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Saber discernir lo válido de lo incorrecto

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Saber discernir lo válido de lo incorrecto

Mensaje  Don Sapo el Lun Jul 11, 2011 6:11 pm

Ante todo una aclaración: Si a ti te parece que es demasiado largo, porque te llevará como media hora leerlo ¿qué tendría que decir yo, que me llevó poco más de cinco horas escribirlo?

No recuerdo quién dijo que “la inteligencia parece ser el bien mejor repartido, porque nadie se queja de tener poca.” (Hay otro similar que expresa “todos se quejan de su memoria, pero nadie de su inteligencia”).

Sin embargo, en este asunto, difícilmente alguien pueda superar la necesidad egótica de considerarse capaz, aunque ni siquiera tenga claro qué comprende o abarca la inteligencia.

Casi todos asumen que “inteligente” es lo opuesto a “idiota”. Si definimos idiota, todos concordarán en que tiene serias limitaciones para darse cuenta de obviedades y cosas fáciles. Por lo tanto, la inmensa mayoría de las personas, por no ser “idiotas”, se consideran a sí mismas suficientemente “inteligentes”, aunque no tengan una capacidad intelectual destacada.

Hete aquí el quid o meollo de la cuestión: La inteligencia no es “no ser idiota”, sino la suma de capacidades intelectuales que permiten comprensión de las cosas y del entorno, para poder continuar progresando, evolucionando y ¡de modo armónico, bien integrado al conjunto!

Pues ¿se puede considerar inteligente a la persona que, para lograr sus objetivos, tuvo más perjuicio que beneficio? Me refiero a las “victorias pírricas” (de Pirro) que, para conquistar una ciudad, lo logró a costa de diezmar sus fuerzas de tal modo que ya no le quedó ejército. A los que no reparan en el costo y consecuencias para un objetivo que, luego, no tendrán con qué sustentarlo. Como invertir toda su fortuna y bienes en adquirir un elefante blanco, al cual no podrán alimentarlo, porque no tendrán con qué pagar la imprescindible comida.

Hay ejemplos menos alevosos, pero muy obvios: Los empresarios que logran fortunas, a cambio de menospreciar y arruinar a buena parte del medio ambiente, de la salud y posibilidades de supervivencia o buen desempeño de otros, así sea contaminando.

Por todo esto es que resulta obvio que, la característica más destacable de la inteligencia, es la capacidad de discernimiento sensato y objetivo. La posibilidad de contemplar abarcando mucho, panorámicamente, pero también a fondo y en detalle. Porque, como suele decirse: Por ver el árbol no ve al bosque. O que, viendo al bosque, no se da cuenta que es la suma de árboles y de qué clase cada uno.

La realidad es como una gigantesca selva, estilo amazónica. O como una gran ciudad. Un ecosistema en el cual infinidad de cosas y seres se interrelacionan dependiendo del buen funcionamiento del conjunto, ya que ello implica también el abastecimiento de lo básico para sí, como para aquello de lo que dependen para su subsistencia.

Los depredadores como felinos grandes, dependen de animales vegetarianos como ciervos y conejos. Mas ¿cómo podrán subsistir los depredadores, si los herbívoros no logran su comida? ¿Cómo podrán subsistir los herbívoros, si la vegetación no tiene suelo y clima adecuado?

En la más remota antigüedad se tenía claro a esto, pero en los últimos siglos se lo pasó a menospreciar y hasta negar. Recién en las últimas décadas se ha comenzado a comprender de verdad, técnicamente, que el planeta entero es un ecosistema completo en conjunto; casi como un organismo, donde todo se interrelaciona y afecta entre sí, directa o indirectamente.

Antiguamente se comprendió a este detalle por la dependencia de los seres humanos de su propio ecosistema local. Pero se comenzó a perder de vista, al notar que el mundo era gigantesco; tan grande que les resultaba imposible recorrerlo y abarcarlo por completo. Por lo tanto se incurrió en el error de considerar que era “inagotable” ante toda depredación; porque si se agotaba una zona, ya se hallaría otra repleta de necesarios y valiosos recursos, ya que sólo era cuestión de hallarla y llegar hasta ella para usarla, venciendo posibles obstáculos nada más.

Actualmente, los seres humanos estamos en condiciones y con capacidad de reconocer perfectamente que el planeta entero es limitado, al igual que sus recursos, de los cuales dependemos. Cuesta muchísimo poder abarcar y comprender bien a todos los detalles que se concatenan entre sí, como lo que hace a los cambios climáticos por desforestación y contaminación, pero se lo nota y comprende, a pesar de ignorar detalles de interrelación de toda la cadena de circunstancias o factores. Es como decir, comprendo que cada pieza de un vehículo o mecanismo es importante para el buen funcionamiento, aunque no sepa casi nada de mecánica para explicar cómo se produce la combustión en el motor. En otras palabras: Si noto que se salió una pieza del motor, aunque no sepa cuál es la función específica de la misma, me preocupo por volver a colocarla o reemplazarla adecuadamente para tener la tranquilidad de que “todo está bien”.

Si bien pareciera que me fui por ramas, sé que ahora tu atención y comprensión está mejor preparada para aprehender a qué me referiré, ya que el “afuera” o entorno, es muy similar al “dentro” o nuestro interior personal. Pues, como individuos, somos un ecosistema muy complejo que, además, depende de la interrelación con el resto, con el afuera o entorno.

¿Alguna vez te has preguntado, analizado y comprendido los detalles de cómo disciernes a las cosas? De ¿en qué te basas? ¿Cómo es el proceso interno de incorporar informaciones, de evaluarlas y tenerlas en cuenta, cuándo, cómo y por qué?

Son preguntas harto complejas para poder responderlas con sensata claridad y precisión. Pues intervienen infinidad de detalles que “olvidamos” o ni siquiera nos dimos cuenta que intervienen, pero influyen terriblemente. Algo similar a tener en cuenta la importancia de los insectos (reconociéndolos a todos y sus funciones específicas) en el ecosistema de una selva como la del Amazonas.

Cuando tratamos de analizar y comprender a nuestros procesos internos, especialmente los del discernimiento, solemos ver el bosque, sin tener claro (o ni idea) de qué clase de árboles lo conforman. Y si miramos a algún árbol en sus detalles, se nos escapa casi por completo la compleja interrelación y dependencia que tiene con factores del suelo, de clima e insectos.

Para ser más preciso: Cuando tenemos que tomar una decisión, por más trivial que sea, solemos “optar entre” (las alternativas que surjan en nuestra mente, o nos ponen por delante), pero sin comprender bien (ni molestarnos por averiguarlo) ¿de dónde surgen esas alternativas? ¿Cuál fue el proceso por el cual considero que sólo son ésas y “no hay más”? (o no logro darme cuenta que puede haberlas).

Al realizar este planteo, algunas personas aciertan a concluir que “es porque tendemos a automatizar a toda decisión”. Si profundizamos un poco más, pueden añadir: “Porque tendemos a evaluar las cosas desde parámetros que hemos aprendido anteriormente y consideramos válidos”.

En otras palabras: Al ir profundizando en la introspección de nuestros propios procesos, vamos descubriendo detalles que no parecen ser importantes, como si fueran simples e intrascendentes insectos de la selva. Sin embargo, hay insectos que, como las hormigas podadoras, pueden hacer desastres si las hay en exceso. O una plaga de langostas.

¿A dónde quiero llegar con esto? Simple: Nuestros procesos mentales se basan en esquemas de razonamientos. Algo así como plantillas prediseñadas para aplicar en determinadas circunstancias (prejuicios); que NO SIEMPRE SON VÁLIDAS o adecuadas. Sobre todo, porque tendemos a ser extremistas o binarios, de optar entre “quiero” o “no quiero”; “me gusta” o “no me gusta”; bueno/malo; blanco/negro; conveniente/inconveniente e infinidad de otras posibilidades.

La única alternativa de lo binario o extremista, es la gama de grises: como blanco pero no mucho, u oscuro pero no demasiado. Más bien claro, más bien oscuro. Como mucho gris. Punto medio entre extremos. O “neutro”, que es análogo a “no me interesa” o “no me daña ni me beneficia” (porque no es “bueno” ni “malo” como para tenerlo en cuenta o “perder tiempo” con eso).

Mediante esta forma de considerar posible beneficio o perjuicio, es que construimos plantillas de cómo evaluar cada cosa, partiendo de lo más básico respecto a “necesitarlo”; “agradable” o “conveniente” de tener en cuenta, por poder implicar “peligro” de alguna clase o modo, según circunstancias que, también, surgirán en nuestra mente como “plantillas” de prejuicios a reconocer o empalmar en la evaluación.

Únicamente ante lo que desconocemos es que no somos del todo autómatas. Pues nos damos cuenta que es posible que haya que crear una nueva “plantilla” de evaluación respecto a eso desconocido. Por eso es que nos interesamos por conocer lo desconocido, con el mayor detalle posible, a fin de determinar cuán útil o inútil puede sernos tal compenetración con lo observado. Ni bien logramos establecer parámetros de coincidencias con otras cosas semejantes, es donde nuestro interés aumenta o se pierde, según lo “útil” o “inútil” que consideremos que pueda ser para nuestras vidas o posibles reencuentros con algo así como lo observado.

Si algo no implica posible utilidad ni peligro, automáticamente deja de importarnos y pasa a ser como si no existiera, o fuera un simple objeto completamente intrascendente a nuestros intereses e interacción. ¿Acaso alguien presta atención a si hay hormigas en el camino, donde vamos a pisar cuando caminamos por la calle o un sendero?

La atención es una forma de energía que sufre desgaste y necesitamos recargar cotidianamente mediante descanso, especialmente durmiendo. Por eso es que nuestra atención no tiene en cuenta a “intrascendencias”. Por el contrario, intentamos enfocarla únicamente en lo que consideramos “interesante” por “útil” (conveniente); “gratificante” o “peligroso” (que puede interferirnos, complicarnos y hasta perjudicarnos si no lo tenemos en cuenta). Lo demás… sólo “está” como objetos o ruido que no merece que desgastemos energía de atención en ellos.

De este modo es que “construimos”, desde bebés, nuestro panorama de la realidad, con plantillas de qué cosas son “para tener en cuenta” ¡y el cómo considerarlas! (con qué plantillas o esquemas medirlas, evaluarlas) de las que preferimos ignorar.

¿Cómo no vamos a tener una visión sesgada, parcial, de la realidad completa, si hay infinidad de cosas que aprendimos a desestimar, ignorar, por haber considerado (o aprendido de otros) que no deben interesarnos en absoluto?

Así, es como cada quien “percibe” y “considera” a la realidad de modo muy diferente a los demás en infinidad de detalles. Porque cada quien tiene objetivos e intereses diferentes en infinidad de matices. Pero, también, es como nos resulta “imposible” lograr una comprensión más amplia, ya que el ego o inconsciente aprendió a automatizar el uso de plantillas mentales (prejuicios) que, si bien muchos son útiles y válidos, buena parte de ellos son limitados y hasta erróneos. ¿Mejor ejemplo que la pésima mentalidad de concluir que, los que no son de la propia religión, irán al infierno o incluso que “no son humanos”, por lo cual no merecen mayor consideración y hasta se les puede maltratar? ¿Incluso que es válido “castigar” (hasta muy cruelmente) a los “pecadores”?

¿O que los animales “sólo son objetos animados, irracionales sin sentimientos”, a los cuales se puede utilizar despiadadamente?

Sin ir más lejos, hay ejemplos de cómo, según parámetros, personas que nos importaban pueden pasar repentinamente a dejar de serlo y considerarlos “objetos animados” en los que se puede desahogar toda clase de violencias y maltrato ¡Únicamente porque en nuestro interior “algo” nos llevó a concluir que “ya no existe” el parámetro o detalles que le hacían “persona digna de consideración y aprecio”! ¿Mejor ejemplo que muchos crímenes pasionales? O padres que expresan “Vete, que ya no eres más mi hijo. Para mí es como si hubieras muerto”.

Son producto de esquemas, plantillas mentales que se arraigan en lo profundo del ser y raramente se está dispuesto a replantear hasta qué punto hemos automatizado prejuicios incorrectos.

De este modo, hay infinidad de maleza e insectos perjudiciales en la selva de nuestro inconsciente, que nos afectan la vida cotidiana y social como prejuicios o esquemas mentales que aplicamos de modo automático y falaz, sin lograr ser conscientes de cuánto daño pueden estar ocasionando a nosotros mismos y a partes del entorno del cual dependemos.

Ahora sí, entro de lleno en el tema del discernimiento.

¿No resulta paradójico y hasta absurdo que, teniendo gran capacidad intelectual y de discernimiento complejo, seamos tan autómatas que, frecuentemente, incurrimos en conductas y actitudes de lo más absurdas, por puro automatismo mental prejuiciado?

Quien más, quien menos, todos incurrimos en falacias conceptuales. En regirnos por conceptos o plantillas mentales que nos llevan a error prejuicioso. En la mayoría de los casos, si se lo conversa y razona adecuadamente, las personas reconocen que se han dejado condicionar y actúan basadas en conceptos (sociales o culturales) que no tienen por qué ser aplicados. Sin embargo, por el peso de la mentalidad del entorno en el que se encuentran (social cultural), les resulta imposible dejarlo de lado. ¿Mejor ejemplo que la mayoría de las mujeres con un detalle tan obvio como la depilación de las piernas y hasta de las axilas?

El “mandato social” es “depílate si no quieres que te miren mal” ¡y es un prejuicio estúpido! ¿Acaso las mujeres dependen de piernas depiladas para poder ser apreciadas por lo que son? ¿El amor depende de piernas depiladas? Si lo pidiera específicamente la propia pareja… ¡vaya y pase! Como para darle un gusto, concederle. Pero ¿vivir depiladas como si fuera carnada en un anzuelo para ser aceptadas por un posible amor o siquiera “bien vista” socialmente?

Así, desde prejuicios “estéticos” es como llegamos al aberrante extremo de cirugías “estéticas” para modificar detalles del rostro, del cuerpo y ¡hasta ostentar senos más grandes, artificialmente, por más que se note claramente que son implantados y peligrosos para la salud!

Desde la clase y estilo de ropa, pasando por adornos, maquillaje y cirugías estéticas, todo eso es una forma de “disfrazarse” para PARECER en lugar de SER lo que real y naturalmente se es. Pero ¿cuántos piensan lo estúpido que es querer que “me aprecien por lo que soy”, cuando soy puro artificio o disfraz; cuando vivo disimulando mi verdadera naturaleza? ¿O es que mi naturaleza es ser “puro disfraz”, aparentar?

Observen que, cuanto más coquetas son las personas, que más atención suelen prestar al cómo se ven; más superficiales, menos profundidad intelectual suelen tener. Pues una cosa es ser pulcros y prolijos, otra muy diferente el llegar al extremo de disfrazarse con maquillajes o arreglos para “ser” lo que parecieran apreciar más los otros.

Si se impusiera como costumbre cultural el uso de huesos atravesando la nariz (estilo caníbales) que hoy, socialmente, nos parecen “horribles” ¿lo haríamos para ser socialmente aceptados y considerados personas normales?

Es más: ¿Llegaríamos al extremo de deformar o mutilar partes de nuestros cuerpos, como las amazonas, que se cortaban un seno para que no se interpusiera en el uso del arco y flechas? (Amazona significa “sin mama”. O “teta cortada”, para decirlo más vulgarmente). La gran diferencia, es que las amazonas lo hacían por una cuestión práctica, especialmente las que tenían senos grandes, bien sobresalientes, para que la cuerda del arco no les golpeara el pezón, ni el seno les obligara a posiciones incómodas e ineficaces para apuntar tensando al máximo posible a la cuerda, sin que la flecha sea desviada por rozar esa parte del cuerpo. O sea: Para ellas no era moda. Era una cuestión práctica importante, porque el uso del arco era cotidiano e imprescindible. Sin embargo, hoy, si fuera considerado aspecto cultural importante para ser socialmente “bien vistas”, es seguro que infinidad de mujeres se lo mutilarían para “estar a tono”, como muchos hombres también se depilan el entrecejo y hasta el resto del cuerpo para parecer “niños” o “impúberes” (sin vello púbico en la ingle); además de los muchos que recurren a artificios para tener el pene más grande, o a drogas (legales o no) para lograr erección del pene y más duradera.


(Continúa abajo, en el mensaje siguiente)


Última edición por Don Sapo el Lun Jul 11, 2011 8:23 pm, editado 2 veces

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Saber discernir lo válido de lo incorrecto (2ª y última parte)

Mensaje  Don Sapo el Lun Jul 11, 2011 6:13 pm

Todas estas actitudes no son más que simples evidencias, o ejemplos, de cuán deficientes somos en nuestra capacidad de discernir sensata y coherentemente, para armar plantillas (prejuicios, esquemas mentales) de razonamientos válidos por los cuales regirnos de modo “automático”.

Si pasamos a considerar otros aspectos cotidianos, pongamos el ejemplo de sentir hambre estando en la calle. ¿Cuál es el proceso mental que se inicia en nuestro interior?

Tengo hambre, necesito comer. ¿A qué distancia está mi casa, donde puedo satisfacerme? ¿Vale la pena el tiempo que invertiré? ¿No estoy dejando de lado algo más importante que es preferible no posponer?

Evalúo: Aguanto o no aguanto (hasta terminar con lo más urgente o que estoy haciendo).

Evaluado el tiempo posible de “aguante”. La segunda evaluación es ¿dónde? ¿En casa o comprar en otro sitio lo que me calme y/o alimente?

En tal caso: ¿Puedo permitírmelo? (en tiempo que necesitaré y dinero) y ¿me conviene? (el gasto y tiempo necesario).

Por lo cual se evalúan, como si fuera simultáneo, pero en orden de prioridades o importancia, a los factores que consideramos “a favor” y “en contra”, o como “positivos” y “negativos”; convenientes e inconvenientes.

Pero, aún en estas evaluaciones o proceso de análisis ¡continuamos aplicando plantillas pre diseñadas! (esquemas mentales automatizados por la costumbre). Ya que sólo consideramos a los factores usuales, los más comunes conocidos, pero no suelen aparecer en nuestra mente otros posibles, pero que no acostumbramos a considerarlos o tenerlos en cuenta.

Por ejemplo: Si considero que me alcanza el tiempo para tomar un transporte y llegar a casa a comer y, después, regresar. Solemos considerar el tiempo promedio de viaje, pero no siempre a las esperas. Mucho menos a la posibilidad de contratiempos durante el viaje o traslado, ya sea de embotellamientos por un evento que estaba anunciado PERO NO RECORDAMOS, o porque el vehículo pueda sufrir un percance mecánico u otros imponderables.

Así, es harto frecuente que se llegue tarde y, uno, lo justifique echando la culpa a cuestiones ajenas a nuestra voluntad y cálculos, cuando no fue más que IMPREVISIÓN de factores que podían llegar a concatenarse, aunque no sean muy frecuentes.

¿Por qué la mente nos jugó la mala pasada de no contemplar a esos factores que no son muy comunes? (caso de un evento que produzca embotellamientos y olvidamos que lo sabíamos). Porque nuestro pensamiento tiende a regirse por parámetros automatizados que se basan únicamente en lo más común, sin tener en cuenta a posibles variables o alternativas puntuales.

¿Otro ejemplo? Vamos a un restaurante. Tomamos la carta o menú y nos regimos por la misma para decidir qué pediremos. Pero ¿cuántas personas se pueden percatar que, con frecuencia, no incluyen cosas obvias que podemos pedir?

Si tenemos preferencia por ingerir huevos “pasados por agua” ¿somos capaces de pedirlos aunque no figuren en el menú?

Por lo general: NO. Lo más común es que ni siquiera nos preguntemos ¡sin mirar al menú! o condicionarnos a lo que está expuesto en el mismo ¿Qué me gustaría comer ahora?

Hasta me ha pasado de notar que los camareros se sentían descolocados cuando les pedía una minuta simple de hacer, pero que no figuraba en el menú, como los huevos pasados por agua ¡Tenían que “ir a consultar” si eso era posible!

Esto es así, porque desde la más temprana edad vamos armando esquemas o plantillas mentales que, como en su momento resultaban y parecían “perfectas” (apropiadas) luego las aplicamos constantemente en casi todo lo cotidiano SIN MOLESTARNOS EN DISCERNIR ADECUADAMENTE, a fondo, cuán válidas pueden ser en cada ocasión, o si se nos puede estar escapando algún detalle significativo para esa situación, circunstancia o caso puntual, que pueda implicar connotaciones de algo importante para nosotros o nuestro entorno.

¿Otro ejemplo muy común? La decisión de adoptar mascotas y hasta la de “tener” hijos.

¿Cuántos sopesan BIEN a todos los detalles importantes que ello implica y que no cualquiera está dispuesto a afrontar como debiera, o sin trampa en hacer las cosas como es debido?

Se acostumbra demasiado a dar por obvios, o minimizar, a factores importantes que, con el tiempo, tienen cada vez más y más peso, pero resulta tarde para deshacer la decisión tomada y cambiar las circunstancias.

Mientras no aprendamos a reconsiderar y replantearnos en profundidad nuestros esquemas y procesos mentales; de analizar con verdadera sensatez objetiva, panorámica del bosque, sin perder de vista o dejar de prestar atención a los detalles de cada árbol, viviremos incurriendo en detalles cada vez más groseros de automatizar decisiones, actitudes y modo de concebir la realidad compleja de las cosas, convirtiéndonos en animalitos de costumbres incapaces de adaptarse verdaderamente a la realidad completa.

Seremos desubicados que buscan su lugar y objetivos de modo inadecuado, como quien pretende beber sopa con un cuchillo, o cortar pan con cuchara de madera. ¡Y así nos va!

Dentro de nosotros mismos hay una gigantesca selva amazónica de esquemas y preconceptos, muchos de los cuales son “cartón pintado” o inconvenientes. Fuera, en nuestro entorno, también hay una gigantesca selva de factores que se interrelacionan.

¿Cómo haremos para DISCERNIR descubriendo correctamente cuánto puede influir, o no, cada factor o detalle en cada situación, si no somos capaces de educar a nuestro interior para que re evalúe con frecuencia: cuántos factores realmente intervienen y cómo, de cada uno de los posibles de concatenarse, tanto en el árbol como en la selva en conjunto?

Imposible, si antes no aprendemos a discernir sensatamente, para evaluar correctamente cuántos detalles pueden concatenarse o no, en cada caso según circunstancias.

Para ello, lo primero es vivir teniendo presente que podemos estar rigiéndonos por prejuicios o esquemas que no son del todo acertados para cada caso en particular. Al menos, quizá no como los estamos aplicando. Que se nos pueden estar escapando factores claves que marquen notoria diferencia.

Por esa razón es que debemos de tratar de mantener la mente abierta, constantemente alerta a percibir detalles que puedan marcar una diferencia, evitando prejuzgar o llegar a conclusiones apresuradas, como el dar por obvio que sabemos qué está tratando de expresar otra persona, para responderle sin confirmar previamente si hemos acertado.

Aprender a centrar nuestra atención en forma desdoblada: En lo que estamos haciendo o enfocándola, a la vez que en nuestro proceso interior de ir catalogando y asociando a la información con otras cosas. Porque es de esas asociaciones internas que surgen desde el entrenamiento del propio inconsciente que podemos incurrir en falacias conceptuales severas, que condicionan y hasta arruinan a gran parte de nuestras vidas o posibilidades de vidas plenas, satisfactorias para lo más profundo de nuestro ser.

En otras palabras: Debemos aprender a pensar e ir asimilando cosas con la actitud abierta; amplia; detallista y desprejuiciada de niños, pero aprovechando a la información válida que ya hemos incorporado por experiencia personal y directa. A no regirnos por los “me dijeron”; “me enseñaron”; “se acostumbra” SIN HABERLO ANALIZADO y, de ser posible, CORROBORADO ¿cuánto tiene de válido, en qué y por qué? cada uno de esos “mandatos plantillas” que suelen condicionarnos a la conducta de rebaño estúpido. Porque POR Y PARA ALGO es que TENEMOS CAPACIDAD DE DISCERNIMIENTO como elemento principal de la inteligencia.

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Re: Saber discernir lo válido de lo incorrecto

Mensaje  littlelulupis el Lun Jul 11, 2011 9:02 pm

Aplauso
Bravo Don Sapo, muy bien dicho.

Ejemplificaste muy bien el discernimiento, sin embargo en algunas cosas, no siempre es cuestión de discernir si algo es o no válido, sino de gustos o de circunstancias.

Por ejemplo: Algunas personas se maquillan simplemente porque les gusta como se ven, independientemente de lo que diga el resto de la gente y no son superficiales. Otro ejemplo es el de un amigo que a veces se pinta las uñas de negro, solo porque le gusta como se ven cuando toca la guitarra y no es imposición de la sociedad.

En el caso de las circunstancias, en ocaciones puedes prever todo tipo de inconvenientes y aún así que las cosas no te salgan como esperabas; por ejemplo, en mi caso, durante todo el tiempo que estuve en la universidad, mi medio de transporte fue el autobus; antes de salir de la casa, tomaba en cuenta el tiempo que me tomaba llegar a la parada de autobuses (10 min), el tiempo máximo de espera (el autobus pasaba cada 12 min, así que este es el tiempo máximo que debía esperar en caso de que se me acabara de pasar uno), el tiempo que tardaba en llegar a destino (20 min si el camino estaba libre o 30 min si había embotellamientos) y el tiempo que duraba desde que me bajaba del autobus hasta el salón de clases (10 min), o sea, cuando entraba a las 8:00 am, tenía que salir de la casa aproximadamente a las 7:00 am, pero como yo sabía que a veces el autobús no pasaba a la hora que le correspondía, a las 6:30 yo ya lo estaba esperando, si el autobús pasaba a la hora que debía, entonces yo tenía que esperar al maestro(a) entre 30-40min y si no pasaba, de todas maneras "llegaría a tiempo" para la clase, aún así, hubo veces que llegué tarde, por la irresponsabilidad de los choferes, pues esas veces el autobús ¡duró más de una hora para pasar! Mi llegada tarde a clases no era por falta de previsión o por falta de discernimiento de a que hora era más conveniente o debía salir de la casa. qué mal!
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Re: Saber discernir lo válido de lo incorrecto

Mensaje  Don Sapo el Lun Jul 11, 2011 9:59 pm

acostado de risa Respondiste al estilo "mío" (lo que comúnmente se denomina "quinta pata", que no es estilo "mío" sino el que uso y suele reconocérseme, como criticarlo por "hincha").

Eso del maquillaje "porque les gusta como se ven" ¿no es discutible el por qué "les gusta"? (o el pintarse las uñas). Es algo que no es natural y, tal gusto, es ADQUIRIDO por conceptos o plantillas mentales que ADOPTARON como propias y son fáciles de desestructurar como válidas. Basta con hacerles notar que "no se aceptan (porque no se conforman) tal como naturalmente son". O sea: se dejaron llevar por plantillas, esquemas mentales, de otros que les predisponen a distorsionar detalles de lo natural ¿con qué sentido o utilidad? ¿Simplemente "verse" o "sentirse" mejor? ¿Es que para sentirse o verse bien, necesitan de cuestiones externas, en lugar de su obrar y resultados personales?

(Sólo lo expuse para "no dar el brazo a torcer", de puro "discutidor" o polemizador que soy).


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Re: Saber discernir lo válido de lo incorrecto

Mensaje  Pedro Saez el Mar Jul 12, 2011 2:39 pm

Para mí la inteligencia es: poner orden con la comprensión de lo que es desorden: Por ejemplo el que está enojado y desea deshacerse de su enojo es, enojo en sí mismo, cuando intenta poner orden dividiéndose a sí mismo (el enojado y el que intenta poner orden), hay contradicción y por lo tanto conflicto.

Para mí la inteligencia es: la comprensión de que el observador es lo observado, asumiendo cualquier conducta acorde a los dictados de la voz de la intuición.


Para tener perfecta armonía de emociones y de mente para que se manifieste la intuición, no es necesario mirar al exterior ni al bosque ni a los arboles, sino tan solo a nuestro interior.


Cuando te refieres a las plantillas en formato de reacción anticipada, supongo que te refieres a paradigmas impresos en nuestro subconsciente, esas costumbres que parecen ser automáticas en nosotros, como lavarse los dientes, conducir el vehículo y cientos de cosas que hacemos casi sin darnos cuenta o al menos no forzadas; el peligro mayor que veo yo en ello no es precisamente lo que hacemos sino lo que continuamente pensamos y que nos condiciona en extremo a nuestro desenvolvimiento natural, pues estos pensamientos que están en la trastienda de nuestra psiquis, son los causantes precisamente de nuestras limitaciones y la fuente principal del estudio del psicoanálisis.


Dices: “Únicamente ante lo que desconocemos es que no somos del todo autómatas. Pues nos damos cuenta que es posible que haya que crear una nueva “plantilla” de evaluación respecto a eso desconocido.

Difiero completamente ante tal exposición, pues la hegemonía de la estructura de nuestro ser, tiene que estar basada precisamente en todo lo contrario, en deshacernos de los antiguos paradigmas (o plantillas) y procurar no crear de nuevas, con la intención de ser mas objetivos a nuestras necesidades reales y en cada momento.

En síntesis respecto a todo tu escrito, noto un malestar, me atrevería a decir de vergüenza ajena, hacia todas aquellas cosas que no tienen sentido especifico, ni funcional y que tanto valor parece que le dan otras personas, pero yo creo que asumirlas, absorberlas, comprenderlas, es contraproducente, hay una virtud que debemos asimilar, que es la “tolerancia”, aunque no se comparta.

Cada cual interpreta su vida a su manera y utiliza aquellas cosas que le son necesarias para su propia expresión, que no es la nuestra es evidente pero no deben de ser criticables por el mero hecho de que no las compartamos; cuando interfiere a nuestros adentros semejantes cuestiones están haciendo un flaco favor a nuestro espíritu, pues no es más que cizaña que habrá que limpiar después; nosotros no podemos entender cuál es el camino por el que el espíritu impulsa a los demás a su propio reconocimiento.

Cada cual y en su individualidad es absolutamente libre para expresarse como mejor desee, siempre y cuando no perjudique esencialmente a otros individuos, aunque sea un punki taladrado de piercings.
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Pedro Saez
Antorcha
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Re: Saber discernir lo válido de lo incorrecto

Mensaje  LADY el Mar Jul 26, 2011 10:04 am

magistral solo empezar a leer!!!!!!!!!!!....me llevaran unos cuantos ratos..jejeje abrazo
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LADY
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Re: Saber discernir lo válido de lo incorrecto

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