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Carta de un asesino confeso

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Carta de un asesino confeso

Mensaje  pepe2982 el Jue Nov 26, 2009 4:42 pm

Encontré este cuento hace poco, creo que vale la pena leerlo. Ofrece una multiplicidad de lecturas...



Carta de un asesino confeso

Sr. Dr. Joaquín María Ayanack
Calle Gualeguaychú 431
Capital Federal
S / M

Estimado Sr.:

Ante que nada, debo decirle que Ud. no me conoce, por lo menos, no en el sentido vulgar de conocer, esto es, como yo lo conozco a Ud.

Quiero decir, yo sí tengo agendado su nombre y su domicilio. Yo sé su edad, sus gustos, el lugar donde va de vacaciones, la marca del auto que usa. Conozco el nombre de su esposa, el de sus hijos y hasta el de su perro cocker ("Pongo" ¿verdad?). Me interrumpe pensar que quizás todos estos datos lo inquieten un poco.

Como todos los que transitan por espacios de poder, tiene Ud. también sus aspectos paranoides. Me lo imagino preguntándose "¿Cómo sabes estas cosas de mí?", "¿Dónde consiguió este dato?".

... Para evitar que se siga angustiando con estos planteos, me apuro en contestarle que no hay dato tan secreto que un poco de dinero y mucho tiempo no sean capaces de conseguir... Y la verdad, es que no me falta ni esto ni aquello. (A veces, me parece que lo que hace que Dios sea omnipotente no es el poder, sino la paciencia infinita que da la inmortalidad. Nosotros, los humanos, en cambio, nos enfrentamos con ese grado de urgencia a la que nos obliga la forzosa conciencia de nuestra finitud.).

Eso sí, para llevar adelante una investigación seria, hace falta adosarle a la paciencia un poco de inteligencia y, obviamente, una cantidad de interés por lo investigado proporcional a la dificultad.

(Porque además, sin interés es imposible aguzar la inteligencia)...

Quizás fuera justo empezar por contarle cuándo empezó mi interés por Ud.
Es muy probable que no lo recuerde - ya que han pasado muchos años - pero el caso es que un día, exactamente el jueves 23 de Julio de 1991, pasadas las 2 de la tarde (do y cuarto precisamente), Ud. transitaba con su BMW gris por la calle Avellaneda, en Flores. Había llovido por la tarde y las calles estaban encharcadas como siempre. Al llegar a la esquina de Artigas, dobló a la izquierda a toda velocidad y enfiló por Artigas hacia Gaona, dejando que el auto se desplazara un poco de cola, como a Ud. le gusta doblar. Justo ahí, a metros de Avellaneda, hay un bache. Ud. lo conocía, sabía de ese bache, porque se arrimó al cordón derecho para esquivarlo, (¿se acuerda?)... Al hacerlo, claro, salpicó al viejito que intentaba cruzar aprovechando que el semáforo cortaba el tráfico de Artigas. Lo salpicó de arriba a abajo, desde las rodillas hasta el sombrero.

Ud. lo vio, yo sé que lo vio.

Y misteriosamente, contra todo lo esperado, Dr. ¡Ud. no paró...!

Y no sólo no paró, sino que además (y esto fue lo más significativo), hizo un gesto... un gesto que debe haber durado tres o cuatro segundos, no más... un gesto de desprecio, un rictus de fastidio, unos milímetros de torcedura en su boca... al que siguió un leve, levísimo encogimiento de hombros que dijeron, clara y fugazmente, todo lo que hacía falta saber de su lectura del episodio.

Ese día yo me dije - ¡Qué mal tipo! -.

Conviene que yo le aclare algo de mí: No soy un prejuicioso. No tengo nada contra los autos importados, ni contra sus poseedores. También soy, creo, comprensivo y tolerante, así que después pensé que tal vez, me había equivocado y su actitud no había sido tal, o quizás, esa actitud suya había sido excepcional.

Una excepción a la regla que media su vida, un mal momento, un error, un exabrupto...

Ojala lo entienda, Dr., para alguien como yo, que no comprende de aproximaciones, ni de medias tintas, las cosas son o no son, y la única manera de saber si Ud. era o no un bastardo, era investigándolo, investigándolo seriamente...

Así que... ¡eso es lo que hice!.

Durante los últimos cinco años me dediqué a saber sobre Ud. para poder ratificar o rectificar, esa horrible primera impresión que su actitud me causó.

Y aquí estoy, Dr. Ayanack, la investigación ha terminado, o mejor dicho, lo hallado es más que suficiente para una conclusión:
Ud. es aún más despreciable que lo que yo pude pensar en 1991.

... El 24 de Julio, al día siguiente del incidente, a la una y media de la tarde, me paré en la misma esquina de Artigas y Avellaneda a esperarlo pasar, apoyándome en la presunción de que Ud., como yo, no cambia sus rutas cotidianas (Siempre me sorprendió esta odiosa manía que tenemos los humanos de rigidizar nuestra conducta de hábitos: comemos siempre lo mismo, nos vestimos del mismo color, veraneamos en la misma ciudad, consumimos la misma marca de cigarrillos, y por supuesto, recorremos las mismas calles de la ciudad para ir de un lugar a otro).

Ud. no es una excepción, así que a las 2 y 14', volvió a doblar con su BMW por Artigas hacia Gaona y esquivó el bache de Artigas arrimándose al cordón de la mano derecha.

Ese día no había agua, ni viejito cruzando, no hubo gesto ni nada que me distrajera de tomar su número de matrícula: B-2153412.

El lunes siguiente decidí no trabajar y dedicarle a la investigación el día completo, así que tomé mi auto, lo estacioné sobre Artigas y otra vez, esperé su paso. A la hora de siempre, el auto importado gris dobló y comencé a seguirlo: Juan B. Justo, Warnes, Serrano, Santa Fe, Gurruchaga. Confieso que me fastidió un poco verlo estacionar entre los lugares reservados para la Comisaría de la esquina de Santa Fe y Gurruchaga. Por un momento lo imaginé comisario o algo así. Pero no, Ud. ni siquiera entró en la comisaría. Pasó frente a la puerta y el agente de guardia lo saludó con la venia. Desde mi auto lo vi caminar por Santa Fe hacia Canning unos 20 o 30 mts. y entrar en un edificio. En ese momento el agente de guardia hizo sonar el silbato haciendo señas para que avanzara.

¿Por qué, Dr., Ud. puede estacionar su auto en un lugar reservado para la comisaría y yo tuve que ir a buscar un lugar donde estacionar, cosa difícil, por cierto, en esa zona?.

¿Por qué, Dr., nos hemos transformado en un compendio de oscuros privilegios concedidos o usurpados que benefician a unos a expensas de todos los otros?.

¿Cómo es que el hecho de tener una profesión como la de comisario, o subcomisario, permite hacer suyo un pedazo de ciudad para guardar un auto, y encima concede el poder de trasladar ese don a otros?.
Porque Ud., Dr., no trabaja en la comisaría. Ud. es... "amigo del comisario", ¿Da eso derecho a unos metros cuadrados de cuadra en la ciudad?, ¿Cuánto cuesta esa dádiva, Dr.? ¿Un "favorcito"?, ¿unos "pesos"?, ¿una concesión compensadora "non sancta"?.

Mascullando palabrotas contra Ud., la policía, la municipalidad y el sistema; estacioné y caminé las dos cuadras de vuelta hacia Santa Fe.

Sobre el fin de la tarde ya sabía lo que necesitaba para empezar mi investigación. Sabía su nombre, la dirección de su oficina, su profesión (Abogado Penalista), y su horario de atención lunes, miércoles, jueves y viernes de 14 a 18.

Hasta el momento en que entré en su oficina, confieso que aún tenía dudas sobre mis presunciones. Tanto el episodio de Flores como el "privilegio" del estacionamiento frente a la comisaría no me alcanzaban... Pero cuando su secretaria Mirta (la rubia, la que tiene dos hijos y vive en Liniers), me dio cita con Ud. para el lunes siguiente a las 14 hs., me dí cuenta de su falta de respeto a los demás. Porque su secretaria sigue sus indicaciones Dr., y Ud. y yo sabemos que no puede llegar a las 14 hs. si a las 14.15... ¡Dobla por Artigas, en Flores!.

¿Qué se supone que hace la persona que fue citada a las 14 hs., entre las 2 de la tarde y las 3 menos cuarto en que Ud. llega?, ¿Qué hace con su problema legal, con su ansiedad y con su angustia?. No sabe qué hace, ¿verdad, Dr.?. No lo sabe ni le importa un rábano... Que espere. El otro... que espere.

Confieso, Dr., que mi opinión sobre los penalistas nunca fue maravillosa. Siempre pensé que las personas deberían tener alguna imagen de sí mismos relacionada con la profesión que después eligen. No puede ser casual que casi todos los médicos sean hipocondríacos, casi todos los economistas sean tramposos, y que no existan abogados confiables. Muchos meses de mi investigación los dediqué a estudiar psicología. Fue un intento de llegar a entenderlo a Ud. y sus mecanismos. No entraba en mi cabeza que un individuo que se dedicaba a la justicia, tuviera una idea tan poco aceptable de la moral y de lo justo. Aprendí, entonces, algo que se llama "formación reactiva! (un supuesto mecanismo mediante el cual uno actúa para intentar cambiar el signo de la acción que sigue a un deseo censurable...)

La psicología sería mucho más benévola con Ud. que yo, Dr. Para la ciencia, Ud. "sublima sus pulsiones" con su profesión. Lo cual así enunciado hasta parece ennoblecedor. No, Dr.. No hay ningún mecanismo reactivo que justifique, por ejemplo, que Ud. haya conseguido que su cliente, Fuentes Orbide, saliera en libertad incriminando al cuñado y socio de él. Ud. sabía que el otro era inocente. Ud. sabía que su presentación y planteo de defensa terminaría cambiando el lugar, en la cárcel, de su cliente por el de su víctima. Y sin embargo, lo hizo igual. Ud. no defendía la justicia, Dr. Ni siquiera a su cliente.

Ud. defendió su bolsillo, su renombre, su interés personal.

Dos semanas después de que el pobre socio de su cliente fuera detenido, alguien le comentó sobre el caso, en un pasillo de tribunales. El comentario era un pseudo-reproche por haberlo "mandado preso"... ¿Recuerda su respuesta, Dr.? Sus palabras resuenan en mi cabeza como si hubiera estado allí escuchando: Ud. dijo: "Bueno, che, si no puede pagarse un buen abogado que se joda!".

Nada de justificación reactiva para Ud., Dr.
Nada de interpretación de sublimación para las actitudes de la más baja calaña.

¿Es que vamos a echarle la culpa a sus pulsiones por esa repulsiva escala de valores con que Ud. maneja sus relaciones interpersonales?

¿Vamos ahora a interpretar como "fobia a la pobreza" esa actitud del restaurante de la calle Alvear en aquel mediodía de septiembre...?

Déjeme que lo ayude a recordar...

Fue hace más o menos dos años, Ud. almorzaba con María Elena, su amante, en el restaurante de Alvear, así que debía ser martes (Mucho tiempo me llevó entender que los martes eran los días dedicados a su amante). Yo los miraba sentado en una mesa no demasiada lejana, como tantas otras veces. Aquel día, mientras comíamos, entró un chico de unos diez años vendiendo rosas por las mesas. Nadie lo había visto, ni los mozos, ni María Elena, ni yo... y de pronto Ud. gritó: "Mozo!" Y el camarero que lo atiende siempre (y que le teme tanto como lo odia), se acercó rápidamente. Entonces, Ud. hizo que el mozo echara al chico a empujones a la calle.

La psicología tendrá muchas explicaciones para estas canalladas, pero yo sólo tengo una, Ud. es un canalla Dr., tan canalla que no merece vivir.

Pensará Ud.: ¿Y a éste, qué le importa?. Me importa, Dr., me importa mucho...

Me importa porque yo soy aquel viejito que Ud. salpicó en Artigas y Gaona hace cinco años. Me importa porque también soy el tipo que tiene que caminar dos cuadras todos los días porque no puede estacionar en Gurruchaga y Santa Fé. Me importa porque soy su esposa, Dr., que quisiera almorzar con Ud. alguna vez, y porque, de alguna manera, también soy su amante, que quisiera no almorzar con Ud. algún martes. Me importa porque soy el preso inocente que paga en la cárcel por lo que no hizo. Me importar porque, de muchas maneras, yo soy el pibe que intenta vender las flores en el restaurante de la calle Alvear...

Los psicólogos me han enseñado mucho sobre los mecanismos de la mente, así que debo admitir, por fin, aunque me duela, que me importa porque seguramente, yo soy tan canalla como Ud., doctor.

Yo soy tan corrupto, tan soberbio, tan agresivo, tan interesado, tan egoísta, tan humillante, tan autoritario y tan despreciable como Ud.

En los últimos años, Dr., he llegado a pensar, por momentos, que Ud. no era más que una parte mía. Una horrible parte mía, con vida independiente, que muestra lo peor de mí, en cada una de sus actitudes.

Creo que fue a partir de esas ideas de "encarnaciones", "identificaciones" y "escisiones de la personalidad", que me di cuenta de que Ud. no sólo no merecía vivir, sino que, además, debía morir.

Sí. Morir!... ¿Pero morir cómo?.

¿Quién sabe?.

¿Cuál sería la forma más justa?. ¿Accidente?.

¿Infarto?. ¿Suicidio?. No lo sé.

La más honesta, sin dudas, sería, lisa y llanamente, el asesinato:

Esto es, que alguien, finalmente, decidiera matar por lo que Ud. tan arquetípicamente representa del resto de nosotros.

¿Entiende Ud. el porqué de mi carta Dr.?

No le escribo para que se arrepienta...

Le escribo para informarle (porque creo que le concierne), que he decidido matarle.

Por supuesto - yo lo sé - Ud. pensará en tomar sus recaudos:

Guardias, armas, guardaespaldas, sistemas de alarma, custodia en su casa, investigación de todo su personal, etc. etc.

Pero... ¿Cuánto tiempo se puede sostener todo eso?...

¡Cinco años me llevó juntar la información que me permita sentenciarlo con justicia!... puedo esperar cinco, diez o veinte para cumplir la ejecución... En algún momento la custodia se afloja, la precaución de olvida, los detalles se descuidan... y en ese momento, Dr. Ayanack, yo estaré esperándolo.

Puede que alguien duda (quizás Ud. mismo), si este aviso de asesinato es real...

Si yo mismo soy real...

¿Cómo saber, por ejemplo, que esto no es una especia de acto culposo inconsciente de su parte?. En un psicologismo salvaje, alguien podría preguntarse si esta no es una carta dirigida por Ud. a si mismo para autoreprocharse sus miserables acciones.

En contra de esta postura está mi idea de que Ud. es absolutamente incapaz de sentir culpa.

Lo creo un amoral, en el explícito sentido de la palabra.
Aunque... hay, a favor de esta posibilidad, un dato inquietante:

Cómo la policía podrá comprobar... esta carta fue escrita en su máquina de escribir, esa que está en su escritorio, en la casa de Floresta. El papel es el mismo que Ud. usa y salió de su cajón del escritorio. Si consideramos el tiempo que lleva tipear esta carta, llegaríamos a la conclusión de que la única persona que podría haberla escrito sin despertar sospechas es... Ud. mismo, Dr.

Este pequeño misterio final que toma nuestra historia me encanta porque le concede un toque de policial que me fascina. Voy a guardarme el secreto de cómo lo hice, como para poder volver a escribirle si apareciera algo más para decirle.

Por ahora, me despido de Ud., no sin antes permitirme hacerle un pedido:

Cuídese, Dr. Ayanack, cuídese!!!. No me gustaría que por un tonto descuido, un accidente real transformara en inútil todo mi trabajo.

J.M.A

"Cuentos para pensar" de Jorge Bucay


Fuente

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Re: Carta de un asesino confeso

Mensaje  Don Sapo el Jue Nov 26, 2009 6:08 pm

¡Cuánto que da para comentar este cuento!

Para comenzar, ya es harto sabido que Jorge Bucay es un "apropiador" de ideas y escritos de otros que hace pasar por propios. Lo grave es que es que salvo que se logre averiguar fuente anterior, como cuando alguien denuncia usurpación de derechos de autor, es casi imposible saber si realmente lo escribió él en un atuténtico arrebato de inspiración, o simplemente reformó lo que "halló por ahí", o ni siquiera eso, para incluir como "propio" a algo tal cual lo halló.

Eso sí: Sabe elegir muy buenas cosas en general, que sus libros son preciosas compilaciones.

Respecto al cuento... para comenzar está mal titulado. Porque NO ES un asesino, ya que sólo tiene intenciónde matar por primera vez, pero NO CONCRETÓ NADA y, por lo tanto, no lo corresponde la definición de "asesino confeso".

Para continuar, si bien la carta es una excelente forma de amedrentación, de obligar a pensar o reflexionar en muchas cuestiones o detalles, como historia es incompleta, ya que se queda en insinuaciones sin resolución definitiva de en qué concluyó todo.

Con el agravante de que no explica cosas que de buenas a primeras resultan muy poco creíbles: de cómo averiguó ciertas cosas, pero sobre todo el cómo las logró. Pongo por ejemplo el final, donde explica que tanto el papel como la máquina en la que escribió la carta es la misma que usa el abogado. Detalles así no pueden ser dejados a la mera imaginación del lector. Es de pésimo escritor. Porque así cualquiera puede escribir que un ciudadano de lo más ordinario consigue misiles nucleares para teledrigirlos al vecino cuando hace algo muy molesto, como no recoger la mierda que deja la mascota en nuestra puerta de calle.

El "arte" de saber escribir, pasa también por armar las situaciones explicándo lo poco creíble o insólito, de modo posible que suceda.

Para finalizar, complica ¿astutamente? a la situación, dando a entender que podría ser un desdoblamiento de la propia personalidad del abogado. Lo cual, contrariamente a ser un añadido "inteligente" es la aberración de tirar por tierra a todo lo antes descrito que hizo el "viejito"; ya que los desdoblamientos de personalidad NO PUEDEN realizar seguimientos de sí mismos, quejándose de las dos cuadras que tiene que caminar por no tener preferencia de estacionamiento, etc. O sea: evidencia que IGNORA MUCHO de aquellas patologías psicológicas que pretende (t debería) conocer más o menos lo necesario para resultar creíble.

Sin ir más lejos, ni siquiera leyó a Sybil (o Sibyl, no recuerdo dónde va la "y"), que es una novela de los ´70 basada en un hecho real de personalidad múltiple y fue un auténtico best seller durante unos años. Llegaron a contarle 17 persoanlidades escindidas de la principal, si mal no recuerdo.

¿Moraleja? No escribas historias sobre lo que no dominas, ni mucho menos des a entender detalles técnicos de lo que ignoras. Hay que informarse bien primero sobre los detalles que se ignoran, porque así es como en las películas de acción, los personajes pueden disparar mil balas sin recargar sus armas o, de hacerlo, iban relivianos de peso sacando a un cargador detrás de otro del mismo bolsillo de su ropa. ¡Y después de haber corrido una maratón persecutoria donde no se les cayó ninguno!

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Re: Carta de un asesino confeso

Mensaje  pepe2982 el Jue Nov 26, 2009 11:43 pm

Mira no voy a defender a Bucay porque se que hace algunas de esas cosas de tomar como propio escritos de otros autores, pero voy a opinar un poco de tus comentarios. El cuento me gustó, por eso lo subí.

Ahora paso a detallar los puntos:

Punto 1: Mal titulado: Yo creo que es un cuento abierto a que cada uno lo interprete de la manera que le guste. No creo que esté mal titulado por ejemplo si interpretas que es una carta que se encontró en el despacho del abogado una vez asesinado. O sea, es la carta de un asesino confeso que se tomó como prueba para saber quien era el asesino.

Punto 2: La resolución o en que quedó todo, eso es precisamente a lo que lleva el cuento, a dejar que el lector haga su propio final o que tenga varios finales distintos, como muchas películas. Creo que eso de redactarlo de esa manera y dejarlo abierto es a propósito.

Punto 3: Averiguar cosas de alguien se puede, lo vemos tanto en la vida real como en las películas. El tema del papel y la maquina de escribir del abogado, me lleva a pensar que la pudo escribir o bien entrando al estudio o casa del mismo o la escribió después que lo mató. Por eso hizo la carta de un asesino confeso.

Punto 4:
El desdoblamiento de la personalidad del abogado.
Hace poco vi una película que se llama La ventana secreta (Secret window) con Johnny Depp.
Johnny Deep interpreta al escritor de éxito Mort Rainey , quien atraviesa un momento doloroso al estar en pleno tramite de divorcio, lo que le produce una perdida de energía y creatividad que repercute en su trabajo. Cuando parece que las cosas no pueden empeorar, un extraño psicótico llamado John Shooter (John Turturro) aparece en su puerta, acusándolo de plagiar su historia y pide una indemnización. A pesar de los esfuerzos de Rainey para calmarle, Shooter se vuelve cada vez más insistente y hostil, insinuando una forma de justicia que podría incluir el asesinato a sangre fría. Obligado a jugar al gato y el ratón, Rainey descubre que posee más astucia y determinación de lo que nunca hubiera imaginado. Al final, descubre que el escurridizo Shooter debe conocerlo mejor de lo que él se conoce a sí mismo. No quiero contar el final, pero es inevitable. Precisamente el psicótico que se le aparece a Johnny Deep, es él mismo, o sea no lo sabe, pero tiene una personalidad desdoblada en donde el mismo se reclama esa indemnización y se imagina a John Turturro como un extraño, pero en realidad es un personaje que él mismo se creó para cometer asesinatos, matar a su ex mujer, y amenazarse a si mismo.
Esta es la película en IMDb: http://www.imdb.com/title/tt0363988/
Aquí tenes el link en castellano: http://www.filmaffinity.com/es/film180801.html
Por lo tanto, también es factible que sea un caso parecido al de la película.

En definitiva, no creo que esté mal escrito ya sea de Bucay o del que fuera, es como dije un cuento de principio y final abierto. Deja a la imaginación del lector lo que se le ocurra interpretar.
Puede gustar o no, esa es otra historia.

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Re: Carta de un asesino confeso

Mensaje  Don Sapo el Vie Nov 27, 2009 2:27 am

Pepe: Una cosa son los pricipios abiertos y otra muy diferente NO AMBIENTAR con los datos necesarios de antecedentes (para composición de lugar adecuada). Porque de ese modo, te puedo escribir una historia de comienzo abierto de ese estilo diciendo algoi así:

Juan quería matar a Pepe, pero éste se le vivía escurriendo. Al final logró conseguir el arsénico y colocárselo en la copa del vino de la cena.

De este modo, también te dejo el final "abierto" y, la trama, de deja 20.000 preguntas irresueltas (lo cual no corresponde de un buen escritor) como por ejemplo:

¿Quién era Juan y quién Pepe?
¿Qué relación hubpo entre los dos que uno quería matar al otro?
¿Cómo consiguió el arsénico, si es casi imposible comprarlo para una persona común?
¿Cómo logró ponérselo en la copa de vino para la cena?
Al final ¿Qué pasó con Pepe? ¿Se murió o se salvó y cómo?
Y Juan ¿Se sintió satisfecho, lo metieron preso, O QUÉ?

Y tus justificaciones para este cuento del "asesino" que no asesinó a nadie, son IGUAL DE VÁLIDAS que para este cuento de un par de líneas que te acabo de escribir de principio y final abierto.

Para peor, literariamente, el otro error grosero es similar a esta frase tuya:
aparece en su puerta, acusándolo de plagiar su historia y pide una indemnización.

¿Cómo te podés aparecer ante vos mismo en tu puerta? ¿Acaso el desdoblamiento de personalidad permite interactuar con alucinaciones? ¡No me enteré de ningún caso de personalidad múltiple o similar que pueda interactuar consigo mismo PERSONALMENTE o estar simultáneamente en dos lugares interactuando consigo mismo. Ya que siempre son conscientes de que, cuando una de las personalidades toma la "posesión" del cuerpo, las otras no pueden más que forcejear por retomarlo ¡si son fuertes de carácter! O sea: Luchas internas que NO SE PROYECTAN como otros cuerpos.

En fin... sólo expongo lo que me molesta de los escritores modernos en general, que justifican la falta de talento para crear y de esfuerzo en investigar, con dejar a la imaginación de cada uno incluso el hallar coherencia donde no la hay, o creer lo increíble hasta el absurdo. Cosas como por ejemplo, que cualquier vecino puede fabricarse una cabeza nuclear en el garage de su vivienda, o realizarse un autoimplante de chips en el cerebro sin ayuda de nadie, sólo con un espejo, porque se armó un programa de PC (leyendo un único librito) que le explica paso a paso como armar un programa "sabio" y, luego, bastó con que le ordenara al programa buscar en internet "cómo realizar un implante de chip en el cerebro" y, así, sólo con la ayuda de un espejo y un buen cuchillo de cocina se reallizó el implante (cortando hueso inclusive) para convertirse en un Terminator.

Otro caso que ya critiqué por mismas cuestiones, es la película de ciencia ficción del guionista y director sudafricano ¿Distrito 9?; que los ET, teniendo conocimientos y tecnologías apabullantes, viven y se comportan como simples animalitos instintivos y sin dignidad siquiera. ¡SALVO DOS de ellos que armaron con chatarra una nave espacial!

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Re: Carta de un asesino confeso

Mensaje  pepe2982 el Vie Nov 27, 2009 7:19 am

Don Sapo, entiendo tu argumento y tus cuestiones sobre lo que debe cumplir un cuento para ambientar al lector.
Pero, en este caso no te olvides que más que un cuento es una "carta", que luego la escribe el autor (sea o no Bucay) en forma de cuento. O sea no está hecho como un cuento tradicional donde se comienza describiendo el lugar y la situación, luego se podría meter la carta como parte del cuento y por último un final o dejar un final abierto para que el lector lo modele a su gusto.
En este caso es una carta que nunca existió, que es imaginaria, pero lleva a armarse una trama que puede tener muchos principios y muchos finales.
En una crítica dice esto:
Carta que el autor hace para reflejar las bajezas y maldades que cometemos todos los días sin darnos cuenta. Pasamos por la vida como Sres/as, pero muchas veces en nuestros actos cotidianos nos portamos como auténticos "villanos" y ni siquiera somos conscientes de ello.

En cuanto a la película, no se le aparece a Johnny Depp el mismo Johnny Depp, sino otro personaje, en este caso John Turturro, que interpreta al hombre que le reclama la indemnización. Pero ese hombre es imaginario, no existe en realidad, sino que es producto de la mente del escritor. Es como que inventa en su mente enferma a un personaje John Turturro, que hace las cosas que el mismo Johnny Depp no se atreve a hacer. En fin es difícil describir la película si no la ves, tiene una trama bastante interesante. Hay que verla para tener una idea de lo que quise expresar.

Es tu opinión y la respeto, pero no la tomes como única y definitiva, como la verdad de la milanesa , hay otras que pueden ser distintas.
Bueno, no es para tanto después de todo este símil cuento, así que no vale la pena que le demos una mayor importancia de la que tiene.
abrazo

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Re: Carta de un asesino confeso

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