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Cuando se tiene mucho tiempo para pensar

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Cuando se tiene mucho tiempo para pensar

Mensaje  Don Sapo el Lun Nov 28, 2011 3:16 pm

Cuando se tiene mucho tiempo para pensar, como cuando se está preso, convaleciente o marginado en espera, las opciones son fáciles de describir.

A: Pensar mucho, que se subdivide en otras dos:

Aa) Profundizar sensata y objetivamente, para llegar a conclusiones sabias.

Ab) Darle vueltas a una misma cosa, como calesita que gira, esperando que en algún momento, en una de esas tantas vueltas, aparezca la “solución” o “explicación” que nos costaba detectar, pero muestra siempre lo mismo, una y otra vez, obsesiva y extenuantemente. (Lo denominé pensamiento circular y el enlace a donde lo desarrollé es éste: http://centaurea.cultureforum.net/t2928-el-pensamiento-circular-un-mal-masivo )


B: Tratar de no pensar. Que también se subdivide en dos alternativas:

Ba) Centrar la atención como espectador pasivo en cosas del entorno, una lectura, una pantalla digital, etc. Prohibiéndose y apartando todo pensamiento que asome recordándonos situaciones personales que deseamos evitar.

Bb) Mantener la atención centrada en una actividad rutinaria, que requiere atención para no fallar (por ejemplo rebotar una pelota contra una pared para atajarla, o tallar un pedazo de madera, que requiere que la atención esté centrada en lo que se hace, dificultando “pensar en otras cosas” y hasta las tradicionalmente femeninas labores de coser, tejer y bordar).

Obviamente que todos quisiéramos lograr los resultados de Aa): Profundizar sensata y objetivamente para llegar a conclusiones acertadas o sabias. El detalle es que, por no saber cómo lograrlo, al insistir se incurre en Ab), la cual nos trastorna y, como sistema de defensa psicológica, se pasa a la actitud de Ba) y, si pasa demasiado tiempo sin que aparezca una solución válida a nuestras necesidades de una solución imperiosa, se termina en Bb), que es casi la actitud de un autómata o zombi ¡tan común en alienados mentales cuyo cerebro parece haber tenido cortocircuitos irreparables!

Este mecanismo que acabo de describir tiene muy diferentes graduaciones de intensidad y tiempos dedicados a cada parte. Con frecuencia, en graduaciones muy leves, se salta de Aa) a Ab) y Bb) en pocos minutos. El Ba) puede durar apenas unos pocos segundos, ya que rápidamente pasamos a alguna forma de acción que nos evite regresar a Ab), dando por obvio que no lograremos al Aa). Por ejemplo, cuando nos ponemos a realizar garabatos en un papel, o “jugar” con un objeto, estilo llavero, dándole vueltas o similar.

El otro extremo de intensidades, el más álgido, cuando la persona está realmente sobrepasada de agotamiento psíquico en algo que le resulta muy importante, trascendental, es donde los tiempos son más largos y el proceso de salto entre opciones se acelera cada vez más, desordena y van haciéndose cada vez más largos el Ab) (reiteraciones mentales obsesivas, sin descubrir nada nuevo, pero deformando detalles cada vez más subjetivamente) y los B que, según personalidad, pueden hacer hincapié más en lo pasivo (si tiene qué mirar u observar que le distraiga) o en lo activo, de más bien “romper cosas” (como romper con la situación que se vivencia y satura), especialmente el género masculino; o “llenar” en el caso femenino, que tienden a “acumular” hasta ensuciar todo el papel de tantos garabatos o detalles, a juntar y guardar cositas, o producir más y más, sin límite (así sean bollitos de papel, mini artesanías), ya que es como si el “hacer” pudiera “satisfacer” la “demanda interior” de “haz algo ya, que satisfaga la demanda interna”. Pues necesitan “llenarse” y, como no saben exactamente con qué, al menos “hacen algo”, lo intentan. (Razón por la cual les resulta difícil mantener las manos y/o boca quietas, desocupadas. Lo cual explica por qué, el tejer y hablar, suele ser terapéutico para el género femenino. Mientras que, para los masculinos, lo que les permita “romper”; “acabar con” y “vencer”, así sea en juegos electrónicos, cuando no pueden en lo físico).

Estas “alteraciones mentales” (alteraciones tan sólo desde el concepto de “lo habitual común”, no porque falle algo del cerebro realmente), que en muchos casos son consideradas y diagnosticadas pésimamente, no suelen poder “curarse” (resolverse) mientras el paciente no logre sentir y corroborar que el “problema” que le aquejaba ya quedó solucionado o, al menos, alejado de su vida, de tal modo que no pueda volver a afectársela en adelante. Mentirle que ya no existe o ha sido superado, es una forma de agravarle aún más el trauma. Ya que cuando se reencuentre con el mismo, la conmoción interna psicológica y emocional, será muy fuerte y profunda, por no haber estado preparado para hacerle frente. Peor aún, su grado de confianza en las personas, especialmente profesionales y de su afecto, también sufrirá una conmoción profunda, porque le traicionaron la confianza, le mintieron alevosamente. Por lo cual deduce, lógicamente “ya no puedo confiar más nada en nadie”. Cayendo a un estado peor del que había estado y, por ende, más difícil de rescatarle del mismo.

Sé que aparentemente me fui de tema. No es así. Quise que quedara en evidencia cómo, el no saber dirigir adecuadamente a los procesos mentales, sosegando lo emocional, suele terminar llevándonos a estar cada vez más cercanos a un estado de “locura” del que parece muy difícil poder salir, sobre todo sin ayuda de terceros verdaderamente hábiles en estas lides (que son mínima cantidad de los titulados universitarios).

Ahora bien ¿Cómo dirigir a los procesos mentales, ante la gigantesca cantidad de variables que pueden acontecernos a lo largo de la vida predisponiéndonos a esto?
Ejercitando al pensamiento secuencial, lógico y coherente, que el filósofo griego Sócrates denominó como mayéutica. Porque cuando la pregunta está bien planteada, prácticamente sola surge la respuesta.

El truco o secreto del pensamiento mayéutico reside en aprender a reconocer y saber evitar a las conclusiones apresuradas de silogismos o aparentes obviedades. Sobre todo en esta época, en la que socialmente se nos condiciona y estimula a saber reconocer situaciones y tomar decisiones de modo muy veloz, que termina siendo subjetivo, por precipitado y hasta falaz.

Se nos acostumbra a dar por válido lo que dicen otros, al margen de cuánta sensatez o validez tenga, ya que debemos juzgar más por el canal o forma en que nos llega, que por la consistencia de sus razonamientos y argumentos.

A tal extremo, que si alguien ocupa mal el cargo de un líder máximo, como hace más de medio siglo parodió Carlitos Chaplin, cuando reemplazó accidentalmente a Hitler en un discurso masivo (película El gran dictador), la masa de seguidores tomó por válidas a las palabras y conceptos, sin poner en duda que era Hitler quien lo expresaba. Claro que, en la realidad cotidiana, suele ser al revés: Se toma por grandes próceres orientadores, a imbéciles con poder para influir o hacerse oír por multitudes. Y, como se nos condicionó a dar por obvias a demasiadas cosas, por vivir urgidos, la masa en general NO FILTRA adecuadamente a los mensajes que le llegan. No porque el grueso de la población sea imbécil o incapaz de razonar, sino porque vive atosigada y precondicionada a aceptar las cosas como vienen, centrándose casi únicamente en lo individual personal.

Pongo un ejemplo típico, el de no poder cuestionar a la autoridad o mayores.
El razonamiento, falaz, es simple: ¿Cómo podría detectar una falla o error, alguien que no tiene más que mínima fracción de la información y conocimientos que tiene el experto o autoridad? Si no tiene práctica, experiencia, ni idea de cuánto hay que tener en cuenta, por cómo se concatena y cómo manejar las variables.

La excepción que se niega en este razonamiento, es la de omisiones involuntarias, como no darse cuenta que se saltó un paso del proceso, o que algo que normalmente no falla, lo está haciendo en esa ocasión puntual. Detalles que ¿por qué no podrían notarlos las personas que no entienden casi nada del tema, pero notan algo que les parece que “puede estar mal” o implicar peligro?

Si a esto sumamos que se condiciona psicológicamente a las personas, masivamente, a que “no se tiene tiempo” para poder hacer todo lo que se quisiera y debiera; por lo cual, tomárselo para pensar en cosas profundas como trascendentes de la propia vida, resulta tan “irrelevante” ante lo cotidiano urgente, como demasiado esfuerzo para el “agobio mental” que se tiene desde la educación primaria, con tantos avances, novedades y exigencias o responsabilidades… Es como si el no pensar más que superficial y precipitadamente, fuera la moda exigida masivamente.

Recordar que, cuando una mentira es reiterada constante y masivamente, termina siendo considerada como una verdad. Es el caso del pensamiento circular (el Ab), al cual se lo considera “pensar mucho y profundamente”.

En la elección entre mantenerse vivo o saber por y para qué se vive… gana la supervivencia rutinaria, al margen de razones y métodos (que suelen tratar de conciliarlos o justificarlos, cada uno a su manera, al margen de falacias conceptuales). Porque lo filosófico auténtico requiere de demasiado tiempo y esfuerzo, con riesgo de perder nivel social y hasta quedar indigente marginado en la calle, antes de haber llegado a descubrir el sentido de la vida y cómo desenvolverse, de tal modo que uno pueda sentir que vive realmente con total plenitud y armonía, cumpliendo su rol innato o natural para sentirse realizado. Peor aún: relativamente rápido se descubre que el grueso de la sociedad vive rigiéndose por demasiados conceptos erróneos, malsanos y que no está dispuesta a cambiarlos, lo cual implica un serio conflicto para encajar y poder interactuar socialmente.

Siempre, la inmensa mayoría, decide el auto engaño pueril en lo filosófico. Por ejemplo: Vivo porque nací y para aprender de lo que voy haciendo, en lo que pueda, a los tumbos. Pues en eso consiste la vida: aprender a andar a los tumbos, como ciegos sin bastón que deben caminar sin detenerse.

Si uno les plantea: ¿Cómo podrás evitar obstáculos y caídas groseras, quizá en precipicio o donde quedes tullido, si no PIENSAS analíticamente al trayecto, previendo e implementando métodos que te permitan evitar caídas feas o accidentes graves? (por ejemplo, pensar en un bastón para tantear el terreno y cómo usarlo).

Suelen dar por obvio que es demasiada inversión de tiempo en algo de efectividad muy cuestionable o pobre, porque un bastón no puede advertirnos de los colores de los semáforos o la velocidad y distancia de vehículos que cruzarán nuestro recorrido. Que la vida es un constante riesgo que hay que asumir y punto.

¡Y así nos va!

Este tema da para mucho, muchísimo más. Pero como el grueso de lo que escribo tiene irrisoria cantidad de lecturas y muchos menos comentarios ¿para qué aburrir explayándome en lo que hoy, seguramente, no interesa a casi nadie?


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Pensar la vida, la realidad, el ser.

Mensaje  Mairo el Mar Nov 29, 2011 11:14 am

Estimado "Don Sapo":

Valoro como interesante su reflexión.

¡Un gran abrazo!

Mairo.



Última edición por Mairo el Dom Mayo 19, 2013 1:49 pm, editado 2 veces

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Re: Cuando se tiene mucho tiempo para pensar

Mensaje  Don Sapo el Mar Nov 29, 2011 4:51 pm

Mairo... Ya me había olvidado que existía aquí un miembro con ese nombre. Bien “re aparecido” (jee…)

Creo comprender bien lo que expresaste y las válidas intenciones que implica.
Para comenzar, te diré que yo tampoco me reconozco como “filósofo”, pero sí, amante de la sabiduría o pensador profundo, para marcar una diferencia con los puramente académicos e intelectualoides que se entretienen con malabares conceptuales y de erudición.

Respecto a la conclusión del grupo de rock Vetamadre, disiento en que “LA” respuesta sea una gran pregunta. Ciertamente que cada respuesta nos abre una nueva pregunta y cada vez más difícil de resolver o más inaccesible. Pero eso no tiene por qué implicar que no haya una raíz principal a la cual se pueda llegar desde la más remota de las hojas, siguiendo el entramado (o enramado y tronco) del modo adecuado. Obviamente que, en vida, hay cosas a las que no tenemos acceso, por nuestras obvias limitaciones, que son como pretender que la tierra se vuelva transparente como agua pura, para poder observar cómo se alimentan, desarrollan y crecen las raíces y ramificaciones de un árbol, a la vez que el proceso de la fotosíntesis. Sí, podemos tener ideas claras y bien fundamentadas, coherentes, de cómo es todo el proceso y la utilidad del grueso de cada parte, como su relevancia hasta para otras formas de vida, como gusanos, hormigas y hasta pájaros que anidan en las ramas.

Para continuar, entrando más de lleno en tus razonamientos, más que analizar a lo que expusieron y concluyeron otros, que todos tienen su margen de aciertos y errores, preferí hacer “borrón y cuenta nueva” para replantearme a todo de nuevo, teniendo en cuenta a lo que dijeron otros previamente, única y exclusivamente en los casos en que pensamientos o conclusiones específicas (parciales sobre determinados detalles o conceptos puntuales) encajaran correcta y coherentemente con lo que yo iba armando por mí mismo, de modo mayéutico, como quien reconstruye un gran rompecabezas sin una imagen exacta de referencia.

Así, la primer gran cuestión, son las típicas demandas filosófico espirituales que surgen en la más temprana edad, de ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? Y ¿a dónde iré después?, como ¿Para qué estoy? (en este momento y lugar, o circunstancias de vida personal).

De ese modo, los planteos nos imponen mirar más amplio: ¿Hay un sentido e intención para todo el universo? Y, en tal caso ¿qué y cuál es?

Así, resulta imposible negar una entidad iniciadora y generadora del universo y la vida, que comúnmente denominamos como Dios. Como tampoco puede dudarse que sea inteligente con voluntad propia, por las leyes que estructuró y rigen al universo en conjunto, como al grueso de las estructuras que conocemos y, en su mayoría, como fractales, se reiteran en infinidad de variables, tanto en lo macro como en lo micro. (Su aspecto o morfología en detalle, es algo secundario que no hace a la cuestión de comprender al sentido de la vida; pues basta con saber que es quien inició todo y del cual formamos parte intrínseca, como células al cuerpo).

Con eso, resulta bastante obvio que dicha inteligencia (o Dios) es muy superior a la nuestra y sabe lo que hace, dándole un sentido que, por más que no podamos acceder a entenderlo en su totalidad, es inteligente y, por ello, válido.
¿Qué nos queda entonces?

Pasa al terreno de qué somos en el conjunto. Las disquisiciones más acertadas no permiten concluir otra cosa que análogos a células que forman parte del “gran organismo” que forma el universo, tan coherentemente estructurado, a pesar del aparente caos o azar.

Habiendo llegado ya a esa deducción conclusión, entonces sí, podemos pasar a plantearnos: Si somos como células ¿de qué clase seremos y cuál será la función específica a cumplir?

Aquí, como en el caso de los hormigueros o colmenas y demás grupos sociales cuyos individuos, similar a la sociedad humana, tienen sus propias funciones específicas en el conjunto, debemos lograr reconocer nuestra vocación, sugerida por nuestros talentos y capacidades específicas, para tener un buen referente direccional o “brújula”.

Este es un proceso natural en los seres humanos, que lamentablemente, como bien decís, ha sido harto deformado y hasta pervertido por prejuicios y costumbres sociales.

En esto, se imbrincan e interactúan otros elementos que son poco entendidos y mal definidos, como los instintos y el ego, nuestra parte animal intrínseca que rige al inconsciente desde el mismo y al grueso de lo que consideramos consciente.

Es casi imposible orientar adecuadamente a nuestras vidas y llegar a buenas conclusiones, si no sabemos reconocer cuánto, cómo y por qué, el ego y su programación, inicialmente instintiva, nos vive jugando malas pasadas que nos llevan a errores, a veces tan groseros como fatales. De allí que en la más remota antigüedad y hasta Sócrates mismo, le dieran tanta importancia al “conócete a ti mismo”. Para no ser animalitos de costumbres ni dejar que la parte animal nos distorsione la vida o descarrile feamente. Detalle que, las filosofías o doctrinas orientales, prefirieron aludir como hay que aprender a “eliminar” o “deshacerse” del ego (parte animal). Lo cual es un evidente contrasentido. Ya que al estudiar, analizar y comprender la relevancia y funciones del ego, resulta obvio que la vida física es imposible sin el mismo y su asistencia o participación constante. (Las religiones occidentales, como las judeo cristianas e islámica, optaron por la simple represión constante del ego o parte animal, lo cual enferma y pervierte terriblemente a los individuos que no logran válvulas de escape adecuadas a tanta presión).

Entonces ¿qué nos queda? Aprender a EDUCARLO, como bien alegorizaron los griegos en los seres mitológicos del centauro, sátiros (o faunos) y minotauro, pero sin dejar de atender y tratar de satisfacer a sus verdaderas y válidas necesidades naturales, cuando y como corresponda. Pues son alegorías de las posibles relaciones entre nuestra parte humana (espiritual) y la animal (egótica). Donde el minotauro representa a las personas que se han dejado dominar por la parte animal o instintiva. Los sátiros o faunos al grueso de los que “ni” (ni dominan ni son dominados del todo. Por lo cual, a veces rige lo animal, en otras ocasiones lo humano) y, finalmente, como centauros, a los que han logrado que la parte animal les complemente y potencie superlativamente a la espiritual, como el conjunto bien subordinado y armónico que representa la alegoría.

Claro que tal proceso no es nada fácil y mucho menos rápido. Lleva muchos años de ejercitación sin dejar de prestarse atención a sí mismo y los propios procesos, sin dejar de observar cómo se concatenan o interrelacionan con los externos a uno mismo y sus consecuencias. No es casual o caprichoso que, los más sabios de todos los tiempos, hayan llevado en general vidas más bien aisladas, ermitañas o monásticas. El sólo estar en la sociedad, ya nos hace más arduo el mantenernos centrados y atentos a lo importante, como también nos tienta a distracción, a la vez que critican, hasta insensatamente, al esfuerzo que hacemos y su relevancia.

Esto no significa que sea una utopía lograr una sociedad armónica, respetuosa y que facilite a esta doctrina o filosofía. Sí, que será harto difícil lograrlo, si lo pretendemos de modo solitario o individual. Para lograrlo, es necesario un proceso generacional que logre ir imponiendo, desde ejemplos y logros personales, una toma de consciencia masiva en las legítimas virtudes y beneficios de tal conducta. Una vida no alcanza, ni tampoco unos pocos “locos” que prediquen con el ejemplo o sólo de palabra. La gente tiene que ir viendo y corroborando por sí misma que “se puede” y, más aún: que FUNCIONA ACERTADAMENTE (que es válida la propuesta y modo de vida).

Cuanta más gente se sume, más fácil y rápidamente se irá logrando. Los desviados y reticentes serán advertidos y corregidos por cada vez más gente, hasta que no les quede otra opción que sentirse feamente desubicados, por negarse a algo que no tiene nada de malo (sí de incómodo o trabajoso) pero es benéficamente sano.

Fíjate que hasta no hace muchos años, el hacer notar a alguien que estaba contaminando o ensuciando el medio ambiente, era como decirle “está mal defecar u orinar”. Hoy, hay un altísimo porcentaje de personas que tienen claro que, contaminar cuando se puede evitarlo, está mal y se sienten avergonzadas o disculpan y corrigen. O con las violencias; que antes era “normal y natural” resolver diferencias a golpes o balazos y, hoy, la inmensa mayoría comprende que es una actitud primitiva animal, de lo más despreciable, por no saber razonar y argumentar con sensatez, como corresponde a seres humanos racionales. Pues bien, lo mismo acontecerá (quizá un día no muy lejano) respecto al autoconocimiento y vida armónica.

Por todo esto es que no concuerdo contigo en eso de que el pensamiento Aa) sea para ti algo utópico o imposible. Al revés que lo que escribió Almafuerte en Piú Avanti “no te des por vencido ni aún vencido”, te estás dando por vencido antes de comenzar la lucha en serio. Así, seguro que no podrás vencer nunca a ninguna de las trampas psicológicas y emocionales que nos pone el ego.

Sin ir más lejos, el detalle de que hayas reaparecido aquí, en Centáurea 0 y que leas mucho, es una clara señal que estás avanzando pequeños-grandes pasos en el autoconocimiento y auto educación del ego, comenzando por reconocer razonamientos que te ayudan a abrir la mente, con lo cual superas limitaciones egóticas de prejuicios y cosas que normalmente, en lo social, se incentiva a dejar de lado, siendo importantes y hasta trascendentales.

El estar buscando respuestas y participando en dicha búsqueda o esclarecimiento de interrogantes, es una excelente señal de “lucha” y “avance”.

La velocidad de avance y logros obtenidos… es algo muy relativo. Cada quien debe ir a su propio ritmo, desde sus circunstancias y posibilidades personales. No es como en la educación formal, que todos deben aprender lo mismo al mismo tiempo y ritmo. Es más bien como las terapias de rehabilitación muscular de deportistas largo tiempo postrados: Cada pasito breve, aparentemente insignificante para otros, puede denotar un gigantesco esfuerzo y logro para el que lo da y terminar, al final de la rehabilitación o vida, habiendo vuelto a ser un gran deportista, en relación a otros que nunca estuvieron postrados y caminaron siempre, pero sin mayores hazañas o méritos; simplemente caminaron mucho sin recoger ni sembrar nada útil en lo social ni para sí mismos.


abrazo (te correspondo al abrazo, de alma a alma, como es mi costumbre).

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Re: Cuando se tiene mucho tiempo para pensar

Mensaje  Mairo el Miér Nov 30, 2011 1:12 pm


Estimado Don Sapo:

Cordiales saludos y le agradezco sus comentarios.

Mario


Última edición por Mairo el Dom Mayo 19, 2013 1:09 pm, editado 1 vez

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Re: Cuando se tiene mucho tiempo para pensar

Mensaje  Don Sapo el Miér Nov 30, 2011 4:01 pm

Mairo: Ante todo, tratá de poner como “cita” (dentro de los códigos {quote} que son los que demarcan qué englobar con fondo amarillo) únicamente a lo que citás de otros; no a lo que vas añadiendo vos, propio, en el presente mensaje. Además, sólo a frases o párrafos no muy largos. De lo contrario, como en tu más reciente mensaje, pareciera que sólo citás lo ya escrito sin aportar nada nuevo y, encima, kilométrica re-lectura.

No me extraña que quedes exhausto con semejante ejercitación filosófica conceptual que, además, es muy amplia y abarcativa. Más aún, si tenemos en cuenta que describí un panorama sintético, en lugar de “llevar de la mano” al lector, para que no pueda haber detalles que le permitan dudas.

Sin embargo, parece que debo corregir ese “error” (de haber sido demasiado sintético conceptualmente) reiterándome en muchos detalles que, doy por obvio, debo aburrir de tanto repetirlos.

Comencemos por la teoría del comienzo del Universo. Lo más aceptado suele ser la teoría del Big Bang, que tiene una falacia conceptual terrible: ¿Qué rompió la inercia del “todo estable” o inmóvil?

Dicho de otro modo, más alegórico ¿qué agitó a las “aguas primordiales”, para que pueda producirse el encuentro de opuestos que originaron el Big Bang?

Peor aún: ¿Cómo se explica que, a diferencia de lo que acontece con toda explosión, el universo/estallido no se expandió de modo esférico, sino más bien como un huevo sobre una sartén, o como una ameba? Eso desmiente alevosamente a un “estallido” como propone el Big Bang. Pues hubo cierto “control” (o disparidad en la disposición de elementos y sus reacciones) en el direccionamiento expansivo. “Algo” (Dios o como quiera denominársele) restringió y direccionó detalles.

Cosa que se hace más evidente aún al preguntarnos ¿cómo es que aparecieron las fuerzas rectoras del universo, como la de la gravedad, inercia y tantísimas otras, harto estructuradas e interrelacionadas complementariamente?

¿Qué hizo que prevalecieran ciertas estructuras y no otras, como determinadas para reiterarse con ciertas variantes, tanto en lo macro como en lo microcósmico?
Antiguamente, los misterios que el conocimiento científico no alcanzaba a desvelar, por tan rudimentario o primitivo que era, imponía concluir que era “voluntad de Dios” (o de los dioses) lo “inexplicable”.

Pero pasado el tiempo y conquistadas muchas herramientas técnicas, desde la ciencia se atrevieron a desmentir muchas tonterías impuestas desde las religiones, con lo cual se creó la gran escisión polar entre ciencia y religión. En lugar de colaborar mutuamente a esclarecer al máximo posible las cosas, ambos invadieron los territorios del área opuesta (ciencia y religión) fagocitándose a la tercera, intermedia o nexo, de la filosofía.

Fíjate que no es casual que, antiguamente, haya tenido tanto peso e importancia el símbolo de un ojo dentro de un triángulo dorado (el Ojo de Horus-Ra o de Dios, el que se representa también en los billetes de un dólar, como punta de pirámide).

Analicemos a ese símbolo:
No es casual que Dios sea “Trinidad” y que, el triángulo equilátero, sea la forma más fuerte o resistente de la naturaleza. Pero no es por eso que se lo usó para encerrar a un ojo como “Dios”, sino porque el tres, además de indicar estadio o composición (como cuerpo alma y espíritu, o sólido líquido y gaseoso), también alude a las áreas básicas del conocimiento o acción: Ciencia, filosofía y religión.

De este modo, la base del triángulo representa a la ciencia y, los laterales, a filosofía y religión, que se complementan y nutren recíprocamente, sustentados por la ciencia que, a su vez, se sirve de ellos como vía para conocer más y mejor. Los tres segmentos o áreas, entre sí, rodean y hacen el marco de lo que es Dios perceptible o cognoscible, alegorizado en el “ojo que todo lo ve” (no duerme, no parpadea).

La ciencia abarca y se centra en la materia, en lo palpable o perceptible por los sentidos. La religión, a aquello que es metafísico e imposible de asir y reproducir en laboratorios, lo cual no tiene por qué implicar que “no exista”.

Mientras que la filosofía es el nexo entre ambas, que debe mediar sensata y coherentemente entre ellas, poniéndoles límites a los posibles abusos y controversias. Analiza y estudia más lo moral conductual, que lo material o lo metafísico.

Por eso es que se asocia a ciencia con materia, a filosofía con alma (o mente y emociones, conducta, alma o psique en su original concepción) y a la religión con espíritu y lo metafísico.

Teniendo claro qué abarca cada una de las tres áreas fundamentales de la vida y cómo se interrelacionan, cuando lo hacen del modo apropiado (no como en la actualidad, donde se entrometen mal en dominios que no les son propios, como la ciencia intentando que se demuestre materialmente a lo metafísico y, la religión, atribuir a Voluntad Divina cosas que nada tienen de metafísico o espiritual (avasallando a lo moral-conductual de la filosofía), es donde podemos comenzar a analizar y plantearnos las cosas desde ángulos o enfoques apropiados para cada aspecto.

¿A dónde iba con todo esto? Simple: que la ciencia no puede (como pretenden muchos soberbios de tal área) explicarlo a todo, menos con suficiente sensatez como para dar coherencia real al conjunto del universo. Sólo pueden abarcar aspectos materiales o semi materiales, pero con hartas limitaciones al no poder “entrometerse” a interrelacionar adecuadamente a lo religioso o metafísico.

Similar pasa con las religiones. Se han encerrado y atrincherado en explicaciones tan arcaicas infantiles (que en su momento fueron efectivas) para negar la terrible cantidad de contradicciones y deformaciones en las que han incurrido (agravándose con el paso del tiempo) y que hoy son harto obvias, hasta ridículas.

Para peor, entre ambas han limitado y despreciado a la filosofía, a tal extremo que quedó como una mera ejercitación de malabares dialécticos conceptuales que están muy lejos de ser verdadero amor por el conocimiento sensato y coherente.

Por todo esto es que hay que replantearse a todo de nuevo, como quien quiere armar un rompecabezas gigante (de miles de piezas) sin una referencia válida de imagen a lograr.

Lo que han descubierto o aseverado otros puede ser cierto o falso. Puede tener aciertos y errores combinados en una misma aseveración, como los afiches callejeros con el rostro de la Gioconda al cual, unos, pintaron bigotes; otros, anteojos; algunos a pañuelo en la cabeza y barba, etc.

La gran tarea es ir deduciendo ¿cómo será sin alteraciones, roturas o deformaciones? Comparando lo que ya se conoce, pero sin tomarlo del todo por válido, hasta ver si dicha pieza del rompecabezas encaja perfectamente con las demás que ya hemos logrado colocar en el sector que suponemos como válido.

El tema de las experiencias paranormales, en mi caso personal, fue más bien una pesada carga, estilo pesadilla o maldición, porque me hacía sospechar que algo fallaba en mi cabeza; que era un bicho raro, más que alguien “afortunado” por tener conocimientos de primera mano sobre lo que es el plano metafísico y cómo suceden e interactúan una gran variedad de cosas en lo cotidiano común.

Recién después de muchos años logré comprenderlas, catalogarlas y entender la verdadera razón por la cual las “padecía”: Para poder conciliar TODOS los aspectos de la realidad, no sólo la cotidiana, orientado en gran medida por mis experiencias personales y poder reconocer cuándo, cuánto y cómo se distorsionan estos fenómenos en lo religioso o en lo masivo (la ciencia directamente los niega o se encoge de hombros; mientras que, desde la parapsicología, simplemente deliran tonteras, insensatamente, por conducirse como científicos ante lo metafísico, sin una orientación de base acertada. En lo único que actualmente aciertan, es que los “seres invisibles” suelen tener una notoria masa o capacidad electromagnética, que puede ser detectada con algunos aparatos… ¡que fallan con frecuencia, a voluntad de la “entidad invisible”!).

Es imposible probar la existencia del alma con métodos de rigor científico, como poder reproducirla y manipularla en laboratorios. El alma es irreproducible y no tiene por qué someterse a examinaciones (torturas absurdas) como pretenden desde la ciencia. Pero, con razonamientos mayéuticos, repasando cuántos antecedentes creíbles hay en la historia de diferentes culturas y tiempos, resulta más que absurdo negarla, como también negar su supervivencia después de dejar al cuerpo físico. Es utilizar el sentido común, razonamiento sensato, al margen de pruebas “concluyentes”. Lo concluyente es la cantidad y variedad de testimonios coincidentes en detalles claves, que descartan a todas las demás argumentaciones negadoras, como pesadillas por cena pesada o intoxicación, alucinación por sugestión, y muchas otras cosas que se intentan encajar por fuerza y subjetivamente en cada testimonio creíble.

Respecto a tus inquietudes puntuales del más reciente mensaje, te sugiero que le des una leída a estos temas:

Dios (explicación esotérica)

Falacias de la teoría de la evolución (Darwin – Teihlard de Chardin)

Qué es Dios y el “Gran juego universal”

Y, si te parece, te puedo facilitar por e-correo, gratuitamente, al libro que escribí “Conócete a ti mismo”, como documento en Word, para ahorrarnos bastante tiempo de conversación, ya que allí, las dos primeras partes del libro, son introductorias al autoconocimiento, abordando a mucho de lo que aquí hablamos.







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Re: Cuando se tiene mucho tiempo para pensar

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