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¿Por dónde entra el miedo?

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¿Por dónde entra el miedo?

Mensaje  pepe2982 el Mar Ago 31, 2010 11:35 pm

A principios del siglo XX, nos asombró la cantidad de miedos diferentes que podemos tener los seres humanos. Surgieron entonces los libros que daban nombre a estos temores.
El miedo a las alturas se denominó acrofobia. A los gatos, ailurofobia. A los truenos, brontofobia. A los perros, cinofobia. A la suciedad, misofobia. A la oscuridad, nictofobia. A los tiburones, selacofobia. A la muerte, tanatofobia. Y así hasta el infinito…



Las fobias son miedos irracionales centrados en un objeto específico que perturban tanto a la persona como para producir potenciales estragos en su vida.
Serpientes, lugares altos, ratones, aviones, sitios pequeños o arañas son algunos de los más habituales temores. Pero existen cientos de objetos que han sido descritos alguna vez como centros de una fobia.
El agua, las tijeras o los payasos, por ejemplo, generan más temores discapacitantes de los que creemos…
Las fobias se generan mediante un doble mecanismo. Por una parte, empezamos por temer algo porque lo hemos asociado a alguna experiencia negativa. Por otra, comenzamos a evitar aquello que nos genera aprensión y eso hace que cada vez le tengamos más miedo. Evitar el objeto del temor nos hace mitificarlo y aumenta nuestra ansiedad ante cada encuentro. Y el resultado es un ser humano plenamente consciente de la irracionalidad de su temor, pero al que le resulta muy difícil luchar contra él.
¿Cómo surgen estos miedos no adaptativos? Existen varios factores que han sido relacionados con la ansiedad. En primer lugar, existen predisposiciones genéticas. Algunas personas tienen más probabilidades que otras a sentir determinados miedos o a padecer un elevado nivel de ansiedad. Una prueba de ello son los estudios que muestran que los gemelos monocigóticos desarrollan fobias similares, incluso cuando han sido criados separados.
Por otra parte, el miedo se va aprendiendo. Cuando suceden acontecimientos negativos de forma arbitraria e incontrolable, surge la ansiedad. El ser humano soporta sin desasosiego acontecimientos estructurados, pero se hiperactiva ante la continua sospecha que generan los sucesos no pautados. Esto explica por qué las personas ansiosas están siempre muy atentas a las posibles señales de amenaza: necesitan predecir lo que se les viene encima. Al no conseguirlo, aumentan su nivel de temor y éste se convierte en desadaptativo.
Por último, el miedo también se puede “copiar. Los seres humanos aprendemos a menudo por observación. Y observar los temores de los demás nos puede llevar a generar los mismos miedos en nosotros. Un ejemplo clásico: los padres trasmiten sus temores a los hijos.

En todo caso, parece que los seres humanos adquirimos nuestros miedos por una combinación de factores genéticos y ambientales.
Y una vez interiorizados, esos temores pasan a ser parte de nuestra salud mental.
Quizás la mejor manera de convivir con ellos es conseguir que nos ayuden a preservarnos de peligros… sin anular las experiencias de aprendizaje que conseguimos cuando viajamos en dirección de nuestros miedos.

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Comentario al margen:
La única condición que nos exige la vida para poder vivirla dignamente es no tenerle miedo. Siempre insisto en que no se le puede tener miedo a la vida
La vida actúa frente a los hombres como la mayor parte de los perros de guardia y defensa: sólo acaban mordiendo a aquellos que les tienen miedo; a los que no les temen es muy difícil que les ataquen. La vida es igual que esos perros y también suele morder a quien la teme y deja a salvo de sus peores ataques a quien no le tiene miedo. El miedo es el peor compañero, el peor socio; nada digno de ser tomado en consideración se puede hacer con miedo.
Nuestros miedos son casi siempre injustificados. Y la mayor parte de nuestros miedos los provocan quienes quieren manejarnos y condicionarnos: ¡Qué si nos aumentan el sueldo aumentará el paro!, ¡qué si el Gobierno quiere cortar Internet, -estaremos sin conexión y tendremos que pagar otro servicio peor- nos cargaremos las esencias de nuestra cultura ancestral y eso nos va a llevar a la catástrofe!, hasta: ¡qué si no cumplimos con las reglas de la secta dominante nos condenaremos! Con lo que pretenden asustaros son sólo fantasmas o mamarrachos construidos al efecto, que ellos – los que nos quieren manipular y servirse de nosotros – se mueven delante de nosotros para amedrentaros y conseguir que te dejes dominar.

Recuerda, como dice Serrat, que los fantasmas no son nada si les quitas la sábana. En cuanto tiras de la sábana no hay nada.
Eso no quiere decir que hagas lo que quieras, sean siempre leales a ustedes mismos, pero, por encima de todo, no se dejen asustar por los que los quieren manipular.
Me parece que ya vi bastantes películas de terror…….

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Re: ¿Por dónde entra el miedo?

Mensaje  Don Sapo el Miér Sep 15, 2010 8:14 pm

Por lo visto, parece que nadie se anima a decir “esta boca es mía” en este tema ¡Ni que fuera tan obvio! A pesar de que nadie está exento de tener alguna clase de miedo a algo.

¿O será que nadie entiende a sus temores, a pesar del artículo? ¿Quizá quedó todo explicado perfectamente dando la gran solución?

Hummm. Par mí eso último no es.

¡A ver por dónde empiezo!

Coincido plenamente con esto que cito:

Las fobias se generan mediante un doble mecanismo. Por una parte, empezamos por temer algo porque lo hemos asociado a alguna experiencia negativa. Por otra, comenzamos a evitar aquello que nos genera aprensión y eso hace que cada vez le tengamos más miedo. Evitar el objeto del temor nos hace mitificarlo y aumenta nuestra ansiedad ante cada encuentro. Y el resultado es un ser humano plenamente consciente de la irracionalidad de su temor, pero al que le resulta muy difícil luchar contra él.


Absolutamente todo temor, miedo o pánico, es una especie de alarma (como la de los relojes despertadores o sirenas) cuya única función es la de AVISAR “peligro”. No importa qué clase de peligro. El ego (inconsciente si se lo prefiere así, aunque yo hago separaciones de las partes que lo conforman, una de ellas y principal es el ego, el cual es como un animal de costumbre con pensamiento muy simple); realiza asociaciones que, a veces, son tan absurdas como la que dio pie al dicho “el que se quemó con leche, cuando ve a una vaca, llora”.

Es una función natural detonada por el instinto o programación interna de la supervivencia e intentar mantener la preservación del ser en el mejor estado posible. Por esta razón es que el miedo es una alarma muy útil, pues nos indica “¡Atención! Hay peligro para la preservación de alguna parte de nuestro ser”; (así sea una cuestión que pueda dañar sólo en lo psicológico o emocional, no dejan de formar parte del ser).

Para que no nos moleste el miedo, basta con “apagar” la “alarma” o, por lo menos, disminuirle el volumen de tal modo que no nos aturda y permita actuar manteniendo la mente lúcida y emociones bajo control, la “sangre fría” como suele decirse.

¿Cómo apagar dicha alarma? ¿Cuál es el botón de volumen/apagado? Simple: entendimiento de por qué se detonó y lograr que nuestro ego (inconsciente) COMPRENDA que ya le hemos oído y queremos que deje de avisarnos o, por lo menos, no nos aturda con sus gritos o chillidos de alerta.

A veces nos resulta obvia la razón que nos detona al miedo. Por ejemplo, cuando tenemos que cruzar por un tablón a considerable altura con el riesgo de caer y lastimarnos feo. En tales casos, basta con medir bien hasta qué punto “podemos” sin peligro, porque no nos falta capacidad ni precaución adecuada o, de no poder evitar margen de riesgo, asumir las posibles consecuencias y hacérselo saber a nuestro ego que “correremos el riesgo a voluntad consciente”, sin dejar de agradecerle su esmerada preocupación pero que ya no puede hacer más nada y sólo molesta. (Que en esto AYUDA MUCHO confiar en que “lo que deba ser, será”. Se lo denomine o considere como destino, Dios, suerte o como prefiera).

Pero en otras clases de miedos, como la claustrofobia o temores que parecen no tener sentido ni razón de ser… resulta más difícil este proceso. Precisamente por no saber a ciencia cierta qué lo detona. En tales casos, lo que suelo recomendar es que, estando tranquilos y seguros, se intente evocar situaciones que provocan esos miedos e inmediatamente se busque en la memoria la clase de recuerdos que son evocados o imágenes que suscitan esta emoción.

La inmensa mayoría de las veces se descubrirá (con mucho tiempo y paciente esfuerzo constante) que sólo han sido ocasionados por dejarnos influenciar por lo que otros dijeron o hicieron, así sean películas de terror con monstruos inexistentes o fantasías que, bien analizadas, son inconsistentes.

Claro que también hay otros que no tienen esa raíz, lo que mal suponen como predisposición genética. Esos miedos (a veces pánico) tan sólo son fisuras en el velo de la memoria de alguna vida pasada. Con frecuencia por haber tenido muertes traumáticas que han quedado tan fuertemente grabadas en el ego, que afloran como si fueran recuerdo probabilidad real también en esta vida (caso de temor a morir asfixiado, encerrado, etc). La impotencia que sintió el ego para preservar la vida, o prevenir tal deceso en aquella circunstancia, es lo que le lleva a temer “fallar otra vez” y que se repita la “horrible” situación. Porque el ego (asentado en el inconsciente y rigiéndolo) es demasiado orgulloso de la excelencia con que considera cumplir sus funciones que, básicamente, son los instintos.

Claro ejemplo de esto y más que recomendable para verlo, son los videos (a partir del sexto de los 10 que componen al documental) que están posteados en el tema “Prohibida la reencarnación por orden del emperador”; donde relatan la experiencia y evidencias del niño James IIIº ex aviador en vida pasada.

En otras palabras:

El miedo no es más que la alarma del sistema de protección del ser que nos ruega que no seamos insensatos corriendo riesgos innecesarios o evitables.

_________________
-*-*-*-*-*-*-*-
Tú ¿estás haciendo algo por cambiar positivamente a la sociedad,
para que no haya tanta injusticia y desequilibrio social?
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