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El caballero verde -versión abreviada-

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El caballero verde -versión abreviada-

Mensaje  Sawedal el Vie Feb 27, 2015 3:12 pm

Hay un castillo mágico, de piedras rojizas y torres redondeadas, con techos curvos e inclinados a propósito, para que de lejos parezca un corazón. En él vive la princesa Laura, que se encerró en el mismo para custodiar los valiosos tesoros que recibió en herencia y debe compartir sus cualidades con quienes realmente las necesiten de la población de su entorno. Para evitar que se los dañen o roben, además de no salir casi nunca de allí, tampoco permite el ingreso de nadie que no sea del propio pueblo que rodea al castillo, pueblo también protegido por un anillo de grandes murallas de piedra y siempre que tenga verdadera razón para ingresar, porque ella prefiere asomarse por la puerta a atender a los necesitados que hacen fila sobre el puente levadizo, pero sin alejarse ni dejar entrar a nadie.

Los guardias tienen muy claras a estas órdenes y que, la única excepción posible, sería que apareciera un príncipe azul de cuentos de hadas, con todos los atributos y características que se les conocen. Algo tan remoto e improbable que, casi todos los que la conocen, dan por obvio que envejecerá sin tener pareja. Eso no la desanima, porque su rutina cotidiana la tiene tan ocupada que, para ella, tener una pareja cerca, sería más problemático que beneficioso, ya que da por obvio que le quitaría parte del valioso y escaso tiempo que debe dedicar a las obligaciones del palacio y de los aldeanos.

Por esa misma razón, varios de los habitantes dan por obvio que, eso de esperar al príncipe azul, es más una excusa que una verdad honesta. La mayoría simplemente afirma que es la forma en que justifica su desinterés por cualquier pretendiente que pueda aparecer, ya que no hubo ni uno, vulgar o noble, que lograra despertarle algo de apasionamiento o, siquiera, algo de interés como posible candidato a consorte ¡Y eso que hubo larga fila de pretendientes! Algunos con linaje tan rancio, que se lo podría describir como podrido. Pero ella, con lo considerada que suele ser, jamás utilizaría tal expresión.

Así es como golpearon a las puertas de su castillo caballeros de casi todos los colores y modales. Algunos fueron tan torpes que daban por obvio que bastaba patear la puerta para que se la abrieran, o amenazar derribarla con ariete para que les dejaran entrar. Estos últimos fueron los que más hicieron el ridículo, porque ignoraron la magia protectora y dieron por obvio que las puertas podían ser abiertas por la fuerza. Terminaron marchándose agotados de tantos intentos inútiles.

Así pasaron algunos años en los que, la adolescente princesa, como pimpollo de humano, terminó de desarrollarse y desplegar muchas cualidades, como las flores al ir abriendo sus pétalos.

Fue esa radiación de cualidades la que atrajo la atención de muchos, entre otros, la de un caballero verde que, a diferencia de los demás, en lugar de desahogar la frustración del rechazo tomándosela a golpes con la puerta, acampó en las cercanías y comenzó a rondar los alrededores, conversando con los aldeanos o aparentando disfrutar en recorrer el paisaje.

Poco a poco el caballero verde, con su agradable modo de ser y conducta, fue logrando la amistad de varios aldeanos, compartiendo buenos momentos con ellos e integrándose como si fuera un habitante más.

Tal actitud, en tan magnífico caballero, fue conquistando simpatías cada vez mayores en la población que, temerosa de que su princesa envejeciera esperando a un príncipe azul que sólo había evidenciado existir en la mente y sueños de Laura, comenzó a tratar de que ella transigiera en aceptar a un caballero por príncipe.

Obviamente, la joven princesa no quería pecar de infiel ni entregar el castillo a alguien diferente del esperado. Con lo cual, las insistencias de la población, la hacían sentir culpable de menosprecio hacia alguien tan noble y meritorio como el caballero verde, a la vez que culpable de sentir simpatía por alguien que no era como el príncipe de sus sueños.

Este conflicto interno de Laura se convirtió en un verdadero drama el día que descubrió que Daniel, el caballero verde, había logrado comprender y accionar a los mecanismos secretos que permitían el acceso al interior del castillo, por los pasadizos secretos previstos como salida de emergencia.

Que ¿cómo notó que Daniel ingresaba con frecuencia por allí? Simple: La primera vez le hicieron notar que se había iluminado un rincón oscuro, donde se halló una nota que expresaba algo así: “Me pareció oportuno iluminar mejor a la preciosa pintura de este rincón, que alegra un poco más al palacio con su presencia. Afectuosamente, Daniel, el caballero verde”.

La segunda vez, fue cuando todos se preguntaban “¿Quién arregló la vieja fuente que había dejado de funcionar?” Y, mirándola, se halló otra nota que, similar a la anterior, expresaba algo así como:
“No entendía muy bien cómo se puede tener una fuente con sonido tan bello al correr el agua, que nadie la arregle. Espero que no tomen a mal mi atrevimiento. Atentamente, Daniel, el caballero verde”.

La princesa Laura, estaba tan contenta como indignada. Ya que ¿cómo era posible que Daniel pudiera entrar y obrar dentro del castillo sin que nadie lo notara, salvo por las evidencias que dejaba a propósito? ¿Tan mala es la seguridad del castillo? ¿Y si él tuviera malas intenciones? Sus obras ¿no la ponían en ridículo, evidenciando aquello de lo que ella no se percataba o no sabía cómo arreglar? Sobre todo ¡sin su consentimiento ni consulta previa! ¡Era un atrevido que se estaba burlando de ella y de sus sistemas de seguridad!

- ¿Qué puedo hacer con este caballero que me está poniendo verde de desconcierto con sus actitudes?- preguntó Laura al anciano mago, que era su consejero personal de mayor confianza.
- Abrirle la puerta, para que no tenga que estar entrando por la trasera o pasadizos secretos.-
- Sabes que no puedo hacer eso. Va contra las reglas de mi dignidad ¿Qué diría el príncipe azul si se enterara?-
A lo que el viejo pero astuto consejero replicó con otra pregunta:
- Y ¿Qué pasará con las reglas de tu dignidad si envejeces esperando a quien no tienes cómo saber si realmente podrá llegar algún día?-
- ¿Cómo puedes dudarlo?- Dijo ella muy molesta añadiendo – ¡Mi príncipe azul no puede fallar en sus intentos de llegar hasta mí!-
Irónico, el mago preguntó:
- ¿No? ¿Cómo sabes que los vericuetos del camino de la vida no le impedirán llegar hasta ti? ¿Acaso tienes certificado Divino o del Destino que te asegure que no le impedirá llegar si él pone verdadera voluntad?- Tras una breve pausa continuó con sus preguntas- ¿Cómo sabes que, este caballero verde, no es en realidad el príncipe azul que te está predestinado, pero llega de incógnito?-
- Porque no han surgido las claras señales de que lo sea.- respondió ella muy segura.
- ¿Claras señales? Como ¿cuáles?- insistió el viejo asesor- ¿La de tener la piel azul, llegar montado sobre blanca e imponente cabalgadura o vehículo, entre fanfarrias angélicas que no te permitan dudar de que “es él”?-
- ¡Tú siempre tan exagerado!- dijo ella bastante furiosa.- Sabes que no espero eso, no soy tan ingenua.-
- Peeero…- Sugirió él a que especificara más.
- Pero no me hizo sentir lo que se supone que debería sentir.-
- ¡Ah! Muy clara y específica en tus expresiones- dijo él sin dejar el tono irónico y jocoso citándola:- “lo que se supone que debería sentir” ¿Qué se supone que deberías sentir? ¿Tal vez como mariposas en el estómago, que te tiemblen las piernas, sintiendo como que te derrites de emoción y que tu corazón palpite como con taquicardia expectante de poder estar cerca de él?-
- Algo así.-
- A eso ya lo hemos hablado varias veces y sabes que “pasión” no es sinónimo de “amor”.-
- Pero el amor conlleva y despierta pasión.-
- No siempre. No siempre… Que también lo hemos hablado.-
- Pues recuérdamelo. Porque no entiendo por qué no me ha hecho sentir nada.-
- ¿Nada?-
- Nada de eso que se supone. Más bien por el contrario, sentí cierta aversión o rechazo.-
- ¿Rechazo?- preguntó extrañado- ¿Qué detalle te hacía sentir rechazo y por qué?-
- No sé. Su voz, su mirada.-
- ¿Qué tiene su voz? ¿Es gangoso o suena como pitido?-
- ¡No!- Respondió rápida y segura, su voz y su forma de hablar no tienen nada de malo.-
- ¿Entonces?-
- Es que no me agrada cómo suena. La asocio con la de personas que no me agradan.-
- ¿Sólo por eso? ¿Por ser “muy común”?-
- No sé cómo explicarlo.-
- Pues busca la forma. Mientras tanto dime ¿qué tiene su mirada?-
- Es muy de niño. Me da la sensación de estar con un niñito.-
- ¿No será porque así se siente y muestra de indefenso contigo y expectante de satisfacerte?-
- No debiera ser tan así.-
- ¿Te has mirado en un espejo cuando te emocionas o tienes altas expectativas de quedar bien? ¡Eres igual de “niña”! Todos lo somos ante algo que nos importa mucho y somos naturalmente honestos. Sobre todo los del género masculino, que somos más simplones en lo emocional.-

Rápidamente fueron pasando días, semanas y hasta meses, en los cuales la princesa Laura, al caballero verde comenzó a denominarlo “Dani” de modo espontáneo y cariñoso, molestándole que se insinuara algo negativo sobre el mismo, pero empecinada en que no sentía por él otra cosa que simple afecto de amistad.

“Dani”, a diferencia de lo que suele suponerse, fue conquistando al castillo de a poco, habitación por habitación, casi baldosa por baldosa, con sus atenciones cordiales, que dejaban clara y permanente huella, como rincones iluminados y fuentes arregladas, coloreando y embelleciendo cada vez más detalles del lugar.

Todos los habitantes comenzaron a dar por obvio lo que la princesa negaba: Que, allí dentro, “Dani” estaba siendo más importante que cualquier príncipe que pudiera aparecer, por más azul que pudiera tener la piel. Con lo que Laura no contaba, es que por más caballero y empecinado que pudiera ser alguno, no hay esfuerzo que no agote la frustración de barreras incomprensibles e infranqueables. Razón por la cual, el caballero verde, un día solicitó audiencia formal y específica, para que le explique quién era su rival; quién era el dichoso príncipe azul, para poder desafiarlo abiertamente a competir por la llave del derecho a residencia permanente en el castillo. Porque era imposible terminar de derrotar a un rival invisible e imperceptible, colocado como un vidrio blindado que permite ver, pero no acceder.

- Quiero saber en qué me supera- Planteó el caballero verde, ya a punto de claudicar en sus esfuerzos, especificando:- Llevo meses intentando demostrar que soy más adecuado a su alteza que cualquier azulino príncipe que pueda existir. Sin embargo, ni siquiera se me especifica en qué he fallado o me supera el otro. ¿Qué hice mal o me falta tener?- Preguntó evidenciando su desazón. Por lo cual intervino el viejo mago asesor para explicar lo que ni la misma Laura sabía qué ni cómo.
- Tú no has fallado en nada. Lo que aún falta es la última prueba a superar: La de la comprensiva paciencia para con alguien que, desconcertada por sus sentimientos, necesita tiempo para asumir la situación.-
- ¿Más tiempo aún? – expresó desconcertado- ¿No le basta con todas las evidencias y demostraciones?-
- Si realmente eres “su príncipe azul” llegado como “caballero verde”, podrás comprender perfectamente que ella, al igual que tú y yo, también tiene sus imperfecciones. Que entre ellas está la de costarle reemplazar la idea de que no hayas llegado anunciado por trompetas y fanfarrias sobre un caballo blanco por la puerta principal, sino que hayas sido aún más sorprendente, conquistando al castillo desde dentro, ingresando por los pasajes recónditos. No es fácil para ella entregarte una llave de la puerta principal, por más que ya estés viviendo dentro del castillo de su corazón; porque le implica asumir que sus esfuerzos y voluntad por resistir han sido doblegados por los aciertos de tus nobles y amables acciones. Sólo es cuestión de darle tiempo a que termine de aceptar su situación, nada más. El desconcierto que le has ocasionado, con tu forma de llegar y actuar, fue tan profundo que le dura más de lo común. Y ella, tan prudente y determinada como acostumbra ser, no quiere correr el riesgo de poder estar equivocándose feo en algo que le importa muchísimo. Sobre todo después de tantos años de vivir atrincherada dentro. Solo eso.-

*-*-*

Aclaración: A este cuento lo escribí hace ya casi dos años, como forma paródica metafórica de describir los vericuetos por los que pasaron dos personas reales, hasta formar una pareja. La versión más larga necesita ser corregida en muchos detalles y no sé si algún día me pondré a terminarla. Más que nada por el trabajo que implica no revelar detalles personales que facilitan identificar a quienes inspiraron el cuento (que da para novela) sin deformar demasiado a la historia real con detalles fantásticos.



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