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Cuento corto, titulado: Huidas

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Cuento corto, titulado: Huidas

Mensaje  lorenzo huitron el Mar Abr 26, 2011 4:11 pm


"Huidas"

Oye, Francisco, te has dado cuenta que cuando pretendemos ir al cine, siempre vamos a dar a algun cafe o cuando pretendemos ir a estudiar a la biblioteca, estando ahi, no podemos estudiar? -Asi recuerdo fue la entoncacion que en aquella vez le dio Lupita a su pregunta. Quiso darle un tono como si hubiera descubierto aquello precisamente en aquel momento. Nada mas claro. Fue una deliberada provocacion. No podia mas. dejaba emparejados sus poros para que salieran los ruidosos taconos de sus pasos dados en algunas salas vacias de su alma. Se oian, nocheados y soledosos, como la luna llena y los grillos en algun lote valdio; impresionantes y tristes, como los rayos nocturnos que nadie ve ni oye y cuyas evidencias yacen perdidas para siempre en el fondo de algun barranco entumido por el frio y el sonido uniforme de la lluvia. Ella queria oir tambien los mios...

Desde que nos conocimos en la prepa, en aquella ocasion en que presentamos juntos nuestros examenes de regularizacion, nos presentimos algo extrano en comun, pero nunca nos lo dijimos tan claro como en esa noche. Cuando pregunto, estabamos sentados en una de las bancas del Jardin del Santuario, frente a la avenida Alcalde. Esa noche del viernes era extrana, era como si fuese descaradamente timida o estuviera arrepentida o como si solo se tratara de estarle temblando los labios por frio.

Aquella noche se dejo sentir por igual a los dos. La percibimos como una respiracion que resollara cerca de nuestros rostros, de nuestros oidos: asi, ansiosa como si ya le fuera a tocar su turno para decir algo.
Aquella vez nos habiamos encontrado por la tarde en uno de los pasillos de la escuela, en el mismo de siempre: donde nos sabiamos. Acordamos ir en esos momentos a un ciclo de conferencias que habian empezado un dia antes, pero no llegamos a ir. Al cruzar la puerta del auditorio empezamos a escuchar la misma voz solemne y vigorosa de siempre. Nos dimos cuenta que estabamos cansados desde hacia ya algun tiempo. No se que nos pretextamos y nos dimos a caminar, a aislarnos del edificio de la escuela. Caminamos por una calle poco transitada, hablabamos poco. Nos oiamos mas cuando callabamos, por eso llegamos a un lugar en el que habia mucha gente. Por fortuna estaba desocupada una parte de aquella banca. Nos sentamos. Suponiamos que habia colas y bolas de gente esperando sus camiones, que habia un semaforo en la esquina, que a esa hora habia mucho trafico, que habia mucho ruido y humo. Pero realmente no nos dabamos cuenta como era de particular todo aquello en aquel preciso momento. Permanecimos sentados, no hablabamos casi nada, de vez en vez deciamos algo que no alcanzo a recordar. La noche se empozaba, era como si el tiempo que habia ido a dar ahi, hubiera tenido anos de andar rodando y estuviera ya podrido de cansancio y con una hediondez insoportable. Sin lugar a dudas por eso aquella noche se esforzaba por dejarse sentir: no se toleraba. Por eso Lupita me hizo la pregunta, por eso yo tambien hiba a hacersela. Callamos un poco, ambos advertimos nuestros ruidos un poco confundidos.

Lo que le faltaba a la noche de ese dia para que se acabara, era tan poco respecto de lo que necesitabamos decirnos, que era tanto, que poco falto para que todo hubiera transcurrido simplemente asi, de no ser por lo que paso en aquel momento: un rechinido de llantas frenadas y un chillido sumamente desgarrador venido del hocico de un perrito fue lo que resulto decir todas esas cosas nuestras que hasta aquel momento habian quedado detenidas. Era inminente la muerte del perro que se batia en espasmos sangrientos. "Seguramente le aplasto el corazon" -recuerdo que le dije con una tristeza sin remedio-. "No Francisco, el perro ya lo traia asi desde antes de que lo atropellara el carro" -contesto-. Ambos entendiamos aquello con la misma profundidad. Recuerdo que callamos, que habiamos visto que un perro cojo y viejo se retiraba del lugar del accidente dando vuelta por la esquina opuesta a aquella por la que habia aparecido aquel perrito. "Es verdad -pense- aquel perro que se acababa de retirar esperaba al perrito desde antes que doblara la esquina. Estaba ahi, en el puro centro de la banqueta. Parecia que estaba ahi desde siempre y con una presencia tan clara y perceptible como son los relieves de las monedas de a peso que ya no hay en circulacion. Envuelto en un intranscurrir intrigante del tiempo, esperaba. Parecia estar disecado. El perrito aparecio, aparecio en la esquina. Camino hacia el sin perderlo de vista. Se acerco y le miro fijamente a los ojos. Vio su propia imagen en los ojos de aquel perro mayor y acabo confundiendose con la del otro como sombra de dos cristales empalmados... lo vio y se vio intensiones quebradas y con rabia, soledades en el pecho, un enmudecimiento y desgana por hambre, le descubrio un desamparo total, una vejez prematura, el hocico golpeado y tragados los ladrifos..." "Si -recuerdo que lupita murmuro- se esconderia permanentemente de quienes le pudieran adivinar toda aquella verguenza como se la adivino a aquel que huyo por eso... precisamente por eso el perrito atraveso la calle con el corazon aplastado desde antes". Despues de eso, callamos, nos miramos largamente a los ojos y nos dimos verguenza. Enseguida nos despedimos y cada uno doblo en una esquina para siempre.


Lorenzo Huitron.
Premont, Texas.
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