino también a los adultos. Por las noches, cuando aún no se enseñoreaba de ellas la televisión, niños y adultos se reunían y los cuentos de hadas pasaban de boca en boca para encanto de todos. Porque los cuentos llevan en sí todos los elementos del mito y la tradición que los hacen increíblemente fascinantes.

En un hermoso artículo sobre la tradición, Antonio Medrano la compara a un hilo de oro que recorre, enriqueciéndolos, los diferentes momentos de nuestras vidas. Es hora de que comencemos a preguntarnos por qué el mito del superhombre, por ejemplo, que ha cubierto con una máscara su faz de Hércules para convertirse en Superman, sigue planeando sobre nuestros momentos de ocio. A poco que indaguemos sobre la razón de la persistencia de todos estos arquetipos invencibles, hallaremos esa veta conductora, ese “hilo de oro” que va formando una ruta y una trama fundamental para nuestro psiquismo.

LA NECESIDAD NO ES SÓLO DE LOS NIÑOS


No solamente el niño necesita de la ilusión que entrañan los cuentos de hadas. Los adultos también. Si analizamos los “culebrones” de la televisión hallaremos en ellos todos los elementos del cuento de hadas. Recontados en forma “light”, por supuesto, pero sin poder ocultar su origen en las peripecias de una Cenicienta o de una Blancanieves. ¿Qué tienen entonces estos aparentemente inocentes relatos que captan de tal modo el interés y la afectividad de todos?


Todos los personajes de los cuentos tienen un profundo significado esotérico: los elementos son símbolos, repletos de intimidades reveladoras, y las aventuras que en ellos se narran responden a antiquísimos rituales iniciáticos. Es indispensable que un cuento de hadas tenga un final feliz, lo que no sucede con las sagas. Las sagas son relatos históricos y aristocráticos que narran, habitualmente, hechos heroicos.
El héroe, en las sagas, puede morir.

En los cuentos de hadas no existe la muerte para sus héroes, y si alguno de ellos es muerto accidentalmente, de inmediato se ponen en marcha poderes sobrenaturales para volverlo a la vida. Los contenidos de las sagas son generalmente folklóricos y no míticos, por lo que no se perturban si sus héroes encuentran un desenlace dramático. Por el contrario, el cuento de hadas no integra elementos históricos, sino que se mueve totalmente en un mundo mágico. Las gentes, los animales, hasta el sol y la luna se transforman, hablan, aparecen o desaparecen, los bosques y todo lo que contienen pasan de la vigilia a un sueño de muchísimos años y luego otra vez a la vigilia feliz, de acuerdo con las necesidades del relato. El héroe y la heroína se encontrarán al final de la narración, se casarán, y “serán felices y comerán perdices”.

Una aparente excepción a esta regla sería la versión de Caperucita Roja que nos da Perrault. En ella, el cuento termina cuando el lobo, habiendo hecho entrar en confianza a la niña a través de la imitación de la voz de la abuela, se lanza sobre Caperucita y la devora. Perrault no concibió este relato como un cuento de hadas, sino como una moraleja folklórica, para enseñar a los niños a desconfiar y a no entretenerse cuando se les encomienda una tarea. De los cuentos de hadas tomó solamente el hecho de que un animal puede hablar. Pero ya en la versión de los hermanos Grimm, el relato se convierte en un cuento de hadas, introduciendo la figura del leñador que mata al lobo y, abriéndole la barriga, libera a Caperucita y a su abuela. Desde entonces, la sabiduría supraconsciente de los narradores ha elegido el final adecuado.

LAS PRUEBAS INICIÁTICAS

Las pruebas que tienen que superar el héroe y la heroína son siempre símbolos profundos del camino iniciático. Al ir sorteando las amenazas o al soportar con dulzura y resignación las humillaciones e injusticias, los personajes van logrando su alquimia espiritual.


De la misma manera que el filósofo hermético repite una y otra vez, sin cansarse, los pasos que lo llevarán a completar la Gran Obra, transmutando su plomo-materia en puro oro espiritual, Cenicienta logra su transmutación final a través de una serie de pruebas cotidianas que soporta con dulzura, sin perder nunca su buena voluntad hacia quienes la ofenden.

Ésta es una clara alusión a la necesidad que tenemos todos de aprender de cada situación que nos ofrece la vida, sea ésta agradable o desagradable, hasta lograr que todo nuestro ser se eleve espiritualmente hacia la luz de la felicidad última e imperecedera, aquella que surge de nuestras buenas acciones y de la pureza y dulzura de nuestro corazón.

En cuentos sencillos, aparentemente inocentes, se esconde toda la enseñanza esotérica de las religiones, haciéndonos revivir la “edad de oro” mítica, en que los hombres hablaban y se comunicaban con los animales, encontrando un auténtico Paraíso Terrenal en que vivir.

Siempre los temas rondan alrededor de un héroe o heroína que soportan graves angustias y tienen que enfrentarse a poderes titánicos. Para vencerlos podrán ser ayudados por otra serie de fuerzas sobrenaturales. Así hacen su aparición las hadas, los gnomos, los pájaros hablantes, y la aventura transciende del plano natural al supranatural, cobrando toda su importancia mística.

El final feliz es una expresión de todas las enseñanzas esotéricas que nos dicen que la única verdadera felicidad se halla en la superación de los obstáculos materiales enquistados en nuestro más íntimo yo.

LA ALQUIMIA Y LOS CUENTOS

Se ha hablado de la alquimia, y será necesario recordar que la formación del cuento de hadas ha sido notablemente influenciado por el Oriente y la cultura árabe que penetró en Europa por España. Estos elementos tienen su origen en la mencionada alquimia, que ha marcado los cuentos de hadas con los símbolos del oro y la plata, el rey y la reina, y que finalmente patentiza en la unión del héroe-heroína el logro del Andrógino, la unidad final y definitiva.

La increíble atracción que ejercen los cuentos de hadas se debe a que nos revelan una naturaleza íntima que está llena de posibilidades morales, psíquicas y espirituales, en forma clara y sencilla, pero repleta de atractivo y poesía. Hacen que nuestro espíritu se ensanche con la promesa de un final feliz, logrado en la integración personal y en la unidad última enriquecedora. Con su dulzura, los personajes de los cuentos de hadas nos dan una lección de paciencia y bondad.


Cenicienta ayuda con afectuosa dedicación a la toilette de sus hermanastras, que parten para el baile sin hacerles una zancadilla, y sentada entre las cenizas del hogar, próxima a la chimenea que es símbolo de la comunicación entre el cielo y la tierra, no se queja ni se venga.

Blancanieves, injustamente agraviada, no organiza una acción “comando” con los siete enanos para asaltar el castillo de la bruja malvada a punta de armas, auténticas o improvisadas.

Todas estas peripecias son símbolo del camino místico, rodeado de sombras en la parte inicial del trayecto, pero aliviado luego progresivamente hasta la iluminación final.

Recordemos lo dicho por Mircea Eliade, ese profundo conocedor de los mitos y el esoterismo: “Todo ser humano desea experimentar ciertas vivencias de situaciones peligrosas, enfrentar tribulaciones excepcionales, penetrar en el otro mundo, y se puede experimentar todo esto leyendo u oyendo cuentos de hadas”.

Se ha alegado que el cuento de hadas es excesivamente pueril, que su simbolismo es demasiado simplista y lleva al niño a menospreciarlo, sintiéndose superior cuando considera que “ya ha pasado esa etapa de niñito”. Sin embargo, cuando el niño escucha y el adulto narra estas historias, los rodea un clima de magia y se les revela una sabiduría de la cual es muy difícil sustraerse.

Para captar en su totalidad la necesidad que nuestro espíritu tiene de estas narraciones, no tenemos más que recordar el hecho de que en muchos países de Oriente son muy populares aún los narradores de cuentos. Modernamente provistos de un artilugio para amplificar el sonido de su voz, narran continuamente los mismos cuentos a una multitudinaria audiencia que los escucha embobada una y otra vez.

Si se fuerza a los niños prematuramente a aceptar sin descanso el mundo materialista que los adultos hemos forjado, sus ideas y conceptos, en años posteriores, carecerán de fuerza y de imaginación. Dice el esoterista Rudolf Steiner que los conceptos abstractos de los cuentos pueden convertirse en imágenes.

Al contemplar una imagen se involucra también nuestro sentimiento, y si la imagen es verdadera tiene un efecto armonizante sobre nuestro cuerpo: es curativa y nos hace bien. No hay que impedir que el niño utilice su fantasía: si lo hacemos, toda su vida espiritual perderá fuerza y le veremos deprimirse progresivamente.


Es interesante introducirse en la significación de los elementos y personajes de los cuentos. Esto nos aportará datos adicionales sobre su importancia.

En La Bella Durmiente del Bosque, la rana que pronostica a la reina (atribulada porque no tiene hijos) que pronto dará a luz una niña, simboliza, al vivir en el agua y en la tierra firme, la facultad de captación de la atmósfera espiritual, y es por lo tanto augur del tiempo que vendrá. “A la princesa recién nacida la rodean en la fiesta doce hadas. Pero las hadas del reino eran trece, y sucedió que el rey y la reina sólo tenían doce platos de oro para servirlas, así que dejaron de invitar a una.”

Doce son los signos del zodíaco, por los cuales recibía el hombre su sabiduría. Las mujeres sabias o hadas personifican las fuerzas que se ejercen entre el cielo y la tierra. Pero ¿y la decimotercera? Antiguos mitos hablan de un consejo de los dioses que constaba de doce consejeros y un decimotercero: Loki o Ludur, el exterminador, el Lucifer de los nórdicos, que siempre mantiene cierta oposición. De puntillas, el mito se cambia las ropas por las de las hadas y se mete en el cuento. “Al terminar el banquete cada una de las hadas concedió una gracia a la niña. Cuando ya once habían hablado se presentó la decimotercera, que exclamó: La princesa se pinchará con un huso el día de su decimoquinto cumpleaños y caerá muerta”. Pero el hada número doce no había hablado todavía y para anular la fatal sentencia se adelantó y dijo: “La niña no morirá, sino que quedará dormida en un sueño profundo que durará cien años”.

El hada decimotercera simboliza la Tierra, que lleva dentro de sí el aguijón de la muerte. Cuando el príncipe llega a despertar a la Durmiente, nunca se aclara de dónde viene, pero viene a cumplir el destino. La Bella Durmiente es un cuento sobre el destino.

En Blancanieves “La reina cosía junto a una ventana. Caían los copos de nieve. Mirando caer la nieve la reina se pinchó un dedo. El rojo de la sangre se destacaba sobre el fondo blanco: ¡Ah! si pudiera tener una niña blanca como la nieve, de labios rojos como la sangre y el cabello negro como la madera de ébano”.

La nieve cae del cielo, y su blancura siempre ha sido connotación de pureza. La imagen “rojo como la sangre”, ¿no nos trae a la memoria el corazón? La niña será de corazón afable y sensible. El negro de los cabellos alude a la fortaleza de la que luego tendrá que hacer alarde para superar sus tribulaciones. Cuando la reina muere y aparece la madrastra, el espejo es el Gran Consultor: “Señora reina, eres como una estrella, pero Blancanieves es mil veces más bella”.



Esotéricamente, el espejo es el ojo universal que todo lo percibe. Decimos, cuando se trata de autojuzgarse: “Hay que ponerlo frente a un espejo”. El espejo es la conciencia de la reina, que le grita la verdad. La madrastra echa a Blancanieves del castillo, así como el hada mala de la Bella Durmiente deja su profecía, pero ¿son malas en realidad? ¿o son simplemente el instrumento del destino para que las heroínas encuentren la felicidad?

Blancanieves tiene siete años, encuentra a siete enanos que hacen siete preguntas, la camita adecuada para ella es la número siete…

-La Bella Durmiente es, esotéricamente, el cuento del doce, la cifra del espacio;
Blancanieves es el cuento del siete, la cifra del tiempo, y en Caperucita Roja, la criatura terrestre, ya no hay número alguno.

Blancanieves es más bella que la reina porque ésta simboliza la belleza terrestre, y Blancanieves la belleza del alma surgida bajo el influjo de la nieve. Se pincha con el peine ponzoñoso que le trae la madrastra, pero los enanos ponen remedio (hay que recordar que también la Bella Durmiente se pincha con el huso). Aquí es la imagen del mundo terrenal obrando como espina irritativa sobre el mundo del alma.

Finalmente, aparece la manzana, el fruto de la Tentación, que sume a Blancanieves en un profundo sueño, encerrada en su ataúd de cristal, imagen de la forma en que el alma humana se halla hoy en el mundo.

La Bella Durmiente, Blancanieves y Caperucita Roja son cuentos arquetípicos, cuyo tema es el destino, el descenso del alma desde las regiones etéreas hasta las terrestres y su posterior ascenso, ya purificada y transmutada. Éste es el mundo de fantasía que no debemos dejar perecer y que nos espera todas las noches cuando, a la cabecera de la cama de un niño, pronunciamos las palabras mágicas: “Érase una vez…”.

No hay que temer que el niño se canse de oír un cuento una y otra vez: siempre le parecerá escucharlo por vez primera; ni tampoco hay que extrañarse de que el niño nos pida que repitamos un cuento muchos días seguidos: tal vez ese particular relato contenga situaciones que le afectan particularmente.

Al finalizar, procuremos afirmar la sensación mágica, diciendo: “y si pudiéramos encontrar el castillo, veríamos allí al príncipe y a la princesa ahora…”, o bien: “el que contó ésto, estuvo presente el día de sus bodas…”.

Dejémonos llevar por la emoción del relato: que nuestras expresiones sigan la alegría o la tristeza del cuento y que nuestra voz suba o baje de tono de acuerdo al personaje que habla. Y jamás expliquemos a un niño por qué, racionalmente, el cuento de hadas es tan bello. Le quitaríamos la ilusión.

SIMBOLISMO PSICOANALÍTICO DE LOS CUENTOS DE HADAS

Bruno Bettelheim, psicoanalista y profundo conocedor de los cuentos de hadas, dice que un niño por debajo de la edad escolar no es capaz de captar explicaciones científicas que requieran un pensamiento objetivo. Así pues, el niño experimentará el mundo a semejanza de sus padres y de lo que ocurra en el seno de su familia.

Ni las proyecciones infantiles ni la dependencia en las imágenes protectoras, tales como el ángel de la guarda, nos darán una seguridad absoluta, pero visto que uno no podrá proporcionársela, es preferible utilizar las imágenes y proyecciones que carecer de seguridad. A partir de los siete años, aproximadamente, ningún niño considera estas historias como reales, pero de todas formas siguen cumpliendo sus necesidades internas.

El hecho de encontrar una tinaja o una botella, como en El espíritu de la botella, o de proteger a un animal o ser protegido por él, como en El gato con botas, son circunstancias cotidianas que, al convertirse en grandes cosas, animan al niño a que piense que sus pequeñas hazañas reales son verdaderamente importantes, aunque en un primer momento le parezca mentira.

PROBLEMAS EDÍPICOS

En Blancanieves, el personaje femenino que siente celos no es la madre, sino la madrastra; de este modo se desplaza la agresividad de la psiquis materna hacia otra psiquis ajena y los problemas edípicos quedan limitados al poder de nuestra imaginación. Cuando la reina se pincha un dedo, la inocencia sexual (la nieve) y la pureza contrastan con el deseo sexual simbolizado por la sangre roja. Los cuentos de hadas preparan al niño para que acepte el trauma de la primera menstruación o, más tarde, de la primera relación sexual.

Los cazadores (Blancanieves, Caperucita Roja) simbolizan la figura paterna protectora que, actuando como padre sustituto, se arriesga a contradecir los deseos de la madre perversa y salva a la niña.

En Cenicienta, el fogón simboliza la madre y el vivir cubierta de cenizas puede ser símbolo de los esfuerzos por mantener la relación con la madre o volver a ella. Y así se podría seguir indefinidamente, pues los cuentos de hadas son ricos en símbolos de todos los tipos.

LA VIOLENCIA EN LOS CUENTOS

¿Por qué la violencia de los cuentos de hadas no cala en los niños? No se puede negar que hay violencia y mucha: Barba Azul guarda los cadáveres ensangrentados de sus esposas, el ogro del cuento se ha comido ya antes a varios niños y luego, engañado, se come a sus hijas…

Pero la maldad y la violencia nunca dejan de ser castigadas. El malo es siempre malo y es castigado. El bueno es siempre bueno y es recompensado. No hay personajes ambivalentes, que tanto desconciertan e inquietan al niño.

Cenicienta, Blancanieves, La Bella Durmiente, son ejemplos de dulzura femenina.
Pulgarcito, El sastrecillo valiente, los siete cabritillos, están repletos de astucias para salir de los aprietos, pero ninguno de estos héroes es violento. Los personajes ambivalentes, con bondad/odio/agresión cambiante y recurrente, tipo James Bond, con licencia para matar, no tienen lugar en los cuentos de hadas.

LA LITERATURA INFANTIL, COMO FUENTE DE ESOTERISMO

La Literatura Infantil es sin duda alguna, uno de los vehículos mágicos en el cual pasamos de la inocencia de la niñez a la realidad del adulto. Sin embargo aquellas imágenes que nos cautivaron de niños tenían un doble propósito:

Por un lado, entretenernos. Y por otro, entregarnos las semillas del esoterismo, que podrían echar raíces en nuestro espíritu.



El mundo infantil interacciona directamente entre el mundo real y el mundo mágico.
Por ello, para un niño, todas las entidades mágicas, como hadas, duendes, áneles,etc., son reales.

Cuando ya es adulto, la enseñanza esotérica, la cual es una especie de evocación, le revive esos procesos, y se produce un estado de fusión, de comunicación profunda, entre el cuento infantil y el lector.

Así pues, la iniciación esotérica –al margen de los ritos particulares que puedan existir y llevarse a la práctica en una determinada escuela – no estriba ni más ni menos que en «una cultura de la inteligencia del corazón».

En este sentido, todos los grandes maestros esotéricos, ya se trate de iluminados, de profetas o, simplemente, de profundos conocedores del aspecto espiritual del mundo, no tratan de esconder nada sino que, por el contrario, se esfuerzan en mostrar la auténtica y oculta realidad de las cosas a los profanos.

Al mencionar «la inteligencia del corazón» estamos refiriéndonos a esa capacidad que tiene el ser humano de intuir aquellas verdades que se escapan generalmente al dominio del razonamiento.

Por este motivo los textos iniciáticos y esotéricos, y especialmente los cuentos infantiles, no son, aparentemente, lógicos. Lo que pretenden es crear en el lector una determinada reacción que pueda ser el primer paso hacia un auténtico Conocimiento.

Se diría que se trata de generar un impacto que eleve al discípulo del nivel primario de la razón, a la sinrazón, si la semilla ha fructificado en terreno fértil.

Fuente: http://www.portalnuevaera.com/ (Tomado de mozartinfantil.galeon.com)

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Re: El mensaje oculto de los cuentos de hadas

Mensaje  Don Sapo el Dom Nov 01, 2009 6:46 pm

Este artículo, en el que lamentablemente omitieron autor, evidentemente ha sido originado por alguien que es demasiado racional académico.

Se aproxima bastante, pero no tiene clara a la metodología real esotérica que bastante bien -o mucho mejor- describió Joseph Campbell en sus libros. Entre ellos “Las máscaras de Dios”.

Las enseñanzas esotéricas profundas siempre, tradicionalmente, se divulgaban de modo solapado en mitos y leyendas; o cuentos de apariencia infantil; o historias de epopeyas; o grandes hazañas, como es el caso de Hércules y sus doce logros.

Esto tenia un doble propósito: Enseñar parámetros básicos de la vida, las cuestiones sublimes más esenciales, a la vez que entretener estimulando la imaginación con actitudes ejemplares por altruistas.

A mayor paso del tiempo hacia el presente, más se han ido perdiendo detalles claves de esoterismo profundo, confundidos por alteraciones que fueron haciendo los diferentes cuentistas y recopiladores. A tal extremo, que en la actualidad muy pocos relatos quedan, de los más antiguos, conservando la pureza de sus símbolos y enseñanzas o significados implícitos.

A esto, se suma que cada tanto surgían personas que entreveían a parte del métodos de “enseñar lo noble” mediante historias fantásticas y así los hermanos Grimm, Perrault y otros se sumaron a lograr grandes clásicos que, algunos de ellos, sólo recogieron de la tradición antigua para darles el toque personal, embelleciéndolos como relatos, pero mutilando a parte de sus símbolos. Uno de los mejores, no mencionado en el artículo precedente, es el muy meritorio cuento de Carlo Collodi: Pinocho; cuya simbología está perfectamente lograda en toda la historia.

Por todo esto, la mayoría de los estudiosos no logran separar la paja del trigo al analizarlos. Se enredan y pierden considerando que todos sabían perfectamente qué describían o tenían un método en común, así sea de modo intuitivo o arquetípico. Lo cual es también muy relativo, ya que no todos captan a los arquetipos con suficiente fuerza de nitidez o completos, sólo nociones parciales.

El verdadero ARTE de armar historias épicas fantásticas transmitiendo BIEN a profundos conocimientos esotéricos de modo solapado al inconsciente, es algo que se ha perdido por completo. Al menos en apariencia, por lo que circula y se conoce de modo público.

Tanto es así, que no he hallado casi ningún relato contemporáneo que logre tales objetivos. Sólo hay contadas excepciones como "El principito" de Saint Euperý, "J S Gaviota" de Richard Bach y "El maravilloso universo de la magia" de Enrtique Barrios. O lo más moderno y mejor logrado de todos: el libro y película "Matrix" de los hermanos Wachowski.

Pero todos estos sólo cumplen con una parte o precepto: la de alegorizar detalles del funcionamiento de la realidad profunda, lo que obliga a tener conducta noble, pero sin haber incorporado de modo simultáneo y armónico, a los elementos claves propios del saber esotérico, como las claves numéricas de las que tanto se habla


Quizás en algún momento me decida a sumar un post en el que explique a algunos de los símbolos más comunes y usados, o detalle de lo que aquí sólo se aproximó a sospechar en varias cuestiones, errando en otras. Pero es mucho trabajo realizar tal sinopsis, ya que sin ir más lejos, hay mas de 10 libros específicos de personas que estudiaron al tema en profundidad y, así y todo, no lograron descifrar del todo a la forma de hacerlo. Sobre todo, porque entran a tallar cuestiones metafísicas que, técnica, científica y religiosamente, son muy cuestionables según mentalidad de cada quien.

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