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Lo que implica la imagen personal

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Lo que implica la imagen personal

Mensaje  Don Sapo el Miér Mayo 25, 2011 3:42 pm

Desde que nacemos se nos inculca que es importante la imagen que otros se hacen de nosotros como personas. No tanto por una cuestión de estética visual, sino por lo que se puede deducir de la misma.

Es importante la imagen que damos, porque a partir de la misma pueden hacerse una idea de cómo somos. Lo primero que muestra la imagen personal, es hasta qué punto somos personas que cuidamos la higiene o somos prolijos, cuidadosos. Si somos personas enfermas, o sanas, en el grueso de los aspectos básicos. También, por la forma y aspecto del cuerpo, si somos personas activas o perezosas. El nivel de agilidad y fortaleza, o de torpeza y debilidad.

También se puede apreciar bastante de los gustos personales y algunas inclinaciones o preferencias, por el estilo y detalles de cómo nos mostramos; detectando así hasta qué punto tenemos con otros cosas en común o diferencias. Sea por el uniforme, una marca específica de ropa o tan sólo un pequeño distintivo de solapa. Todo detalle suma, o resta, a predisponer a otros en la forma que nos tratarán. Si más bien con admiración o envidia, o con lástima y hasta desprecio.

Nuestro ego es sociable y vive necesitando relacionarse con “semejantes” (según entienda quiénes son “semejantes” o “iguales”); y también de la aprobación a lo que somos y hemos logrado, porque es una forma de ir testeando que “estamos haciendo bien las cosas”; que no estamos desperdiciando el tiempo de vida.

Aquí es donde está el primer problema álgido de la humanidad: ¿Cómo saber que no hemos desperdiciado la vida, que vamos por buen camino?

Hay dos vías para sentirse satisfecho con uno mismo. La primera, es la certeza de saber el sentido de la vida, nuestro objetivo y razón de existir y estar convencidos que “lo hacemos bien”; que vivimos “como corresponde” o “es debido”. La segunda, es el concepto que los demás tienen de nosotros, la aprobación tácita o directa de lo que somos y hemos logrado; porque es una forma de corroborar que nuestros conceptos (la primera vía) están acertados o son correctos.

Pues de modo natural e innato sabemos que la vida no es un accidente que comienza al formarse el feto, para acabar al abandonar definitivamente al cuerpo físico. Que hay una razón para que hayamos nacido “aquí y ahora”, en las circunstancias y entorno en el que me tocó vivir. Pero como este tema es harto complejo y motiva más frustración que alegría, es que históricamente se prefirieron las respuestas fáciles como que hay al menos dos dioses que se entretienen observándonos y alterándonos la vida (Aún los monoteístas, como los cristianos y musulmanes, describen al “Diablo” como el “dios maligno” que, supuestamente, es menor que el primero y principal, pero en la práctica su poder es igual o superior al principal. Verdadera paradoja de los monoteístas en general, que argumentan pésimo al por qué “Dios permite” que un “subordinado” haga tantos estragos e injusticias con personas de lo más nobles y es lo que llevó a muchos a directamente negar seres superiores o al Dios único como se lo describe).

Retomo el hilo. De modo innato sabemos que hay alguna razón para que hayamos nacido con las capacidades y limitaciones que nos hacen diferentes de cualquier otro. Pero ¿Cómo saber cuál será, si cada quien tiene su teoría o filosofía; cuando no es que la religión impone el borreguismo de “no pensar” mucho en ello, porque nos dan respuestas como “obedece lo que te impongo y en lo demás eres libre de hacer lo que quieras, para ganarte una vida eterna de lujo y felicidad total”. Los descontentos con semejante manipulación, suelen irse al extremo opuesto negador de todo, del “no hay nada antes ni después de la vida presente”.

La inquietud y angustia que se va generando con el paso de los años, cuando nos hemos dejado llevar por preceptos que nos imponen vivir de modo desvirtuado, se vuelven tan fuertes, que constantemente necesitamos hallar más y más argumentos para reforzar que nuestro interior se equivoca en angustiarme, porque sé perfectamente que vivo lo mejor posible. Y es aquí donde terminamos recurriendo a los demás para que nos “certifiquen” que estamos viviendo muy bien, que no hemos desperdiciado tontamente al tiempo vivido.

Pedimos a los demás que aprueben nuestro modo de vivir, así sea en forma tácita o implícita por admiración o envidia. Buscamos argumentos justificantes y que otros los hagan propios y potencien la idea. Así creció y se impuso la mentalidad del vivir para tener, cuanto más comodidades y lujos, mejor. Desvirtuando al sentido de la vida a tan solo una competencia (atroz y despiadadamente egoísta) de ¡a ver quién es el que más tiene y mejor lo pasa!

Si ése fuera verdaderamente el sentido de la vida, los animales también acumularían comida y territorio al máximo posible. Toda otra forma de vida, incluso la vegetal, sería como un cáncer de crecimiento incontrolado e imparable, salvo por otra clase de cáncer superior. Y NADA, de lo normal en la naturaleza, funciona de ese modo; aunque algunos pretendan creer y afirmar que “así es la Ley de la Selva” y de la naturaleza en general.

Estos conceptos tan tergiversados del sentido de la vida, son los que se nos impone desde que nacemos, confundiendo y distorsionando al criterio y parámetros por los que naturalmente se rige nuestro ego (el que reina en la parte inconsciente de cada individuo). Así es como el ego tiende a tratar de satisfacer lo que desde el entorno se nos impone como “válido” y “óptimo” para ser aceptados socialmente, por más que entre en contradicción con sus conceptos innatos. Es ésta la primera y mayor paradoja interna de casi todo ser humano, la cual impide una vida verdaderamente plena, agobiando en tener que hallar cada vez más y más argumentos y excusas para justificar que “vivimos bien” y que los demás “aprueben” nuestra trayectoria, logros y modo de vida. Aunque más no sea, unas pocas personas más o menos afines a mí.

Así es como se nos invita a vivir aparentando que estamos bien y somos felices. Al menos, más o mejor que otros. A sostener la falsedad conceptual del “soy como me ven” y, por eso, trato de dar una imagen “excelente” y envidiable.

Pero interiormente, nuestro ego no nos deja mentirnos. Siempre nos hace dudar y sentir inseguros respecto de la imagen que brindamos. El ego aprovecha cualquier detalle posible para hacernos dudar de nuestras erróneas convicciones de imagen que proyectamos. Y así es como, por inseguridad interior, tendemos a incurrir en cerrar la mente para dar por obvio que “son los demás los que no saben ver” o apreciar lo que soy y valgo. O peor aún: “no tengo razones para sentirme mal conmigo mismo y mi vida”.

Aunque, también está el extremo opuesto, el de la autoestima tan baja, por no saber qué hacer, que se prefiere la cobardía de no “mostrarse” innecesariamente ante los demás. Actuar desde la comodidad del anonimato, sin exponernos a la posibilidad de que aún nos dañen más la autoestima de lo “poquito” que hemos logrado ser y hacer, repletos de dudas internas.

Muchos sienten vergüenza de ignorar demasiado a cosas que, para otros, son más que obvias. Pero más vergüenza deberían sentir los que dan por obvio que saben y resolvieron aquello con lo que sólo se auto engañan en el juego masivo del aparentar; porque cerraron sus mentes y están más desviados que quienes reconocen su desconcierto y dudas. Porque los que dudan están en la búsqueda de poder corregir y reencarrilar sus vidas. Los demasiado seguros de sí mismos, no.

Sin embargo, la especie humana en general está tan desvirtuada en infinidad de conceptos que, quien realmente está seguro de sí mismo, por haber logrado conciliarse internamente al extremo de no dar demasiada importancia al “cómo me ven”, es que el grueso de los demás parecen confabularse en atacarle al máximo la autoestima y modo de vida. Pues ¿cómo es posible que esa persona pueda lo que yo no? ¿Cómo se atreve a romper el juego de las apariencias hipócritas, poniendo en evidencia que vivo pésimo?

Con tal idea, inmediatamente buscan aliados que también se sientan “amenazados” en la comodidad de su vida hipócrita de autoengaño constante. Y, como tal clase de personas son mayoría absoluta… ¿cómo las personas lúcidas y sensatas no serán blanco constante de críticas que se ensañan en cualquier detalle que la persona aún no logró superar o armonizar en sí misma?

La impronta social es “no puedes ser feliz, o sentirte bien, mientras los demás no estemos igual”. Porque es “cruel” poner en evidencia a otros que se puede lo que ellos no han logrado ni saben cómo; pero tampoco quieren “molestarse” en el terrible esfuerzo e incomodidades, más tiempo, que implicaría tratar de aprender y lograrlo.

Por eso es que se terminó cayendo en una especie de desidia y desprecio masivo hacia la imagen que proyectan los que “no son como yo”, a la vez que un “me importa nada lo que los diferentes a mi estilo puedan pensar de mí”. Una forma de cerrar la mente al máximo, porque ya no se molestan siquiera en analizar y discernir si, otros, pueden tener razón, y cuánta, en algún detalle de lo que me observan.

Es inteligente no dejarse llevar por lo que digan los demás, no depender de la de terceros, porque siempre habrá opiniones de los más variadas y contrapuestas, según de quiénes provengan y su capacidad objetiva más sinceridad. Pero es completamente estúpido irse al extremo de ignorarlas por completo, ya que incurrimos en la soberbia de considerar que no podemos habernos equivocado en algún detalle.

Pero evitar al máximo la exposición personal, el no ser naturales y auténticos, es también una forma de cobardía, al postergar la reafirmación de nuestras convicciones y modo de ser real. Pues tampoco podremos cambiar o corregir aquello en lo que puedan tener razón.

Tenemos dos vías complementarias para poder ser plenos y vivir bien: El discernimiento sensato, más la ayuda (cuando es honesta y objetiva) de las opiniones y conceptos ajenos. Regirse sólo por una, dándole demasiada importancia, es el error más masivo que existe y principal razón de angustias e infelicidad. Sobre todo, si proyectamos a los demás una imagen artificial, deshonesta, que no es natural de nosotros mismos.

Si a alguien le parece mal que exponga mi imagen honesta, auténtica de cómo soy y me ven, es porque ese alguien no tiene otro interés que sentirse “bien” (menos mal consigo) por hacer sentir peor a otros, en lugar de la correcta actitud de tratar, entre todos, de ser y estar cada día un poco mejor. El que pretende uniformar a los demás al propio estilo, además de ser incapaz de respetar la diversidad bien entendida, que es imprescindible en una sociedad que progresa y evoluciona, también es incapaz de asumir y corregir sus propias fallas o errores.

La actitud que todos debiéramos tener respecto a cómo nos ven los demás es:
Soy lo que soy y hago lo más y mejor que puedo para mejorar, cumpliendo con mis objetivos de vida. Respétalo y ayúdame de verdad a mejorar, o cállate centrándote en tus propios asuntos, en lugar de perder el tiempo con conductas nocivas.

_________________
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Tú ¿estás haciendo algo por cambiar positivamente a la sociedad,
para que no haya tanta injusticia y desequilibrio social?
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Lo que implica la imagen personal

Mensaje  marisola el Jue Mayo 26, 2011 9:13 pm

Creo que la imagen es el espejo del Alma y no como frase hecha únicamente, es decir, quién cultiva su alma cultiva su cuerpo. Si se hace de forma positiva en una la otra lo refleja y en negativo también.
Pero, la imagen debiera cuidarse para que el reflejo sea claro, no opaco, ni translúcido, sino transparente.
De ahí la higiene, el agua, para por lo menos limpiar y purificarnos lo sucio;tanto por fuera como por dentro.
Desde luego el desaliño ímplica dejadez, y el mantenimiento físico, constancia, cuidarse es quererse y querer mejorar y hacer mejorar a los demás, ofreciendoles como mínimo limpieza y transparencia, y si se puede algo de belleza.
Mí punto de vista, es que hay un punto de armonía que si lo superas, sacas a relucir la Vanidad, La Soberbia y a su vez preceden a un menosprecio que te rodea, en cierta forma.
En cuanto a vestir, creo que lo importante es primeramente sentirse comodo, independientemente de lo que sea estar o no a la moda, cada cúal debe sentirse comodo, suelto, sin opresión, pero a la vez que se guste en su forma de vestir sin tener porque estar coaccionado por nada. En todo caso, tú propia filósofia de vida, por ejemplo, prendas ecológicas con algodón Bio (que por aquí la verdad esta teniendo éxito). En algunas comunidades, se da el nudismo, en nuestras costas, se aprecia que la demanda se incremento, pero bueno, me parece que todabía dista de lo que sería de esperar.
Si la educación hubiera sido en pro-nudista, seguramente el materialismo de la prenda no pesaría en nuestras conciencias y tendriamos un problema menos a la hora de preguntarnos ¿Qué me pongo, hoy?. Hoy por hoy yo misma, siento pudor , porque aunque pienso debiera de ser lo más natural, pués sinceramente, no lo vivo como cotidiano y no lo práctico, honestamente.
Aunque si es verdad que en casa, a la hora de aprovechar el agua de la ducha, no hay reparo en hacerlo con mi hijo a la vez, o todos seguidos, no es anti-natural.

La parte del Demonio, me la salto, no la entendí y no preste mayor atención.
Pero importante es saber como no perder el tiempo. Como se certifica esto, si no lo percibo mal, y sino Don Sapo, corregirá, creo que lo percibes en tu quehacer diario, en tu humor, en la salud, en tu relación con los demás es más abierta, pero no quiere decir que no dediques tiempo a cultivar en pro de tu espiritualidad y de tu alma. Buscas armonía y paz interior. Cuando estas se alcanzan esos estados internos realmente son reflejo inminente en el exterior. La transmisión como persona dice mucho más y la gente suele Corresponder porque le íntriga saber como se puede sentir uno bien.

A lo cual Usted ya contestó Don Sapo, en su último parrafo;
La actitud que todos debiéramos tener respecto a cómo nos ven los demás es:
Soy lo que soy y hago lo más y mejor que puedo para mejorar, cumpliendo con mis objetivos de vida. Respétalo y ayúdame de verdad a mejorar, o cállate centrándote en tus propios asuntos, en lugar de perder el tiempo con conductas nocivas.

Personalmete ya vieron que aveces, desequilibrios varios pueden causar que la percepción y la transmisión se vean alterados.

Me quedo, con que debieramos aprender (Yo la Primera) que la diversidad enrriquece y es buena y es digna en su variedad, y es respetable y que debieramos quererla tanto como uno se debiera querer a Sí mismo. Porque al final, te ayuda a vestirte.

Me apunto lo de callar, Don Sapo, porque personalmente creo es otro de los muchos puntos debiles que tengo, sobretodo para no perder el tiempo.
Me pareció un buen repaso de lección y a la vez una gran reprimenda constructiva (en mí persona, y según mí percepción).
Recuerdos.
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