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La necesidad instintiva de los jóvenes de llamar la atención y destacar

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La necesidad instintiva de los jóvenes de llamar la atención y destacar

Mensaje  Don Sapo el Miér Ene 29, 2014 3:18 pm


Muchos se preguntan ¿Por qué los jóvenes tendrán esa necesidad, tan fuerte, de “lucirse” ante los demás, de impresionar a otros por lo que son, tienen o hacen?

Reputación es la respuesta, que implica ser aceptados socialmente, en especial por sus pares.

Los jóvenes necesitan tener de qué jactarse ante sus semejantes, porque forma parte del proceso instintivo animal de reclamar un lugar digno entre los adultos, aunque pocos tengan claro que ésa sea la verdadera razón de fondo.

Para comprender mejor a este fenómeno natural, basta con estudiar un poco de antropología y observar a los ritos de iniciación tribales, que existían en casi toda cultura de la antigüedad. Me refiero a todo el proceso por el que debían pasar los jóvenes para dejar la niñez y pasar a ser reconocidos como miembros plenamente adultos del conjunto o grupo social.

Ritos y ceremonias que eran bien diferenciados por género, ya que las características y predisposiciones naturales da cada género tienen matices bien distintos que no debieran ser ignorados aduciendo igualdad de géneros (que esto no significa que alguno sea superior a otro, sino que se complementan con sus diferencias).

Si ahondamos un poco más en el estudio de los instintos, podremos observar que hasta en muchas especies animales (especialmente mamíferas como la humana), también hay procesos nítidos que marcan el paso de la niñez a la madurez, que está bien definido por el despertar y desarrollo sexual. Ya que es el momento en el que las hembras se ponen en celo y los machos reclaman su derecho a ser los fecundadores, peleando entre ellos y hasta con el líder, o conquistando y delimitando a sus propios territorios (si logran alguno).

En otras palabras: Es el período de la “competencia” por lograr la mejor pareja para establecerse y reproducir.

¿Casualidad que los adolescentes, a poco de su “despertar sexual” tengan tanta necesidad de “lucirse” ante los demás, especialmente ante sus pares y demostrar su valía? No. Es naturaleza instintiva animal que resulta desbordante psíquica si no se la satisface de algún modo. Que es la razón por la cual, en las sociedades tribales, se imponían ritos y ceremonias que canalizaban a dicho instinto dándole una dirección adecuada.

Llegados a este punto, conviene ahondar un poco más en el instinto, antes de abordar a los ritos y ceremonias tribales, ya que éstos eran muy diferentes en cada cultura, por la cantidad de detalles superficiales y complementarios, que dificultan reconocer la esencia del trasfondo.

El enfoque que se tiene desde la psicología sobre este asunto es muy sesgado, ya que lo atribuye casi exclusivamente a la necesidad sexual de conquista y reproducción de la especie, partiendo del erróneo principio freudiano de basar todo en lo sexual. Parcialmente es correcto, pero incompleto. Porque hay algo más fuerte y trascendente que la simple necesidad sexual de dar continuidad a la especie, que es la necesidad de aceptación para integrarse y es otro instinto tanto o más fuerte que el sexual, pero no tan obvio en su expresión.

No es casual que los niños, instintiva y naturalmente jueguen a parecerse a los adultos, a imitarlos. No es una simple cuestión cultural, es una cuestión que implica mucho más que la simple supervivencia física. Implica la necesidad de aceptación de los demás e integración social, que también son instintivos, aunque desde las áreas académicas se lo atribuya a una cuestión cultural.

¿Por qué es instintiva y más allá de lo cultural? Porque los seres humanos somos seres de naturaleza instintivamente gregaria y sociable. Está corroborado en el serio perjuicio que ocasiona la marginación de cualquier individuo y sobre todo el aislamiento, considerado un castigo de lo más duro de soportar y que no cualquiera soporta largo tiempo sin que sus facultades mentales o psíquicas queden severamente perjudicadas. Esos trastornos ¿son sólo por una cuestión cultural? ¡Imposible! Hay una fuerza demasiado potente, instintiva, impulsando al contacto e integración con los demás.

Cuando se reconoce a la necesidad de aceptación e integración como un instinto más de la naturaleza animal y humana, es cuando resulta mucho más fácil comprender a las conductas y necesidades adolescentes, como también al sentido de la mística tribal, con sus rituales y ceremonias de transición de la niñez a la vida adulta que comprende la integración como miembro de pleno derecho del grupo. Algo que impacta intelectual y emocionalmente (psíquicamente) de modo indeleble en los grupos tribales, pero se ha diluido a una mera cuestión de tecnicismos de edad legal en la sociedad occidental, ya que hasta se ha diluido la importancia de festejar la menarca femenina (como festejo de cumplir 15 años) perdiéndose todo lo que connotaba antiguamente, de pasar a ser “mujeres completas” (pasando las pruebas de incorporación a adultas), al igual que los 21 de los varones, cumpliendo con el “servicio militar” (obligatorio) que les terminaba de “convertir en hombres hechos y derechos” (en teoría y como mística de comunidades bélicas, que prolongaban la cultura del “guerrero” formado como tal y socialmente responsable y apto).

La iniciación femenina consistía en pruebas que acreditaran que estaba en plenas condiciones de criar hijos y hacer las típicas tareas femeninas como socialmente correspondía a una mujer completa, aseverado y testificado por una o dos responsables de verificar sus capacidades y logros ante las demás mujeres y el resto de la tribu.

Similar acontecía con los varones, que debían demostrar que eran capaces de cazar y sobrevivir en condiciones extremas, además de ser aptos para defender o proteger de peligros a los suyos, aún a costa de arriesgar la propia vida, superando miedos y soportando con entereza a dolores físicos como de heridas. Razón por la cual, sus pruebas de iniciación, eran más espectaculares (o impresionantes) que las femeninas. Las mujeres debían demostrar lo cotidiano, la capacidad de no depender de ayuda masculina para arreglárselas en general en el día a día, porque en caso de guerra o grandes peligros, cabía la posibilidad de que quedasen sin hombre a mano, sobre todo si había ido de cacería. Mientras que la clave de la prueba masculina, era la función protectora y abastecedora de recursos que implicaban necesidad de destreza física y astucia para superar peligros (animales salvajes) a la vez que soportar heridas (comunes en la exploración o defensa) y hasta ser capaces de perder la vida protegiendo las de los suyos.

Estas necesidades instintivas quedaron asumidas como una impronta socio cultural de la juventud; la necesidad de demostrar a los demás que “merecen” ser socialmente aceptados e integrados como miembros adultos de pleno derecho. Y, a pesar de conocer esa “necesidad” (aunque fuere cultural en lugar de instintiva) ¿Qué se hace cultural y socialmente? Imponerles la obligación de esperar a que llegue la edad legal para ser aceptados sólo parcialmente. Con el agravante que eso no basta, ya que desde niños se dan cuenta que la aceptación general no pasa por una cuestión de edad fisiológica, sino de muchos otros factores que se pueden lograr bastante antes (capacidad de engendrar y mantener económicamente a una familia) o no lograrse nunca, cuando se es de una extracción social muy limitada en un grupo segregacionista por prejuicios como los económicos (tanto tienes, tanto vales), de raza, religión u otros que están más allá de las legítimas posibilidades de acceso para algunos individuos, como la obtención de títulos universitarios para quienes tienen serias obligaciones económicas y no alcanzan subsidios o becas.

Hay gente que desde la niñez se da cuenta que no podrá aspirar a “dignidad social” por desarrollo económico cultural y, este fenómeno occidental capitalista, les lleva a buscar otras formas de demostrar (a los demás y a sí mismos) su propia valía. Formas que suelen ser tan subjetivas como dañinas, formando o integrando pandillas que suelen transgredir mucho al respeto social y bastante, o mucho, a las leyes. Actitudes agravadas por la explotación comercial y abusiva de imponer modas y gustos a los jóvenes (y a los inmaduros de cualquier edad).

El razonamiento implícito suele ser muy simple: “Si esta sociedad es tan injusta como para no darme la oportunidad de ponerme a prueba para integrarme plenamente como un igual, no tengo por qué aceptar sus estúpidas e injustas normas y leyes. Más vale que me sume a un grupo que sea más acorde a reconocerme como un igual.”

Así es como se forman grupitos de marginales y pandilleros que afirman su autoestima entre sí, poniéndose a prueba en cosas animales que, con frecuencia, llegan a absurdos (como quién aguanta beber más alcohol, o es “más atrevido” desafiando peligros hasta de modo estúpido, como carreras de vehículos en plena ciudad), satisfaciendo perversa y dañinamente a una necesidad instintiva básica (aceptación e integración social) lo cual incluye un deterioro de la calidad de vida de todos. ¡Sólo por la estupidez social de no saber cómo iniciar a los jóvenes e incorporarlos sanamente como adultos, satisfaciendo su necesidad instintiva de “probar” a los demás y a sí mismos que son aptos para ser miembros de pleno derecho!

Quizá algunos afirmen que la obtención de un título universitario ya es toda una hazaña que legitima el pleno derecho. O que el logro de un trabajo bien remunerado y saber administrarse también lo es. Pero tales personas se equivocan terriblemente, porque omiten la necesidad psíquica de haber cumplido con todos los parámetros sociales que hacen a una persona digna de respeto en todas las características básicas ¡y el reconocimiento social que ello implica!

Para que quede más claro a qué me refiero, es que no basta con el reconocimiento académico o económico para que toda la sociedad reconozca como pares a quienes los logran. Tampoco que no estén encarcelados. Porque la sociedad está repleta de estúpidos marginadores que siempre encuentran algún detalle en otros para considerarlos y hacerles sentir “menos”.

No me refiero únicamente a las marginaciones o discriminaciones por raza, religión o cuestiones económicas, sino también a las demás que hacen al “status” social entre individuos de un mismo segmento, que consideran suficiente argumento para denostar, menospreciar y hasta bastardear marginando a otros.

La humanidad imbuida de la pseudo cultura occidental padece demasiadas segmentaciones, más bien fragmentaciones del conjunto, que ya no es vista como una unidad social, sino como infinidad de estratos y segmentos categorizados con subjetivas jerarquías que hacen imposible una integración plena de todos en armónico y respetuoso funcionamiento.

Y en gran medida se solucionaría creando una mística cultural universalizada de “iniciación” para la aceptación social de los adolescentes que hayan superado las pruebas de valía para ser considerados miembros de pleno derecho. Con reglas y parámetros claros, para que todos puedan colaborar a que cada adolescente pueda prepararse y superar satisfactoriamente a las mismas y evitando que se metan en problemas y hasta creándoselos a otros al buscarlas entre sus pares.

Pruebas con parámetros claros que deben abarcar todos los aspectos básicos de la vida cívica y social, no sólo académicos o de capacitación para ganarse la vida, sino también de responsabilidad social y comunitaria. Porque es la única forma en que el resto de la sociedad les respetará como personas, al saber que las han superado satisfactoriamente. No sólo con exámenes teóricos o académicos en papel, ya que deben incluir los aspectos emocionales vivenciales que impregnan la psiquis de modo profundo en dos aspectos: La de demostrar (a sí mismo y a los demás) que superó la prueba sin falsear o hacer trampas, ni por golpes de suerte o ayuda de terceros, sino también por el COMPROMISO que implica de sostener su actitud social por el resto de su existencia, ante las personas que más le importan en la vida (familia, amistades, autoridades locales y entorno en general); porque, de no cumplir con su compromiso, cualquiera podrá recordárselo con unas pocas palabras y hacer que se avergüence de su inconducta y la corrija.

Un claro ejemplo de cómo suelen ponerse a prueba algunos jóvenes occidentales, es yéndose a vivir a otras ciudades y tratando de ganarse la vida por sí mismos, parcial o completamente independientes de sus familiares y amistades pero, así y todo, no suele bastar como “probatorio” de otra cosa que “saber rebuscárselas para sobrevivir” (cuando lo logran), ya que no incluye a muchos detalles de formación en la integración social, especialmente del grado de compromiso y responsabilidad ética y moral.

En definitiva: Es necesario que la humanidad vuelva a tener socialmente una mística comunitaria que incluya probar a los adolescentes que ansían ser aceptados como miembros de pleno derecho, de un modo sano pero con suficiente impacto psíquico para que mantengan de por vida su compromiso de conducta madura, responsable y sensata, respetada por todos los demás. Porque es lo que permite satisfacer las necesidades instintivas de aceptación e integración social, que mantienen alta la autoestima, por saberse dignos y al rendimiento personal en todos los aspectos socialmente útiles y necesarios.

Mientras eso no acontezca, continuaremos desperdiciando y arruinando demasiado capital humano que también dilapida recursos materiales y perjudica el sano funcionamiento y desarrollo social, creando inseguridad e infinidad de molestias y perjuicios a otros.

_________________
-*-*-*-*-*-*-*-
Tú ¿estás haciendo algo por cambiar positivamente a la sociedad,
para que no haya tanta injusticia y desequilibrio social?
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