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La leona herida

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La leona herida

Mensaje  remago el Sáb Mayo 14, 2011 7:12 am

La leona herida



Asistió primero a la brutal y rapidísima cacería del búfalo, él sabía bien que muy pocas veces los leones se atreven con ese poderoso ungulado, pero en esta ocasión la manada estaba hambrienta y las crías no encontraban ya apenas leche en las ubres de las cazadoras, tanto tiempo sin lluvia estaba convirtiendo la subsistencia en la sabana en una batalla diaria a cara de perro, las leonas tenían un aspecto lastimoso, la piel marcando las costillas y los huesos perfectamente visibles en los ijares; rodearon lentamente en número de quince a un búfalo retrasado, de gastada cornamenta y mirada desvaída cuya vejez había ya transformado el antaño trote sobrado, cuello alto, y testuz orgullosa en un cansino avance que no permitía interrupciones para seguir el ritmo de la manada.
Cinco de las cazadoras, las que aún conservaban algo de fuerza, cortaron diligentes en semicírculo la distancia que separaba al búfalo de la cola del rebaño, los más cercanos de la manada patearon furiosamente el suelo girándose una y otra vez hacia atrás como advertencia, pero las leonas les ignoraron dejando que su distancia fuera aumentando, el resto de ellas rodeó los flancos de la víctima y, cuando la soledad del bóvido respecto a sus compañeros marcaba ya claramente la separación entre zona de muerte y zona de vida, una leona hizo el primer amago de ataque.
Fue la señal.
Su vista apenas podía seguir toda la serie de movimientos, rápidos y combinados, los ojos del búfalo saliéndose de las órbitas, dos felinos habían saltado sobre su lomo y permanecían allí, a pesar de las contorsiones feroces, agarradas como garrapatas inmóviles, garras y dientes hundiéndose en el cuero polvoriento, el resto de leonas lanzando zarpazos y retrocediendo de inmediato ante las cornadas y coces desesperadas de la víctima, el peso de las dos primeras conquistadoras detuvo pronto el intento de carrera hacia la manada y la sangre que comenzaba ya a encontrar fuentes de salida en el morro, las ancas, el vientre, consumaba velozmente la labor de desgaste, el bóvido estaba ya trastabillando y eso resultó dramático para una leona que, detrás de él, se confió en exceso y consideró llegado el momento de saltar sobre sus ancas para acompañar a sus dos compañera y terminar de tumbar al enorme animal. Justo en el momento del salto, el búfalo sacó fuerzas de flaqueza y lanzó su última coz, que le hizo perder ya definitivamente el equilibrio y caer para ser devorado vivo, pero su casco alcanzó de lleno a la leona, rompiéndole la quijada y lanzándola a varios metros, y cuando se levantó del suelo manaba sangre por la boca y en el charco que en pocos segundos apareció junto a su cabeza varios molares e incisivos amarillentos pagaban el precio de un accidente de caza. La leona caminó cojeando y sangrante hacia el revoltijo de compañeras bajo cuyo amasijo apenas se podía distinguir el extremo de un cuerno en otros tiempos amenazante, pero cuando llegó al festín no pudo hacer sino dejarse caer al suelo respirando dificultosamente, y escuchar como la vida lanzaba broncos gritos largos y quejosos desde los pulmones de la víctima, mientras pedazos de ella iban entrando, chorro de sangre y carne palpitante y caliente en las fauces de las leonas. Cuando varias de ellas rasgaron con sus cuchillos mortales el vientre de la víctima, ya tumbada de lado, para introducir sus cabezas en el amasijo de intestinos y vísceras humeantes, el ronquido se fue haciendo cada vez más breve, ronco y resignado.
Pero la leona herida sabía que nada de aquello iba a ser para ella y esperó, tumbada y buscando una condición respiratoria que encontrase posibilidad de funcionar sin causarle aquel tremendo dolor en la quijada y los belfos, por los cuales la sangre no dejaba de salir, bien que con menor virulencia y formando poco a poco una costra que al tiempo que le hacía aún mas difícil la toma de aire, cerraba un tanto la salida al fluido vital y hacía acudir presurosas a las moscas, tábanos y demás verdugos martirizantes.

Cuando el festín estaba ya finalizando y las cazadoras se movían despaciosamente ya por el lastre de sus estómagos, los buitres encontraron la indiferencia suficiente en ellas para poder acercar más sus saltitos macabros hasta los restos del búfalo, y entonces la leona herida se aproximó, temblando de dolor a cada avance, para ver de conseguir algún despojo que pudiera pasar directamente al estómago sin necesidad de la labor destructora que su boca no podía cumplimentar.

El sol, en lo mas alto, semejaba sin embargo tan cercano, abrasándolo todo, hiriendo con su llamarada el sensible morro herido que todavía goteaba pausadamente. El resto de la tribu se estaba ya alejando en busca de sombra protectora donde digerir, larga siesta de reparación, satisfecha renovación de células en decadencia, vida que reposaba en calma ante la tregua de indefinida duración.

La leona herida vio como se distanciaban y su ánimo no bastó para intentar seguirlas más que unos pocos y dolorosos pasos, su pie quebrado eludía el mínimo contacto con la dureza del pedregal y la fatiga acumulada en los esfuerzos para conseguir unos lametazos en trozos de piel sanguinolentos en su parte interior pudo más que el instinto gregario y aplastó su cuerpo contra el suelo ardiente.



* * * * * * * * * * * * * * * *

Luego, cuando varias horas más tarde, el ocaso llegó portando una, al menos aparente, capa de compasión para la vida, bajaba ya el sol hacia la línea amarilla y lejana, llegaron las hienas. Desde lejos habían olfateado la vertical del vuelo en círculo de buitres y demás carroñeros y, ya cubierta la mitad de la distancia, habían visto la mancha en tierra de los pocos que todavía rebuscaban entre los restos, estiraban dos picos un pedazo de tripa disputando irritados los últimos despojos, dormía inquieta la leona herida, lanzando breves rugidos, entre el sueño de queja y rabia, contra el invisible enemigo que clavaba dientes de fuego en su morro y su pata quebrada.

Despertó con los crujidos de huesos machacados, poderosísimas mandíbulas abriendo la osamenta que los buitres habían abandonado blanca y pulida para sacar la preciada médula de su interior. Risas aisladas, sardónicas, el sonido aborrecido del más temible rival territorial, dentelladas al aire cuando un competidor se acercaba demasiado, perfiles sombreados de pelaje hirsuto moviéndose con rapidez y llenando la cercanía. Eran muchas, y la leona comprendió que su manada se había ido lo bastante lejos como para que su más odiado enemigo, la hiena, campara sin temor por sus respetos.

Entre las luces serenamente menguantes del ocaso, la leona herida vio como los bultos de cuello inclinado hacia el suelo, cabezas bajas y miradas rastreras se iban acercando con precaución e interés. Se produjo un intercambio de funciones, los cánidos más alejados levantaban la testuz olisqueando el aire de los alrededores para prevenir la presencia, que hubiera sido lógica, de otros leones cercanos; los más atrevidos, a poca distancia ya del felino, estiraban el hocico en busca del olor de sangre que les asegurase su creciente esperanza de que estaban en presencia de un enemigo herido. Conversaban, mientras, entre ellas de forma entrecortada y jocosa, como regodeándose de la previsible y deseada venganza. Carcajadas histéricas respondieron, bien que con cierto retroceso prudente, al rugido que la leona, sacando fuerzas de flaqueza, intentó teñir de poder amenazante. Pero volvieron a acercase nuevamente, en movimientos rápidos a veces, cautelosos en ocasiones, vigilantes siempre.

Finalmente convencidas ya de su tremenda suerte, el adversario poderoso y atávicamente odiado, generaciones de odio avieso y creciente, y ahí estaba, solitario y débil ante su ventaja numérica, los ladridos sonaban a risa y las risas sonaban a ansiedad perversa y compartida, no se trataba ya esta vez de alimento para sus cuerpos solamente, también para sus almas malévolas y llenas de odio, envidia hacia la fuerza y el poder, que representaba aquella figura tendida y lamentable cuyo rugido iban a convertir en maullido aterrorizado entre todas, las hienas se pasaban la lengua por los labios y practicaban crujidos de mandíbulas ansiosas por destrozar, adelantando el placer de su odio satisfecho, giraban ahora en círculos cada vez más estrechos, lanzaban destellos los ojos amarillos en la oscuridad que iba difuminando su peludas figuras de líneas que descendían sin interrupción desde la altura de sus cuartos traseros hasta el hocico babeante que rozaba el suelo, la leona lanzó un zarpazo con su pierna delantera sana y dos demonios silenciosos esquivaron sin dificultad mientras otro tres atacaban en respuesta los flancos del felino, que se revolvió rugiendo todavía hacia las atacantes, para ser inmediatamente enganchado su cuello por la parte superior, dos tenazas se introdujeron bajo su piel y el movimiento violento de su cabeza no consiguió desprenderlas, abrió inútilmente las fauces desprovistas, la masa tumefacta de su hocico recibió entonces una nueva presión de dientes afilados y abrasadores, una hiena volaba de lado a lado sin soltar la presa de acuerdo con los movimientos enloquecidos de la cabeza de la leona y todo el grupo completo de los cánidos se lanzó al ataque sin dejar un centímetro del cuerpo felino sin morder. Oyeron al fin, tras generaciones de intensa espera, de paciente espera, el deseado maullido indefenso, lloroso, gimiente, casi infantil y una oleada de felicidad malsana se apoderó de todo el grupo de atacantes, redoblando sus mordiscos en orgiástico placer, conversando excitadas entre ellas las fieras, ya es nuestra, no os la comáis deprisa, hagamos durar el momento, el ocaso ya estaba quedando atrás y la noche dejaba a la luna redonda que desde lo alto iluminase de blanco la escena, como un foco circular que a falta de sudario ilustrase la escena del horror y la muerte, que no era esta vez muerte que daba vida sino expiración última del poder que daba paso a la expiación culpable de la envidia y el odio.

* * * * * * * * * * * * * * * *

Se sintió partícipe por razón de morbosidad, que era también y en cierto modo complicidad con la horda asesina, con su malevolencia y rencor. Se había mantenido quieto, mirando, sin hacer nada, sin intervenir... voluntariamente espectador solidario del terror y la miseria del verdugo convertido en víctima indefensa.

¿Por qué?

Encendió un camel del placer de la aventura y se contestó a sí mismo ¿y por qué no? Los documentales de la segunda cadena eran francamente buenos y él nunca había dejado de soñar, pequeño y canijo como era, que cualquier noche de luna llena varios vecinos del barrio se apostasen con él tras las esquinas del suburbio en espera de que apareciese, solitario y medio borracho, el matón del barrio que les tocaba, al pasar ante ellos, el pecho y el culo a sus mujeres, sonriendo con prepotencia.

Ya satisfecho, agarró el mando a distancia y cambió de canal.





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Re: La leona herida

Mensaje  Don Sapo el Sáb Mayo 14, 2011 10:21 am

A este cuento lo consideraría una genialidad, si no fuera por un detalle que es común en muchos escritores y al que yo le doy mucha importancia. Me refiero a un error conceptual de la conducta animal.

A excepción de ese detalle, el cuento entero está perfectamente pensado, llevado y con un final excelente.

Las leonas no son tan estúpidas (ni la coz de los búfalos tan dañina para ellas) como tan feamente quedó la leona. No a ese extremo de invalidez. El cuerpo de los felinos es muy elástico hasta con el sistema óseo y, por eso, “diseñado” para poder amortiguar golpes tan terribles como una coz y que no los deje definitivamente inválidos. Su dentadura es de lo más firme y resistente como para que pueda pasar de romperle uno o dos dientes. Es más fácil que se les disloque la mandíbula y, en tal caso, al intentar comer o morder (desesperados por hambre) se les reacomoda en el esfuerzo de morder desgarrando y/o masticar.

Continúa en que las demás se fueron como ignorándola. Los felinos no tienen ese defecto tan humano. Si cazan en grupo, no abandonan a un miembro tan fácil. Si ya era una leona vieja y enferma, que por eso tuvo la mala suerte e impericia de recibir una coz, que le produjo un severo derrame interno que le impida poder caminar o reponerse, las compañeras se suelen quedar cuidándola para que nadie la importune, hasta que se reponga, o hasta notar que ya falleció. Las hembras son parientas entre sí. ¿Cómo van a abandonar a su madre, tía o abuela que quizá sólo necesite descansar unas horas? Sobre todo si ya comieron.

Los buitres planean señalando a las presas posibles, pero nunca les dejan las sobras a las hienas. Por el contrario, las hienas los espantan enseguida o, los remolones confiados, se convierten en más comida. Pero eso, sólo cuando dejaron de cuidarla, por corroborar que ya murió.

Si le doy tanta importancia a detalles de conocer bien la conducta o procesos naturales, es precisamente porque, gracias a muchas personas que a lo largo de la historia describieron erróneamente a detalles, es que el grueso de los humanos tiene tan mal concepto de los animales, que hasta considera sanguinarios y atroces a los que son “más humanos” que nuestra propia especie.

Lo cual, trasladado a la forma en que suelen concebir y llevar historias la mayoría de los escritores, notamos que se suelen regir por lo que otros describieron (con frecuencia erróneamente y mal) para darlo por válido y continuar difundiendo en la mentalidad masiva a cosas “intrascendentes” a lo que es la historia en sí, pero importantes por cómo deforman la concepción de la realidad en la mente de los lectores.

Sin ir más lejos, fíjate que en infinidad de historias alguien arroja un cigarrillo encendido sobre combustible derramado y éste arde o, peor aún, estalla todo. Yo mismo suelo demostrar a niños o adolescentes que, si arrojas un cigarrillo encendido dentro de una lata con combustible, lo que sucede es que el cigarrillo se apaga inmediatamente como si fuera en agua. ¿Cuántos creen que no es así y gracias a quiénes?

¿Cuántos se molestan en VERIFICAR hasta qué punto pueden tener razón lo que se difunde popularmente y se reafirma mediante los que escriben sobre aquello que no dominan del todo, pero dan por obvio que “debe de ser como me parece” o “como lo describen en general”?

Lo mismo cuando un personaje recibe muchas heridas, o serias, pero casi nunca se tiene en cuenta que, según la clase de herida, es la severa limitación de movimientos que le implica, las consecuencias de la pérdida de sangre y, sobre todo, cuánto tiempo posterior requieren de convalecencia con movimientos harto limitados.

Algo que a Hollywood se le criticó hasta el hartazgo, es que el héroe (o heroína) cuando parece que está herido grave, te muestran que a las pocas horas está “perfecto”, sólo con un brazo vendado como si se hubiera luxado una muñeca y nada más. Cuando mostraban que recibieron una herida de bala en un pulmón (no en el hombro). Pero luego, a pesar de la terrible sangre que manaba, el médico “decidió” que la bala sólo resbaló sobre una costilla, quebrándola, pero se va a restablecer perfecto.

O lo pésimo que se describen a procedimientos policiales, judiciales, y de casi toda profesión. Según la mayoría de los escritores, un hacker en cinco minutos, o menos, logra descubrir la contraseña o clave de acceso de alta seguridad a una máquina. En la vida real, pueden pasar semanas buscando descifrar la codificación y dar con la contraseña adecuada y, eso, estando consustanciados de muchos detalles “íntimos” de la psicología y costumbres de la persona o institución a vulnerar.

Por lo cual, antes de escribir una ficción, siempre me pregunto ¿Hasta qué punto “todo vale”, en menospreciar detalles de la realidad, o permitirse “licencias de escritor”, por ser “un simple cuento”, salido de la imaginación?

En fin... que sólo es mi punto de vista y con intención reflexiva, nada más.

(Editado)
A modo de post data, sugiero que tengas en cuenta también a detalles como ése del final de:
Encendió un camel del placer de la aventura y se contestó a sí mismo

Porque no cualquiera sabe qué es un Camel (marca de cigarrillos rubios). Mucho menos que su frase publicitaria era "el placer de la aventura".
¡No faltarán quienes se pregunten ¿Que habrá querido decir con encender un camello?!

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Tú ¿estás haciendo algo por cambiar positivamente a la sociedad,
para que no haya tanta injusticia y desequilibrio social?
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la leona herida

Mensaje  marisola el Sáb Mayo 14, 2011 1:04 pm

Porqué el autor no se cargaría a la leona desde la parte en que el búfalo le da la coz??, saben creo que el ver sufrir a algunos suele ser el regodeo para otros. Y es penoso. Por que lo único que habita en esos corazones es: Envidia y Odio.
Yo soy de las que prefiero, cosas tales que:

" La grandeza de una nación y su progreso moral
se pueden juzgar por la forma en que tratan a sus animales"

Mahatma Gandhi
Supongo, que me llevó una gran decepción, pero no tan sólo de quién la historia trajó, si no de quién cree, que quién dice, camel bien no pudiera poner un puro en la boca, porque si bien el charco de gasolina no prende con un cigarrillo o cerilla, sí pudiera hacerlo con un buen canu..ó purillo.Lo que cuenta es el gas inflamable del ambiente.
Aunque el espíritu de lo ya empezado no queda por concluir, porque si fuera yo leona, mí espíritu es de seguir, y aunque no tenga fuerza en la mandíbula, tengo fuerza en el alma, y mi relato sencillo será, pero a todo corazón llegará. Remago, me falta la velocidad y la hazaña de tu manejo con las letras, pero soy honesta, de palabra, y aunque no puedo hacer daño a quién conmigo en la vida cabalga por esta sabana, si le puedo respetar y acompañar hasta el fin de sus días, como buena pareja de leones. Pero, no sería noble
dejarle creer que es dueño de toda la parte de mí corazón, porque la que se engañaría en primer lugar sería yo, y luego a él. Respeto hasta el final, y la lucha contra las hienas siempre esta presente en noches, y no sólo de luna llena.
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Re: La leona herida

Mensaje  remago el Sáb Mayo 14, 2011 4:53 pm

Para ser un simple detalle, amigo Sapo, me da la impresión de que ocupa casi tanto espacio como el mismo cuento al que se refiere.
Yo, francamente, estoy mucho más dispuesto a aceptar con toda sencillez algo tan obvio como que no todas las personas tenemos las mismas opiniones sobre las mismas cosas y no tengo problema en comprender que respecto al reino animal y el mundo del tabaco tenemos opiniones distintas.
Ancha es España, como decimos en mi país y lo que me parece verdaderamente meritorio es tu paciencia al leerte el cuento entero y tu interés en elaborar tus propias opiniones, cosa muy respetable.

Gracias por tu lectura y comentario

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Re: La leona herida

Mensaje  remago el Sáb Mayo 14, 2011 4:57 pm

Disculpa mi torpeza, marisola, pero no consigo establecer claramente la relación entre tu comentario y el cuento al que se refiere. Excepto señalarte que los leones, salvo mejor opinión, no viven en pareja, no sé muy bien qué responder a tus reflexiones, de modo que me limitaré a agradecer tu atención a mis letras y quizá releer con más atención, en otro momento, tus lucubraciones.

Besos

remago
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Re: La leona herida

Mensaje  Gwendoline Welden el Sáb Mayo 14, 2011 5:48 pm

Hola remago, he leído casi todos tus escritos y me gusta mucho tu estilo. Sabes encontrar las expresiones precisas para que el lector experimente aquello que quieres transmitir, haciendole que se meta en la trama y lo vivencie en carne propia. Esta historia te introduce de lleno en la sabana, tanto que he me he imaginado la escena hasta tal punto de sentir la necesidad de taparme los ojos en algunas partes, como cuando veo documentales en la que se muestran esas escenas (acostado de risa).

Lo único a mejorar sería la puntuación (hay muy pocos puntos seguidos y apartes), que al leerlo en voz alta te ahogas un poco en algunos tramos. Pero por lo demás muy bien Sonrie

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Re: La leona herida

Mensaje  remago el Sáb Mayo 14, 2011 8:48 pm

Gracias, Gwendoline, por tu grata visita y tu amable comentario.
Seguramente tienes razón en tu referencia a la longitud excesiva de los párrafos, sin apenas dar descanso al lector. Escribí este cuento hace bastante tiempo y recuerdo bien que antes de hacerlo estaba viendo un documental en la tele que me impresionó mucho (soy muy aficionado a los documentales sobre naturaleza y reino animal) y nada más terminar de verlo me levanté y me puse ante el ordenador para escribir el cuento tal como me salía, todo de un tirón.
En mi descargo diré que no es así como suelo escribir, en general; aunque sea un trabajo grato, escribir es un trabajo, o así me lo tomo. Eso significa que intento evitar esas tendencias que todos tenemos a veces de "dejarnos llevar" porque a menudo redundan en no prestar la atención y el cuidado que deberíamos.

Gracias, en cualquier caso, repito, por tu crítica tanto como por tu aliento.

Un abrazo

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la leona herida

Mensaje  marisola el Dom Mayo 15, 2011 6:46 am

Tallas la botella con delfines y una pareja enlazada en Amor. Y no sabes ver las dos imagenes??

Perdona, Remago, hay dos tipos de organización social entre los leones, "los nomadas" y "los sedentarios". Sólo que aunque suele ser raro ver a los nomadas por la caza furtiva de muchos cazadores, se obseva que van emparejados. (El único punto malo en el grupo, es el cruce de sangre entre ellos), pero por lo demás al ser grupos pequeños mantienen la pareja.
Por otro lado, Los sedentarios, son los que cambian más de pareja, porque la propia hembra los suele expulsar una vez alcanzada la madurez. Ya ves!! como la vida misma.
Un enlace bueno es:
wikipedia.org/Biología y comportamiento de Panthera-leon.
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Mensaje  marisola el Dom Mayo 15, 2011 6:53 am

Gewdoline cambiaste al lobo blanco, por el común? ó te convertiste a hiena?
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Re: La leona herida

Mensaje  Gwendoline Welden el Dom Mayo 15, 2011 7:49 am

Marisola, que la temática de la historia no resalte los buenos valores y que, como tratáis de hacer entender, no se corresponda totalmente con la realidad (o la realidad general de la vida animal, porque puede haber excepciones como el documental en el que se inspiró remago) no significa que el cuento no esté bien escrito y no logre transmitir bien lo que desea. A mi me gustó por eso, porque hace que te metas en la trama aunque puedas no identificarte y estar de acuerdo con los ideales que expresa.

No es que me guste imaginar animales que se comen a otros, sangres, vísceras y destrucción, ni tampoco sentir ese ansia de venganza de las hienas. Al contrario, quería que las hienas se fueran, que la leona se levantara, que surgiera el milagro, y "el quererlo" es lo que demuestra que el relato "transmite", que no te deja impasible, sino que te hace partícipe de lo que ocurre, como si lo estuvieras, no solo viendo, sino viviendo. Te hace sentir la impotencia de lo que refleja y la intriga del "qué pasará". Si fuese un relato malo, ni siquiera lo hubiese terminado de leer.

Hay libros cuyos protagonistas son asesinos en serie. Edgar Allan Poe, por ejemplo, hacía del lado oscuro su mejor aliado. Eso no significa que no sea (para muchos) buen escritor, y que a quien le guste leer sus obras sean malas personas que se identifican con sus personajes. Con la escritura se busca transmitir, que los demás sientan lo que el escritor desea que sientan (algo que es harto complejo). Y es más difícil lograr eso con relatos truculentos que con los que resaltan los buenos valores. Remago lo logra bastante bien, haciendo del típico documental de la dos (aburrido para muchos) un relato emocionante.

No creo que por opinar esto, tenga yo, que convertirme en hiena.

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Mensaje  marisola el Dom Mayo 15, 2011 5:56 pm

Gwendoline, no es que te conviertas es hiena, es que reflejas el instinto de gozar de un dantesco escenario donde no se ve más que la violencia de la sabana, y que luego cada cual hara lectura al campo vivencial donde lo lleve. Es mi lectura, personal.
Por otro lado, aunque el relato sea malo, un/a buena moderadora debiera acabarselo de leer, para no omitir nunca ningún matiz, puesto que un mínimo pudiera ser indicio o máximo de algo.
No se si la percepción de la historia en sí es que ya no me gusta nada, pero en verdad yo no puedo más que decir que aunque Remago, tiene el don de la escritura, limpia, pulcra, cuidada, y bella de leer, para mí, me decepciono enormemente con el tema elegido, igual por mí percepción, reitero.

Remago, Ancha es España, sólo lo diría un españolista (como un madrileño, o un vallesoletano(de Valladoliz)o un español), nunca un Vasco/a sabes que nuestro país, Euskal Herria, no la consideramos parte española. Aunque tengamos que estar vínculados a la fuerza. Pero, ya llegará un Gandhi, espera y verás... Por cierto, la frase no es tal, que yo sepa es Amplia es Castilla.
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Re: La leona herida

Mensaje  Gwendoline Welden el Dom Mayo 15, 2011 7:27 pm

En mi anterior mensaje expresé lo siguiente:

No es que me guste imaginar animales que se comen a otros, sangres, vísceras y destrucción

quería que las hienas se fueran, que la leona se levantara, que surgiera el milagro,

El relato te hace sentir la impotencia de lo que refleja y la intriga del "qué pasará"

¿Donde leíste que gozo con las escenas? Gozo con la escritura, con el modo de describir, con lo bien que remago lo hace. Como señaló Don sapo, considero a esta historia una genialidad. (Por su estilo y forma)

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la leona herida

Mensaje  marisola el Lun Mayo 16, 2011 6:47 pm

Gewdoline, no me gustó el empleó, de cierto emoticono, donde las lecturas pueden ser dos:
1- me rió de lo que veo pero lo hago contigo o con lo que aparece
2- me rió de lo que veo pero lo hago de lo que pasa en sí. Aunque te tapes los ojos. Una no siente nunca vergüenza cuando ve algo lindo o puro, se tapa los ojos, cuando lo que ve lo considera impuro.
El emoticono en sí es este: acostado de risa , y me molesto, porque te pregunte,¿ te cambiaste de lobo blanco, a lobo común o a hiena?.
Tú, aludiste a la hiena, directamente.
Yo, pregunté, tú respondiste.
No fuí con intención de dañarte, sino de que percibieras, donde estaba la risa de la sabana que yo también observaba.
Y que a mí no me hacía gracia, en el cuadro en el que el autor ya había empezado a plasmarlo. Siento, tan sólo el haberte dejado con la palabra en la boca, que no era mi intención, porque ya tenía una decisión pensada, aunque de poco me ha servido, soy de esas chicas tontas, a la que siempre le puede querer ayudar al corazón, que a mirar un poco a sí misma de vez encuando.
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Re: La leona herida

Mensaje  Gwendoline Welden el Mar Mayo 17, 2011 3:09 am

No importa, Marisola. La risa era por la frase que la precedía:
Esta historia te introduce de lleno en la sabana, tanto que he me he imaginado la escena hasta tal punto de sentir la necesidad de taparme los ojos en algunas partes, como cuando veo documentales en la que se muestran esas escenas

Me reí al imaginarme la escena tapándome los ojos mientras leía. En las películas de terror es normal que se haga eso, porque no ves la escena, y la película sigue avanzando. Sin embargo, taparte los ojos mientras lees es absurdo, porque lo único que estas viendo son letras. Lo que tendría que taparte es "la imaginación", o saltar de párrafo. Me reía de ese comportamiento. De mi propio chiste. No deduje que me denominaste así por el emoticono.

abrazo

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la leona herida

Mensaje  marisola el Mar Mayo 17, 2011 6:01 am


abrazo abrazo abrazo
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Re: La leona herida

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