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Adelino Narosky: Presentarlo y compartir algo de sus escritos

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Adelino Narosky: Presentarlo y compartir algo de sus escritos

Mensaje  Sawedal el Lun Abr 21, 2008 2:31 pm

Hoy quiero dar a conocer parte de la obra y forma de ser de una persona que me impactó dejando una buena e imborrable imagen de persona en mi memoria: Adelino Narosky.

Su apellido es muy conocido por dos de sus hermanos que obtuvieron trascendencia en muchos países. José por sus libros de aforismos y Tito por sus aportes en el área de ornicultura y malacología (observación y estudio de pájaros y caracoles respectivamente, aunque sabe más de “vuelo” y “anidar alto” que de “arrastrarse baboso”).

Tuve el privilegio de poder conocer y conversar con los tres (generalmente de a uno por vez) sobre todo, porque todos amamos la cultura y somos de localidades muy cercanas (Zona sur del Gran Buenos Aires).

Los contacté cuando comencé con el emprendimiento de una revista específica de la cultura local y nuestro trato culturalmente interesado, duró apenas unos varios meses más que la vida pública de la revista.

Adelino es el mayor de cuatro hermanos, a los que considero que han tomado a la cultura como un deporte familiar. El segundo en realidad no es hermano sino hermana y, por eso, públicamente desconocida, dado que prefirió dedicar su vida al tradicional rol femenino (de contención, apoyo y opinión, en lugar de “esclava del hombre”). Conversé con ella y sé que tiene muy claro que el personal “tras bambalinas” es indispensable y clave para el éxito de quienes están “expuestos en escena”.

Por diferencia notoria de edades, Adelino con frecuencia debía ocupar el lugar de padre ante sus dos hermanos varones, dado que el original pasaba mucho tiempo trabajando para que no crecieran desnutridos teniendo abrigo cuando lo necesitaran. (En verano no los abrigaba, más que si las noches eran muy frescas).

Por esa razón es que él considera (más bien justifica) que se especializó en curiosidades y rarezas: a fin de incentivar el pensamiento de sus hermanos, cuando ocasionalmente estaban bajo su supervisión.

Ha escrito media docena de libros o más que, como describe en su ingenioso y ocurrente estilo, son “edición limitada para los amigos”, porque el bolsillo no le daba para más, así que no se molesten en buscarlos en librerías.

De su libro “Bric a Brac” (léase bric a brac que significa “chamarilero”, según aclara en la misma tapa) iré compartiendo alguna que otra de sus “reflexiones” o más bien ingeniosas disquisiciones que juzgarán por ustedes mismos la calidad que tienen y pocas personas logran apreciar; dado que la ironía, sobre todo cuando es sutil o evidencia modismos de cultos o pseudo cultos, no todos alcanzan a comprender.

En la contratapa misma figura:

“Según su propia opinión, Adelino Narosky no es periodista, ni escritor, ni poeta, ni juntador de minerales, ni nada que sea realmente académico.

Es sólo una mezcla de recopilador, semipayador, defensor de la naturaleza, coleccionista de coleccionistas, y además, humorista.

De ese variado conjunto y considerando a la amistad como prioridad número 1, consigue extraer de la galera personajes atrayentes, rayados que hacen la vida más linda y menos rutinaria.

Para ese grupo precisamente, fue hecho el libro que Ud. Tiene entre manos.”

La considero una muy objetiva auto definición de sí mismo y del propósito del libro que, quizás, por compartirlo aquí, esté violentando tales objetivos. Pero imaginarán cómo me habré sentido de honrado, cuando me obsequió un ejemplar autografiado considerándome “meritorio” de figurar en su “colección de personajes-amistades” que después he corroborado cuán particular es.

Sin ir más lejos, no quiero desperdiciar las “sabrosas” palabras del prólogo escrito por otro de sus “personajes de colección” que es Rodolfo Castro y reproduzco a continuación:

No lea este libro.
El editor no se responsabiliza habiendo otros más sensatos.

Estamos ante uno de esos supuestos en los que la personalidad, el nombre y el relieve del presentado (que al escribir un libro está más en el escaparate que en la trastienda) resulta mucho más conocido que los del presentador, por lo que parecería más coherente en este caso que fuera él quien me presentara a mí. Para subsanar esto pensé contarles mi biografía; ahí va. Nací el 1º de mayo de…, bueno, lo dejamos para otra oportunidad.

La alegría cuanto más se da, más queda. Esta parece ser la premisa que sustenta Adelino Narosky y en su trasfondo nos señala que el defecto es no comprender el efecto del afecto.

Este libro es bastante gracioso y seguro que ha habido colas y recomendaciones para prologarlo. Ese privilegio , sin méritos que lo justifique, me ha correspondido a mi. Y ahora ¿qué hago? Si escribo en serio rompo la unidad, creo otra atmósfera, y si intento alguna gracia sería entrar a competir con el autor y correr el riesgo de ubicarme muy por debajo. Este privilegio me obliga a quedar bien, aunque luego, como es de suponer, no quede en absoluto.

En esta obra de Adelino Narosky no hay “misterio, emoción e intriga”, pero se lee de un tirón y al finalizarlo (el que llegue) habrá tomado aire fresco y habrá aumentado su caudal humorístico. Jardiel Poncela dijo que definir el humor es como pretender atravesar una mariposa usando a manera de alfiler a un poste de telégrafo. Alguien expresó también que el humor es verle la trampa a todo y podemos agregar que es no tenerle miedo a pensar… y decirlo. Existe también la definición de que el humorista tiene las rosas dentro y las espinas fuera. Después de todo, con las pasiones uno no se aburre jamás y sin ellas se idiotiza.

Hacer un chiste es como hacer una melodía. Las notas están ahí y son las mismas para todos: Unos las juntan y hace ruido y otros las mezclan y componen una rapsodia. Un chistoso decía que si Gracián se hubiera apellidado Iruretagoyenargiragoitía, al firmar su cita más célebre (lo bueno, si breve…) hubiera resultado divertido.

Esto nos lleva a aquella reflexión que indica que vistos desde la vida los productos de la razón son caprichosos, como lo son los de la vida vistos desde la razón.

Estamos ante un libro de humor naroskiano y cabe entonces recordar lo que decía Escardó: “lo festivo es una gracia para hacer reír en tanto que el humorismo es una gracia para hacer pensar”. Y podemos agregar con Eduardo Wilde: “Pocas personas saben lo que es el humor y las que lo entienden a medias lo desdeñan. El humor es, sin embargo, una alta calidad del espíritu; es necesario que tras de él haya algo que le dé solidez y brillo. Implica un espíritu sano, capaz, penetrado de gravedad. Hay siempre un tinte de filosofía, hay tristeza, profundidad y pasión”.

El humor siempre se dispara hacia lo disparatado que a veces no lo es tanto, como aquél que definía el beso como la yuxtaposición de los músculos orbiculares del orificio bucal en estado de contracción.

Por otro lado sabemos que algunos hablan por experiencia y otros, por experiencia... no hablan. Adelino sabe que la experiencia es algo que no puede comprarse, pero a veces se debe pagar muy caro. Sabe también que todos los hombres nacen iguales, pero él escribe y busca trascender justamente para superar semejante situación y le dice a Rosita (su esposa) que la mujer perfecta es la que no espera que su marido sea perfecto. Adelino quiere ser siempre él mismo; ensayó otras cosas, pero nunca le dio resultado. Manifiesta que sólo lee las páginas de los deportes ya que es en lo único en lo que los humanos triunfan.

El trata de ser modesto (así nació, aunque le duró poco). De todas maneras sabe, como Luis Franco, que el vanidoso es un guijarro con delirios del Aconcagua. Nada es tan artificioso y tramposo como un alarde ostensible de naturalidad. Es de esos amigos que lleva colgado el cartel que dice “En caso de tristeza: Romper el vidrio”. Confidencialmente puedo decirle al lector que la sabiduría siempre lo persiguió a Adelino, pero él siempre ha sido más rápido. Pero reconozcamos que permanentemente hizo el bien sin ruido, sabiendo que el ruido no hace bien.

En nuestras reuniones bolicheras de los domingos, en nuestra arbolada y amada Adrogué, un día le dije que el peso de la tierra es de 5.973.502.000.000.000.000.000 Kg y me preguntó: “¿me incluyen?”. Siempre en la ironía sutil o el agudo sarcasmo, pero no se coloca por encima de sus semejantes, sino junto a ellos. Lo cierto es que se empeña en no aprender nada desde que se enteró que Goethe afirmaba que el conocimiento acrecienta las dudas y él las tiene a todas.

Pienso que no es de buen gusto que el prólogo sea más extenso que el libro, y por eso finalizo con aquella poesía que canta:
Sonríe aunque tu sonrisa sea triste,
porque más triste
que una sonrisa triste,
es la tristeza
de no saber sonreír.



¿Cuántas veces habremos soñado o anhelado con prólogos tan informales como amenos? Rodolfo Castro ha logrado plasmar el “estilo Adelino” y lo que esto conlleva en relativamente pocas líneas.

Ahora sí, a continuación, el primero de sus escritos... del mencionado libro.

Composición, tema: El árbol.

Currículo:

Tengo que confesar que mi gran capacidad literaria proviene de varias fuentes.
La presente composición tema El Árbol, la hice en tercer grado elemental insuficiente (*), el que tuve que abandonar para hacer la conscripción.

Proseguí luego en una escuela diferencial nocturna llamada “El Cottolengo” donde conseguí llegar hasta cuarto grado. Fue en ese lugar que escribí mi conocido libro cuyo nombre no recuerdo. Lo que sí tengo presente es la dedicatoria:

“A mis queridos maestros, que creyeron en mí durante los quince años de escuela primaria”.

Así comienza:
¡Oh, qué hermoso es el árbol, gran protector del hombre y de perros en tres patas! Pero nadie es perfecto y esos ejemplares botánicos tampoco. Por esa razón, no es criticable que tengan por costumbre cruzarse en los caminos, según opinión de los automovilistas.

Hay muchos géneros y especies de árboles; y el más mencionado es el árbol ginecológico, que viene a ser el camino que algunos ascienden en procura de ser alguien, olvidándose que sus antepasados, para lo mismo, tuvieron que descender.

Lo peor de un árbol genealógico suelen ser los frutos, y la mayor parte de él, aunque no se trate de raíces, está bajo tierra.

Cuando se habla de un viejo verde, por ejemplo, casi nunca se hace referencia al ejemplar vegetal. En realidad, viejo verde es el que se cae de maduro.

Los árboles tienen siempre mejor comportamiento que los hombres. Para demostrarlo, recuerdo la expresión de Rabindranath Tagore, a quien llamaban Rabito en su casa por razones de extensión y de pronunciación, para quienes no hablan fluidamente el sánscrito básico, dijo: “El hacha pidió madera al árbol para hacer el mango, y el árbol se la dio”. Y un frutal comentó: “Chupate esa mandarina”. Que no tiene nada que ver con mandarín ni con los adeptos a Buda, que son bárbaros en el mejor sentido de la palabra.

Buda, para los que no lo saben, es una divinidad que se entretenía en mostrarles el ombligo a los fieles que se portaban bien.

Pero no quiero distraerme pues me estoy yendo por las ramas. Volvamos al tema.

Es muy conveniente que hayan bosques, montes y selvas en los campos, es decir, muchos árboles. Campo es un espacio a la intemperie donde los pollos se pasean crudos.

Los árboles y las plantas en general representan una de las razones de mi vida. Y tanto los aprecio que tengo anticipado un epitafio para mi futuro:

Cuando me den sepultura
que me dejen un pie afuera.
Quiero que sobre mi tumba
haya una planta siquiera.

(*) En la época en que Adelino cursó la primaria existía la incomprensible denominación de "primer grado inferior" y "primer grado superior". Finalmente se definió cada grado como tal omitiendo la absurda subdivisión del primero y totalizando siete los años primarios en lugar de seis teóricos por uno mal denominado "inferior". Aquí ironizó en que estudió todos "inferiores".
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