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La fuerza de los hábitos y costumbres

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La fuerza de los hábitos y costumbres

Mensaje  Don Sapo el Dom Nov 22, 2009 4:01 pm

Este tema parece una obviedad. Pero también parece que demasiadas personas se empeñan en ignorarlo.

Una vieja frase sentencia: “Los seres humanos somos animales de costumbre” porque tenemos la tendencia a automatizar nuestros actos y, luego, aunque no tengan razón de ser o resulten perjudiciales, continuamos haciéndolos.

Cuando era niño vacacionaba en casa de unos abuelos en zona turística donde era bastante común hallar puestos de alquiler de caballos para paseo. Para mí la equitación era algo maravilloso, porque era el desafío y orgullo de lograr el entendimiento y subordinación de un ser mucho más fuerte que yo para que me diera el gusto de pasear sin esfuerzo.

Había que saber elegir a los caballos, porque algunos eran viejos y mañeros. En ocasiones, podía haber alguno mal domado. Pero así y todo, se podía lograr de ellos buen resultado conociéndolos, entendiéndolos, sabiéndolos llevar. No por maltrato absurdo, sino por pura psicología. Evidenciarles con firmeza que la propia voluntad es más fuerte, recurriendo a veces a trucos de amenaza que les preocupen, pero sin dañarlos, como el chasquido de un látigo, o la insinuación de un golpe que no pasa de caricia algo fuerte.

A los animales, especialmente a los caballos, se les crea el reflejo condicionado, por pura costumbre, de que si no obedecen a la primera señal de “avanzar”, recibirán un azote en la grupa o golpes de talón en los ijares (cintura casi cadera). De este modo, se les crea la costumbre de que si no responden a la señal de avanzar, sentirán dolor en zonas incómodas de su cuerpo, que no ven y les desagrada, en modo más insistente y fuerte cuanto más se rebelen. Sólo por eso, hasta un niño débil, con apenas una insinuación, puede lograr que el caballo reaccione obedeciendo como si fuera montado por un adulto con mucha fuerza. El recuerdo habitual se vuelve costumbre, más allá de los deseos y preferencias del animal.

De modo similar es el entrenamiento militar. Se adiestra a los soldados a tener reflejos condicionados ante voces específicas de mando, o ciertas situaciones. Se los convierte en máquinas programadas para reaccionar como se les ha enseñado. Pura y exclusivamente sobre la base de dos factores aunados: La costumbre y el temor al castigo o represalias. Costumbre que se vuelve hábito que anida en el inconsciente con tanta fuerza que, aunque esté libre de servicio y se haya acostado apenas un par de horas atrás completamente ebrio, despertará a la hora acostumbrada para realizar los mismos movimientos maquinales, robotizados, de vestirse e higienizarse, etc. (O coger su arma listo para defenderse).

Esto también es observable en las personas con vidas por completo rutinarias durante años. Les resulta casi imposible dormir fuera del horario habitual, incomodándoles las tareas inusuales que no sean verdadero placer. Con frecuencia prefieren el trabajo rutinario antes que tareas desacostumbradas (como cortar el césped) en un día no laboral.

A muchas madres les acontece con la rutina de levantar a la familia y preparar el desayuno general. El día que falta un miembro o se levantará más tarde por haber trasnochado, es muy común que incurran en la desconsideración de levantarlo igual para “desayunar como todos los días” y poner la mesa contando a los ausentes. Porque es programación del inconsciente hacerlo. La fuerza del hábito.

Se tiene capacidad de razonamiento, pero no se la usa adecuadamente, porque la costumbre, el hábito, es más fuerte que la programación del ego, del inconsciente.

De este modo, también se suman los hábitos perniciosos o inconvenientes. Algunos de los cuales se arraigan tanto en el inconsciente que terminan convirtiéndose en vicios o manías. Lo grave de los vicios y manías, es que la constancia en el tiempo ha logrado que el inconsciente sume asociaciones erróneas con los mismos. Casi todo vicio o manía, tiene argumentos justificantes incorporados posteriormente a su inicio, pero como forma de reforzar el por qué se lo continúa haciendo en momentos innecesarios.

En su mayoría suelen ser mecanismos de autodefensa del ego, asentado en el inconsciente desde donde trata de pasar herramientas (argumentos) al consciente para que justifiquen su necesidad que parece injustificable.

Para dar un ejemplo muy frecuente me referiré a las respuestas automáticas. Si un hombre quiere ver deportes en TV antes que oír a su pareja, o realizar con ella actividades que no le resultan efectivas a su propósito inmediato; suele decir “porque me gusta”, “es importante este partido” etc. Cuando en realidad, lo que le resulta importante es “poder olvidar” a cuestiones que le saturan psicológicamente. Al menos, en principio. Porque luego, la costumbre, hace que se asocie con “placer muy necesario” y hasta “indispensable”, por el sólo detalle de ir sumando las asociaciones (inconscientes) respecto que le dio resultado tal actitud para evitar momentos incómodos o detestables, a la vez que la cantidad de veces que sintió placer identificándose con una parcialidad y “metiéndose” en el partido. Se vuelve como una droga psicológica. No se la razona de modo consciente, el inconsciente realiza las asociaciones que le parezcan válidas para justificarlas y, conscientemente, sólo se las siente como necesarias y hasta indispensables, esgrimiendo con frecuencia respuestas que asume como justificativos válidos, a pesar de la poca o mínima coherencia que tengan.

El género femenino no está exento de esto. Clara evidencia es una actitud muy común de la compulsión a gratificarse con compras realmente innecesarias, pero que también justifican “como les parece” con respuestas automáticas inconsistentes. Ya que rebuscan en su memoria frases que puedan servir, en lugar de pensar seriamente hasta qué punto necesitan tal objeto o servicio. Otro claro ejemplo es la “caricia psicológica” de asistir a la peluquería o realizarse algún tratamiento de belleza.

Ambos géneros somos autómatas repletos de hábitos y vicios que sólo pocas veces son realmente necesarios pero, por la mera costumbre, la programación irracional del hábito, las damos por imprescindibles cada vez con mayor frecuencia.

Sin ir más lejos, la ansiedad suele canalizarse en actividades determinadas que, si dieron resultado antes ¿por qué no cada vez que estoy ansioso o nervioso? De este modo, algunos fuman para “estar haciendo algo” a la vez que sentir cierto placer por asociaciones inconscientes; otros comen sin hambre; algunos beben alcohol hasta embriagarse feamente.

Lo peor de todo esto, es la costumbre de no discernir el por qué lo hacemos cada vez. Dar por obvio que “lo necesitamos” sin analizar si hay alternativas menos perniciosas o posibles consecuencias evitables.

Así, muchos diálogos entre personas convivientes se vuelven automáticos e irracionales. Exigencias de padres a hijos, entre miembros de pareja; o entre jefes y empleados. Uno pide o da órdenes de modo automático, el otro responde también desde lo automático (preparado en la memoria como respuesta o acusación) y, cuando se discute, muchas de las mismas no dicen más que cosas relativas sin afrontar al verdadero meollo de la cuestión implícita, que suelen ser cuestiones marginales a lo que detonó el malestar de ambos.

Por ejemplo: Cuando una mujer pide algo a su pareja que está como “perezoso aislado” en la TV o alguna actividad similar, más que necesitar lo que solicita, le molesta el “aislamiento” habitual de su pareja que la hace sentir sola; ignorada; un simple objeto. Para peor, ninguno de ambos suele darse cuenta de ese detalle, y la discusión y malestar se vuelve compartido, pero aún peor, por reprocharse cosas que NI MENCIONAN al punto fundamental o meollo, de que la actitud rutinaria de él le hace daño a la autoestima de ella.

También la situación en parejas suele darse a la inversa, de ser él quien sienta vulnerada y muy baja su autoestima, reclamándolo en detalles de qué comida hace o cómo se la sirve, o cómo se desperdicia dinero o tiempo útil, cuando realmente necesita demostraciones que le mejoren la autoestima. (Muy común que se evidencie en el terreno sexual).

En todas estas actitudes, siempre está presente el hábito y asociación inconsciente de relacionar (generalmente mal) que la situación y método de reclamo y respuestas son “efectivos” para satisfacer a la necesidad inconsciente que se cree comprender, pero no se la razonó lo necesario. Porque nos manejamos como autómatas, robots programados para accionar y reaccionar en base a experiencias pasadas (reflejo condicionado apenas adaptado a cada circunstancia u ocasión) pero con demasiada frecuencia mal aplicadas por no razonarlas debidamente.

Lo más triste de esto, es que a este mecanismo natural de defensa del inconsciente se lo ha desvirtuado y socialmente alentado a estructurar nuestra conducta para que seamos cada vez más autómatas; animalitos de costumbres pre programadas, en lugar de seres lúcidos y perspicaces para comprender los meollos detrás de las apariencias.

Se nos programa y estructura, para regirnos por esquemas que debemos aceptar sin razonarlos, siendo mucho de ellos por completo nocivos. Más grave aún, la inercia social de imponernos el considerar que “pensar” es tan sólo “elegir entre”, en lugar de analizar si hay más variantes posibles y prever en base a proyección de resultados con sus variantes.

Por todo esto y teniendo claro que se nos acondiciona socialmente a ser “animalitos de costumbres” con mínima capacidad de discernimiento por menospreciar al análisis de las razones profundas, es que sugiero que siempre se recuerde que más vale perder unos minutos en la vida, que los esfuerzos de toda la vida en unos pocos minutos acumulados por la fuerza de la costumbre en no pensar más a fondo, quedándose en la hojarasca de la engañosa superficie.

Hay hábitos y costumbres sanas que en ciertas ocasiones pueden ser perniciosas, por ejemplo el desperdicio de agua potable en higiene excesiva o innecesaria de verdad. Cada vez que hagas algo, PREGÚNTATE ¿Realmente es necesario que haga esto como lo hago en este momento? ¿Podría hacerlo diferente para obtener mejor resultado o menos disgusto sin consecuencias perjudiciales para mí o terceros?

Si te acostumbras a REPLANTEARTE las cosas, buscándoles alternativas válidas, tu capacidad de análisis y descubrir variables se hará hábito fuerte y cada vez más efectivo. Lograrás ser un pensador de muy buen criterio, digno de todo respeto, en lugar de “un animalito más” en cuerpo humano.

Porque no nos diferenciamos de los animales sólo por naturaleza, sino por las capacidades que tenemos y acostumbramos menospreciar, mutilarlas y hasta anularlas. La capacidad de análisis y comprensión sensata de los trasfondos y consecuencias probables, es la más distintiva y en desuso de ellas.

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Re: La fuerza de los hábitos y costumbres

Mensaje  LADY el Mar Nov 24, 2009 3:03 pm

Bravo!Don Sapo..tu articulo me ha hecho analizar,reflexionar,pensar y descubrir mucho sobre ello...una evidencia como una catedral!!...pocos o nadie se libra de dichos habitos y costumbres...y digamos también.. manías y vícios.El propio sistema social nos ha llevado,ignorantemente, al filo de un abismo donde su forma de espiral nos imposibilita replantear nuevas formas,recursos o modos... de "hacer"..nos programamos como maquinas sin pararnos a pensar por un momento si realmente estamos en lo cierto...El gran problema es que no nos escuchamos...actuamos segun los patrones que nos implantamos por el día a día olvidandonos de todo lo demas y lo que es peor..de nosotros mísmos...la clave esta en la intuición..quizas nos deberiamos dejarnos llevar por esa vocecita que nos persigue cada día sin percatarnos que posiblemente sea la respuesta de todo y a todo....
por otra banda.....este tema me recuerda y remonta en tiempos de dictadura, cuando los ciudadanos estaban programados para que trabajaran en condiciones infraumanas..con interminables jornadas...sin descansos y apenas dias festivos...a los superiores no les interesaban que se formaran ni profesionalmente ni culturalmente..les despertaria las inquietudes..las ambiciones...y con ello,la productividad no seria la misma.Hoy día sigue sucediendo, pero no tan masificicado.. ademas de haber nacido otro tipo de costumbres/vicios, de tipo mas evolutivo...
...la cuestion es que tenemos que estar mas despiertos a lo que nos sucede a nuestro alrededor y si hace falta...parar el tiempo y PENSAR.


Última edición por LADY el Miér Nov 25, 2009 6:36 am, editado 2 veces
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Re: La fuerza de los hábitos y costumbres

Mensaje  Don Sapo el Mar Nov 24, 2009 7:54 pm

Lady, me has dado una doble ALEGRÍA.

Por un lado el de cuánto has comprendido; es decir que te resultó útil y eficaz mi trabajo de escribirlo, porque SE NOTA que vas avanzando mucho en tu crecimiento interior, en la comprensión de las cosas o autoconocimiento.

Pero también por hacérmelo notar, ya que con harta frecuencia me da la sensación de que lo escribo no lo aprovecha ni interesa a nadie, salvo alguno que otro tema suelto a los cuatro pelagatos que tenemos constancia en participar de modo frecuente.

Me desmoraliza MUCHO la poca respuesta y participación de los demás que apenas se nota en la cantidad de lecturas de cada tema, porque NO EXPRESAN NADA, ni un simple por postear esto. O un "me gustó" o "no me gustó tal detalle" etc.

¿Cómo podemos saber qué es útil o interesa, cuando la gente no acostumbra dar siquiera señales de vida o dar a entender si algo gusta o no, comparte cuánto y qué?

Así que MUCHAS por tus expresiones y por tus logros personales, que NO CUALQUIERA logra tener mente abierta para detectar detalles a pulir en si mismo ¡y esforzarse por ser mejor humano! como en tu caso.

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Re: La fuerza de los hábitos y costumbres

Mensaje  LADY el Miér Nov 25, 2009 7:07 am

GRACIAS A TI!!

La alegria es mía,Don Sapo,por el solo hecho de haberme sido realmente útil,aunque sea una obviedad.....tiene un contenido muy valioso.. y eso se nota porque traspasa barreras,fronteras,limites......y pese que mas de un lector no se haya querido aventurar en plasmarlo.. estoy segura que no soy la unica que ha reflexionado sobre ello...te aseguro que no ha pasado desapercibido.

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Re: La fuerza de los hábitos y costumbres

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