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Fáciles principios de la música

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Fáciles principios de la música

Mensaje  Don Sapo el Dom Abr 25, 2010 4:59 pm

Si bien todo lo que oímos es “sonido”; la música se diferencia del “ruido” por estar estructurada con dos cosas básicas: Ritmo y Armonía.

El ritmo, básicamente es lo que con frecuencia se marca con los pies o palmas de las manos.

La armonía, es la clase de notas que se encadenan y cómo.

Hablemos del RITMO con más detalle:

El ritmo es la velocidad, que debe mantenerse constante desde que se inicia hasta que termina la composición. Pero como hay notas de duración más corta o más larga, es que lo subdivide de modo matemático proporcional del siguiente modo.

Cada golpe de pie o batir de palmas, suele ser un tiempo (supongamos que cada dos segundos se oye el “plá” del público que marca el tiempo con palmadas). Estos “tiemposson subdivisiones de la medida clave de las partituras: Del “compás” (que gráficamente es un renglón en las hojas de partitura o pentagramas, si es el habitual de cuatro tiempos).

Por lo general, el compás está subdividido en cuatro tiempos que deben ser estables en duración a lo largo de toda la melodía. (Hay raras excepciones de acelerarlo o ralentizarlo, sobre todo como final). O sea que el compás, si lo midiéramos en segundos donde cada tiempo o batir de palmas es cada dos segundos, un compás sería exactamente de ocho segundos. (Esta medida en tiempo es posible pero no para toda melodía o música, sólo como UN ejemplo de los posibles). (Nota marginal: Los compases pueden estar subdivididos en más tiempos cuando las melodías son de muchas notas breves. Por ejemplo en ocho, dieciséis; treinta y dos y, excepcionalmente, sesenta y cuatro. Estos últimos, son secuencias de notas híper rápidas para malabaristas que demuestran su capacidad de velocidad coordinada en tocar notas, pero resultan casi siempre aberrantes de oír).

Es como acordar la velocidad de marcha al caminar, donde cada cuatro pasos (tiempos) se puede dar una nueva orden o reiterar la anterior al grupo que marcha o avanza (la velocidad de los pasos es a convenir “a gusto”, y suelen estar marcados por el “pom” del bombo en las melodías Pop; Dance y Rock). Para definir cuándo se cumplen los “cuatro pasos” (en la velocidad que fuere), que permiten cambiar la orden de dirección y movimientos o reiterarlos, es que se lo denominó COMPÁS.

Si las notas son un desfile de soldados que marchan, no se les puede obligar a cambiar de dirección cada dos o tres pasos. Se debe hacerlo sólo cada cuatro o un múltiplo del mismo. Por esta razón es que se suelen marcar el ritmo (casi siempre de a un tiempo), para que sea más fácil reconocer cuándo se cumplen “cuatro” que viene un cambio de movimiento en que se puede ceder la voz cantante o mando de la melodía, de un instrumento a otro, o cambiar la forma y dirección de caminar.

Más fácil es observar a esto mismo en coreografías donde hay una sincronización que maravilla. Cada integrante sabe y puede reconocer cuándo acaba un compás y debe cambiar de forma de moverse o bailar.

Como si esto fuera poco, por lo general se acostumbra incluir un sonido especial o diferente en cada fin de compás (o cada dos compases), como un redoble o doble golpe de bombo, un pitido o incluso un silencio conjunto. Cuando se acostumbra al oído, fácil es reconocer la “señal” de fin de compás o inicio de otro. Sobre todo porque, como dije, es lo que permite VARIAR a lo que se estaba oyendo. Sea que alterna (cambia) el instrumento que lleva la melodía principal, y/o se suma o abandona la melodía algún otro de los que acompañan; o varían en su forma de participar. Cosa que suele acontecer cada dos o cuatro compases (ocho o dieciséis tiempos. No doce) en las más convencionales.

¿Por qué cada dos o cuatro compases es lo más convencional? Porque es como un estribillo: El primer compás es como una frase de introducción o pregunta, planteo y, el segundo, como la respuesta o definición. Esto resulta muy obvio en las melodías folclóricas que son muy simples y simpáticas.

Las variantes, es usar a estribillos de cuatro compases combinados de a dos, como pregunta o planteo, y los dos siguientes como respuesta o conclusión. (cuatro compases un estribillo o estructura básica de la melodía total). O que se reitere planteo-respuesta, planteo-respuesta.

El resto de cualquier composición musical, es tan sólo la introducción (si la hay, porque puede ser omitida) y los compases de variaciones complementarias de lo que es el estribillo, cuya duración es igual a la del estribillo o estructura básica reiterada.

La mejor forma de entender y corroborar a esto, reitero, es la de oír analizando a melodías folclóricas simples y pegadizas (de cualquier país o cultura, porque básicamente todas suelen cumplir con esto). O las infantiles tradicionales, como el “Arroz con leche”; “Las lavanderas de Avignon” y hasta “Oh Susana” y “La cucaracha”.

Observen que en el caso de “La cucaracha” es facilísimo detectar cómo en la reiteración de “La cucaracha… la cucaracha…” Es el planteo de un compás, que es respondido en el siguiente con “ya no puede caminar”. Repitiendo en los dos siguientes la misma estructura que completa al estribillo. “porque no tiene, porque le faltan” (planteo), respondiendo “las dos patitas de atrás”.

De los cuatro compases, el primero y tercero son exactamente iguales (planteo) como también el segundo y el cuarto entre sí (de “respuesta”) también son “iguales” salvo la última nota, que en lugar de bajar un tono, lo sube. O, también, en lugar de ser “descendente” en tonos, es “ascendente” (nota más aguda, más alta en las líneas del pentagrama). Completando de este modo al estribillo.

Si lo vemos graficado en la partitura, los signos son exactamente iguales, salvo que el último signo está en un renglón (nota) más bajo, o más alto. O que en lugar de estar los signos de las notas escalonados progresivamente hacia “abajo” en las líneas del pentagrama, lo están hacia “arriba”. Eso es todo. Las “anotaciones” son básicamente las mismas.

Así, la estructura base, luego será complementada con otros compases más, similares e intermedios entre las reiteraciones del estribillo, que sólo incluyen ligeras variantes del mismo (de la estructura base). Pocas veces son muy diferentes, pero sin dejar de ser armónicamente complementarios del estribillo… ¡Cuando es una partitura de las más habituales y bien hecha!

Ahora hablemos un poco de lo que es la ARMONÍA.

La armonía es lo que más les cuesta entender, sobre todo practicar, a los compositores de cualquier época, especialmente la contemporánea.

Todos sabemos que las notas musicales son siete, como los colores del arco iris. Pero a diferencia de los verdaderos expertos en colores, los músicos no suelen tener bien claro o aplicar correctamente a las combinaciones de “colores” musicales, cuando ambas cuestiones se rigen por los mismos principios de notas primarias y secundarias, como por el concepto de “armónicos complementarios”.

Si numeramos a las notas desde el Do como 1; el Re como 2; hasta el Sí como 7; resulta fácil descubrir que los números impares (Do; Mi; Sol; Sí) son equivalentes a los colores primarios, correspondiéndole al “Sí” el color BLANCO/NEGRO (según sea luz (blanco) o tintas (negro). Mientras que a los números pares, Re; Fa, La, los secundarios.

Muchos consideran complementarios a los colores rojos y verde; o naranja con azul cuando no lo son. Lo mismo acontece con las notas musicales. Las combinaciones naturales armónicas, se mantienen constantes en combinar a pares entre sí, o impares entre sí. Sólo para MATIZAR un cambio de escala; o pasar de un segmento a otro, se combinan momentáneamente a notas pares o impares con las inmediatas de su lado. Porque es como “dar un toque de color” al verde de las copas de árboles y césped, con unos frutos o flores rojas que salpican breve y ligeramente al conjunto del verde.

El verde combina con azul y amarillo, por ser colores que lo forman. Por eso en los paisajes naturales, se ve mucho verde matizado de amarillos y ocres, con cielo azul; donde el rojo es apenas un toque muy llamativo pero de mínima cantidad.

La armonía parte de este principio elemental que es más conocido (o ha sido más estudiado) en los colores. De saber combinar, por reconocerlos bien, a los armónicos complementarios de los que no lo son, y armar así a un paisaje musical, cuya sucesión de colores da gusto oírla, logrando pasear al ánimo del oyente de modo natural, no traumático, por las emociones y humores que se desea transmitir y lograr.

Existen algunas excepciones, como la de recorrer la escala en orden cromático (del Do al Sí o al revés por dar un ejemplo) pero son eso: Excepciones puntuales que MATIZAN a la estructura básica predominante. No el revés.

Los contrastes y combinaciones inarmónicas chocan, sacuden irritando y predisponiendo mal o negativamente, en especial a violencia o depresión. Las combinaciones escalonadas de modo gradual, invitan a “pasear” por los ánimos de modo tan suave como natural, predisponiendo a salir fácilmente si son desagradables, o a permanecer en las mismas, recordándolas, si son de las agradables.

Que muchos se identifiquen con la violencia interior de otros, que la plasman más como ruidos chocantes e inarmónicos, por más secuenciados que puedan estar en estructura “musical”… es puramente una cuestión psicológica enferma, más allá de “música” propiamente dicha. Ya que es el “desahogo de golpear”, vaciando la “basura interior” que nos tiene a mal traer. Una identificación en el mal gusto o basuras interiores.

Esa clase de combinaciones sonoras, sólo refuerza al anclarse en los ánimos nocivos o negativos. No a superarlos o cambiarlos, por más identificados que puedan sentirse o “desahogados”, ya que continuarán anclados en dicho ánimo, acumulando más y más. No se rompe el ciclo negativo interno.

Estas últimas son las que suelen ser éxitos comerciales con los que se identifica un sector de la población, pero no duran en el tiempo, salvo como pocos fanáticos cuyas vidas emocionales y psicológicas no han tenido evolución, quedando anclados en la “protesta” y “violencia” o con emociones del pasado, de su juventud que extraña.

Las otras, las verdaderamente bien estructuradas y combinadas armónicamente, son las que desde un principio “gustan a todo el mundo” (no chocan o no desagradan) y suelen quedar en la historia como “grandes clásicas”. Caso del “Himno de la Alegría” de Beethoven, como el más popular de todos los ejemplos. O partes del movimiento “La primavera” de Vivaldi. Pero sin omitir a las muy sencillas como las canciones infantiles más tradicionales, o algunas de comedias musicales como “Té para dos” (Tea for Two), que difícilmente le disguste o resulte chocante a alguien (salvo prejuicios específicos o mal ánimo del momento).

Infinidad de músicos y compositores se preguntaron ¿Qué hace que una melodía guste masivamente y quede como inmortal o gran clásico?

La respuesta es simple: Han sabido concatenar con sencillez verdaderamente armónica a las notas. Sobre todo, con una combinación adecuada para cambiar el ánimo del oyente al que busca lograr o inconscientemente necesita.

Algo así como comenzar a un espectáculo de colores que parte desde la identificación del ánimo predominante y que se desea cambiar, llevándolo de a poco hacia el que quiere lograr. Sobre todo, sorprendiendo o asombrando con el “buen gusto” de matices sonoros inusuales o poco oídos.

Para decirlo de otro modo: Si estoy triste y quiero estar mejor; lo óptimo no es decir “estoy alegre” “¡Que feliz que soy!”. Sino de reconocer mi tristeza, ponerla en evidencia y, lentamente, ir “subiendo” el tono anímico, hasta llegar a casi una euforia, para serenarme y desacelerar a un estado de calma alegre y optimista.

Eso no lo sabe plasmar casi ningún músico. Apenas algunas veces lo han logrado inconscientemente algunos compositores como Vangelis en una de las melodías para la película “1492”. O también el que componía para Donna Summer; Giorgio Moroder, aunque aún más limitado, por atenerse a la tradición y formas del estilo musical que componían.

Hay muchos músicos o grupos que acertaron en cómo lograr un deseado cambio de ánimo en los oyentes con ciertos temas puntuales. Como dije: Son la mayoría de las melodías que suelen usarse como cortinas musicales y que suelen gustar a casi todo sector o grupo social, al margen de edades y diferencias entre sí, aunque no las tengan previamente asociadas con nada en particular.

Con las canciones también, aunque en éstas los significados de las letras son los que pueden influir más que la melodía en si. No hay que confundir éxitos de letras, e hitos de identificación de ánimo generacionales, con lo que son las combinaciones que trascendieron a esas limitaciones de generación, moda, o ánimos asociados con algo puntual.

La mejor forma de corroborar cuáles trascienden, es verificar el ánimo al que predispone la melodía en alguien que no la conoce en absoluto. Ya que las “buenas” hasta ayudan al crecimiento y lozanía de plantas, como también gustan a toda clase de animales. ¿No hay hartos ejemplos de pájaros que se ponen alegres y cantan acompañando a melodías bellas, pero callan y se evidencian incómodos o nerviosos ante otras? ¿O perros que, cuando se hartan o les “duelen los oídos” acompañan aullando si no pueden alejarse? (Que, también, fácilmente se los puede apreciar como tapándose la cabeza con las patas delanteras cuando les desagrada o está muy alta en volumen, salvo que ya estén acostumbrados y medio sordos).

Si uno es buen observador de los animales teniendo una buena “comunicación” con ellos (de saber interpretarlos prestándoles atención y “obedeciéndoles” en las sugerencias válidas o preferencias) fácilmente se da cuenta cuándo gusta O NO, algo a ellos, incluso en lo sonoro o musical, porque se habrán acostumbrado a que uno tiene en cuenta a sus gustos y necesidades y, por eso, a evidenciarlas cuando puedan o les interesa. Los seres humanos, en cuanto a efectos sobre nuestros ánimos, no dejamos de ser animales que responden del mismo modo a los estímulos que van directos a nuestro inconsciente, que son las diversas combinaciones de formas, colores y sonidos.

Podría hablar bastante más de la armonía, pero ya me he extendido demasiado para un mensaje. Quizás otro día, si noto que hay verdadero interés por el tema.

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