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No temas equivocarte sino a ser imprudente y no aprender de tus errores

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No temas equivocarte sino a ser imprudente y no aprender de tus errores

Mensaje  Don Sapo el Lun Dic 02, 2013 3:09 pm

Vivimos en una sociedad repleta de erróneos prejuicios que, para peor, nos impulsa y acostumbra a opinar y hasta juzgar a la ligera, criticando sin autoridad ni suficientes elementos de juicio, como bien describió el filósofo griego Sócrates en su tiempo (la esencia conductual humana no ha cambiado o evolucionado un ápice en milenios).

Esto lleva a que muchas personas verdaderamente sensatas y responsables tengan casi un pánico paralizante ante situaciones que les resultan novedosas o para las cuales no se sienten suficientemente preparadas ni respaldadas para afrontarlas.

No es únicamente una cuestión de inseguridad psicológica por baja autoestima, o baja confianza en la propia preparación y conocimientos, como suelen sentenciar a la ligera demasiados psicólogos. En un alto porcentaje es producto del cúmulo cultural social, ya que se da por obvio que la memorización de informaciones y técnicas (supuesta educación y formación profesional) es más que suficiente para poder comenzar a ejercer prácticas y, con frecuencia, se obliga a ejercerlas sin los elementos o medios suficientes para poder realizarlas adecuadamente (sin las herramientas o condiciones básicas aprendidas en la teoría). Pero si a ello sumamos lo expuesto en el primer párrafo (rápida y subjetiva crítica social), más el pobre respaldo de seguimiento orientador, demasiadas veces ejercido por profesionales cuestionables en su capacidad y modo de orientar, más la velocidad y cantidad de críticas que rápidamente surgen hacia quien “hace algo”, al margen de cuán bien o mal ¿Qué actitud pueden tomar las personas realmente responsables, que se dan cuenta que su preparación es pobre, falaz en varios aspectos y con el agravante de que la crítica suele ser excesiva y frecuentemente tan subjetiva como despiadada, con consecuencias que pueden resultar tan graves, que les hacen sentir que los arrojaron al foso de los leones, semidesnudos y con apenas un puñal o cuchillo de combate?

Debido a estas cuestiones socioculturales, la mayoría se termina amoldando a la actitud tan chapucera e hipócrita acomodaticia de una conducta tramposa y soberbia que justifica sus errores culpando a terceros, o a imponderables, que le desliguen de su parte de culpa o error. Detalle que potencia aún más la validez del dicho “el ser humano es el único animal capaz de tropezar infinidad de veces con una misma piedra”. Obvio: Porque cuando se utiliza el mecanismo de “defensa” de desligarse de culpa o parte de responsabilidad, no hay emoción que imponga analizar detenidamente en qué y cómo se ha fallado, para tratar de evitar que volvamos a tener ese incómodo sentimiento (sea de culpa o de escarnio, vergüenza, ante otros por el error o imprevisión). Este es el mecanismo por el cual, la inmensa mayoría de los seres humanos, suelen tropezar muchísimas veces con una misma piedra, o cometer un mismo error, aún a pesar de años de práctica profesional. Que es la razón por la cual, los años de experiencia práctica, NO SIEMPRE son garantía de aptitud o idoneidad, como tampoco lo es la cantidad y variedad de exámenes teóricos respondidos impecablemente.

En el ámbito empresario, por lo general, los creadores de empresas de cierta relevancia, suelen tener claro que los años de práctica o los datos curriculares pueden ser de lo más engañosos y, por eso, terminar de decidir la eficiencia o ineficiencia de un empleado de alta responsabilidad basándose en resultados concretos tras un período “a prueba” en el cargo o función y constantemente supervisado por alguien idóneo, cuando no es por el líder en forma personal y directa. Período en el cual intentan verificar la capacidad del aspirante por la forma en que responde y soluciona problemáticas de lo más variadas, no sólo las más comunes y obvias. Que es lo que sustenta al dicho popular argentino: “A los pingos se los ve en la cancha” (A los caballos de carrera se los evalúa por su rendimiento en la pista). A los seres humanos, similarmente, se los observa en la práctica cotidiana de lo que se pretende evaluar; porque con cualquier otro modo de evaluación siempre es posible que haya engaño o detalles groseros encubiertos que no resultan nada fáciles de poder notar o prever y suelen terminar siendo terriblemente perjudiciales cuando ya están en funciones.

Razón por la cual, en los procesos de selección de aspirantes a un empleo, tras ver lo que da a entender el currículum, se cita a entrevista personal a los que parecen ser más adecuados, con intención múltiple: La de conocer la clase de persona; de cuán acertada y objetiva ha sido en su descripción curricular, pero también testearle teóricamente en sus capacidades, criterio y mentalidad. Luego, si continuó siendo considerado “adecuado” tras esa entrevista, es donde se pasa a la fase final de “ponerle a prueba” del modo más profundo y práctico posible. Generalmente, como dije, con un período de contrato “a prueba” y supervisado constantemente en los detalles claves, poniéndole con frecuencia en situaciones armadas adrede para conocer su respuesta a imprevistos y situaciones infrecuentes o raras, pero posibles. Lo que comúnmente suele denominarse como “pagar el derecho de piso” en cualquier nuevo empleo y es lo que determina hasta qué punto es “apto” para integrarse como personal de la empresa y con qué nivel de aptitudes y limitaciones.

La actitud de los empresarios que destacan y se sostienen por años (salvo excepciones de picardías corruptas) es la que les permitió crecer y ha sido, justamente, la de aprender de los errores (propios y ajenos) para ser más prudentes y previsores en que no les sucedan otra vez o en sus empresas, porque las toman como un compromiso personal, empeñan hasta su corazón en el éxito de sus objetivos, ya que el fracaso puede implicar la ruina absoluta y un radical cambio de vida. Por ello es que intentan ser previsores al máximo, pero ARRIESGAN con prudencia estudiada, EMPRENDER nuevos proyectos para continuar aprendiendo de los errores y ser cada vez mejores, más sabios en lo propio. ¿Cómo no tener esta misma actitud en todas las demás actividades de la vida? Si todo está intrínsecamente interrelacionado e influyéndose entre sí.

Por todo esto es que no debes temer equivocarte, mientras hayas intentado prever y minimizar al máximo a posibles riesgos o consecuencias, sino a que la soberbia te lleve a actuar chapuceramente y, además, te ciegue a asumir la parte de responsabilidad en lo que podrías haber previsto y evitado, para ser cada vez más eficiente y sabio en lo que hagas. Porque si no te duelen los errores que cometes, fácilmente menospreciarás analizar con suficiente profundidad las posibles fallas, adjudicando los fracasos a factores que estaban más allá de tus posibilidades, lo cual te llevará a “tropezar con la misma piedra” infinidad de veces, como acontece a muchísimos profesionales de gran reputación y larga trayectoria.

Más que temer al fracaso medido y asumido como posibilidad, hay que temer la picardía de hacer siempre todo bien en muy pocas cosas que no permiten un verdadero crecimiento y desarrollo personal. Los que más destacaron en la historia, no fueron los pícaros, sino los que se atrevieron a intentar nuevamente y corregidos a proyectos que fracasaron muchas veces ¿Mejor ejemplo que el de Abraham Lincoln, que fracasó en más de 30 elecciones antes de ganar la primera?
¿O de la cantidad de intentos y fracasos que tuvo Gandhi hasta lograr ascendencia y repercusión social? Y antes que ellos muchos otros, entre los que se encuentra el popularísimo Leonardo Da Vinci, que descartó miles de bocetos e ideas, pero dejó muchos muy válidos por pioneros. O la educadora María Montessori, que aprendía sobre la marcha y en la práctica, dejando una huella magistral para el sistema educativo de toda la humanidad.

Por cada cien intentos creativos, a veces aparece uno que realmente vale la pena. Pero si no existieran los otros 99 o más, jamás se lograría el acertado. Porque el fracaso siempre está presente como posibilidad, pero es imposible llegar a aciertos y mejoras sin intentos. Esto es algo que, en cursillos de ventas a domicilio o callejeras, se sintetiza de este modo para contrarrestar el desánimo que surge de tantas respuestas negativas que hay que soportar:

Al “no” lo tienes seguro en la mayoría de los casos, la cuestión es encontrar dónde están los posibles “si” entre ellos. Respuesta que no hallarás si no estás dispuesto a afrontar y descartar a la gran cantidad de “no”. Por eso, ante cada puerta, plantéate ¿Y si ésta tiene un sí del otro lado? ¿La pasaré por alto?

Dicho de otro modo: El conocimiento y los logros son como un esforzado trabajo de minería. Debes cavar y ahondar descartando mucho antes de poder hallar una veta y, cuando la hallas, eso no deja de implicar un gran trabajo de extracción y separación de aquello que vale de lo que es escoria.
Y está bien que así sea. Porque la naturaleza del ser humano es la de valorar o apreciar las cosas en la misma medida o proporción con que se las deseó y le costó obtenerlas.

Si no ¿quién valora el agua potable cuando no tiene nada de sed? Pero ¿Cuánto están dispuestos a dar por unos sorbos, los que desfallecen de sed en un desierto? Y estamos hablando de algo tan simple y abundante en el planeta (pero según dónde) como el agua potable, que suele ser de lo más económica y hasta gratuita. (También podría citar a la circunstancia que popularizó la expresión “mi reino por un caballo”).

Similar acontece con todo lo demás en la vida, especialmente con el conocimiento verdadero o sabiduría auténtica: Sólo valoran, en la parte o aspectos que necesitan “desesperadamente”, aquellos que más padecen su carencia.

Razón por la cual, tampoco es de extrañar que las personas con más porciones de sabiduría suelan ser las que más cantidad de cosas diversas padecieron en la vida. Porque aprendieron de las reflexiones que impone el dolor en el alma, en el amor propio o la autoestima y, por eso, su sabiduría se refleja en dejar de perseguir el oropel de popularidad y cosas materiales superfluas como lujos, dando prioridad a la tranquilidad de consciencia y una forma de vida que no les agobie con más problemas y complicaciones que no merecen la pena del esfuerzo por conseguirlas.


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Tú ¿estás haciendo algo por cambiar positivamente a la sociedad,
para que no haya tanta injusticia y desequilibrio social?
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