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Los abuelos de Wikileaks: los muckrakers

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Los abuelos de Wikileaks: los muckrakers

Mensaje  pepe2982 el Vie Ene 21, 2011 7:14 pm



Era el comienzo del siglo XX, unos años marcados por el sonido de los cañones de guerra, por el despertar del imperio estadounidense y por los primeros flirteos de la prensa con la delgada línea que puede separar al periodismo de la burda propaganda política. En este contexto, un conjunto de profesionales de la información decidieron orientar sus artículos a la denuncia de la corrupción política, de la explotación laboral, y de toda esa serie de abusos e inmoralidades que escondía la cara más pulcra de la casi recién nacida jet-set estadounidense. Pero parece que este periodismo, orientado a limpiar los trapos de la sociedad delante de la opinión pública, no fue muy buen visto, como era de esperar, por la élite económica y mediática de EEUU. Tanto fue así que no tardaron en denominar a estos profesionales “muckrakers”, escarbadores de basura.

Un término que, más que ofender, descubrió un periodismo íntegro y comprometido. Un periodismo que mostró sin pudor la forma con la que el intocable Rockefeller organizaba una de sus empresas más potentes, la Standard Oil Rockefeller (Ida Tarbell para McClure’s Magazine). O la trastienda de Wall Street, haciendo particular mención a aquellos mafiosos de cuello blanco que movían sus hilos (Thomas Lawson para Everybody’s Magazine). O la corrupción de Washington protagonizada por los mismísimos senadores norteamericanos (Graham Philips en The treasure of the Senate).

En una sociedad como la estadounidense, marcada por la excesiva preocupación por la moralidad de todos los actos y comportamientos, estos periodistas buscaron demostrar a la sociedad que los poderosos también tienen cosas por las que avergonzarse. En definitiva, que el mundo no era tan bonito como nos lo querían mostrar, y que las injusticias sociales no eran algo que ver y callar.

Este periodismo volvió a surgir en los 60, años de Guerra Fría, de expansión comercial e internacional. Años en que la política y los mandatarios esperaban mucho de la prensa y, seguramente, años en que el buen periodismo también esperaba que sus ejecutores dieran lo mejor de ellos. Y, en parte, así fue: La segunda generación de muckrackers optó por desconfiar de la fuente oficial, por considerarla viciada y carente de verdad.

La respondieron con una postura escéptica reflejada en la apuesta por un verdadero periodismo de investigación. Así, Ralph Nader investigó sin piedad hasta el último recoveco de la poderosa industria automovilística, con la intocable General Motors a la cabeza. Su reportaje hizo retirar algunos modelos del mercado por inseguros. O Jack Anderson, llamado a sacar a la luz la tendencia pro-pakistaní de Nixon en la Guerra entre la India y Pakistán. Pero, sin duda, el reportaje que bautizó a esta generación fue aquel que realizó Seymour Hersh destapando las atrocidades cometidas por el ejército estadounidense en la Guerra de Vietnam (algo muy parecido a lo que hizo Wikileaks en Irak y Afganistán).

Estos periodistas se encontraron con el elogio de la sociedad, pero con el rechazo de los editores, que temían publicar noticias y reportajes tan incendiarios. El mismo Hersh declararía: “Nadie lo quería. Tuve que crear una agencia de noticias independiente y venderlo a los periódicos como una colaboración sindicada, explicando a todo el mundo que los derechos de autor eran nuestros, que había estado sujeto a consultoría jurídica y que nuestra era toda responsabilidad ante cualquier proceso judicial que pudieran instruir”.

Hoy, sus palabras las firmaría el mismísimo Julian Assange. ¿Quién más se anima a escarbar en la basura?

Fuente: Periodistas Hoy.es

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