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Influencia del mate en la conducta humana.

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Influencia del mate en la conducta humana.

Mensaje  Don Sapo el Sáb Jun 07, 2008 3:00 pm

Argentina es el país con mayor producción y consumo de yerba mate en todo el mundo. Y el tomar mate como los argentinos, ya de por sí, es una GRAN diferencia psicológica social.

Para poder comprender plenamente en qué y cómo influye el tomar mate en las personas, es necesario comenzar por tener claro cómo se difundió e impuso esta costumbre que también es tradición. Sobre todo en la Argentina.

El mate siempre ha sido la bebida por excelencia del trabajador. Comenzó con los gauchos, a quienes les bastaba tener un poco de la económica yerba y agua caliente. Hay que tener claro que aún antes de la independencia como países, la zona de Argentina era casi un páramo despoblado y agreste. Se evitaba viajar en soledad para que, en caso de accidente (caída del caballo, ataques de animales u ocasionales bandidos, etc) se tuviera a quién recurrir o que pudiera ir en busca de ayuda.

Los viajes duraban varios días, hasta semanas. Se realizaban paradas de descanso en medio de la nada donde ¿qué se podía hacer para entibiar un poco el cuerpo, además de un fuego donde calentarse y, de ser posible, también enviar algo al estómago para que no estuviera totalmente vacío?

Sólo se cocinaba comida por la noche, que era demasiado larga en tiempo para dormir. El resto del día, se hacían paradas de descanso donde sólo se ingería lo que no necesitara cocción o bastara con calentarlo. (Por ejemplo pan con queso o charque, la carne deshidratada al sol o conservada en sal, que daba mucha sed).

La mayor parte del año el viento hacía sentir que se enfriaban hasta los huesos y, el fuego era la única posibilidad de sentir un poco de calor extra. Si además había una bebida para dar mayor sensación de abrigo, tanto mejor.

Aquí es donde se impone la costumbre del mate muy por sobre la ginebra que era la más económica de las bebidas alcohólicas y no cualquiera podía permitírsela como “calentador corporal” (sorbos ocasionales en el día para estimular la circulación). Bastaba con tener un mate, bombilla para sorber y un poco de la económica yerba, para sentir que se podía calentar el estómago sin tenerlo totalmente vacío. (Aclaro que tanto el té como el café eran muy caros por el transporte e intereses comerciales). Si se podía endulzarlo con un poco de azúcar, tanto mejor.

Así, quien tenía ese recurso en un viaje ¿cómo no iba a compartirlo con aquellas personas que lo acompañaban y, quizás, dependiera su vida en un imprevisto como tan frecuentemente sucedían?

Imaginen la situación: Unas pocas personas (a veces sólo dos o tres) sentadas bastante juntas, intentando sentir calor alrededor de un pequeño fuego, y sin otra cosa que hacer que mirarse entre sí y conversar. Si alguien era el único que tenía y tomaba mate, todas las miradas se centraban en él con cierta envidia. Resultaba INCONCEBIBLE no compartir lo poco que se pudiera tener en medio de la nada, dado el largo tiempo que restaba para que cambiara la situación predominante de estar solos y cualquiera podía morir o depender de otros para sobrevivir y llegar a destino.

Así es como el mate se impuso tradicionalmente en las soledades de los traslados de cualquier índole en las provincias unidas del Rio de la Plata (luego Argentina y demás países del sur sudamericanos a excepción de Brasil), aún antes de ser un país.

La población de la gente trabajadora (los gauchos) la difundieron en sus familias y por donde fueran o estuvieran, dado que se instituyó como parte del equipo básico de supervivencia cuando se está en las soledades de campo abierto o alejados de zonas urbanas, como los soldados en fortines.

La costumbre era tan fuerte, que se acostumbraron a desayunar mate y tomarlo después de comer aún estando en sus propias viviendas en zonas urbanas. Se reunían los arrieros y peones de campo, al anochecer, a compartir las novedades del día alrededor del fuego ingiriendo mate.

La asociación psicológica que comenzó a tener se trasformó en una impronta como grabada a fuego en cada célula de los que experimentaban la pausa de la soledad de largos viajes amenizada con el “salvador” y “querible” mate junto al fuego. (Cabe recordar que, además, las propiedades nutritivas de la yerba mate, son óptimas para la supervivencia y combatir la desnutrición o pésima alimentación basada en carne con hidratos de carbono que tenían los gauchos. Sobre todo por su altísimo contenido de hierro que fortifica la sangre).

La costumbre gaucha se trasladó a los obreros pobres e inmigrantes de las ciudades. Desde los gobiernos que se alternaron en el tiempo, consideraron que era una forma económica de mantener calmados a los pobres y, por eso, siempre se la consideró artículo básico de consumo y no la abusaron con impuestos. Detalle que arraigó aún más la costumbre, ya tradición, de tomar mate.

Con el correr de los siglos y la aparición de tecnologías, más la industrialización y urbanización constante, si bien ya no había viajes tan largos en descampados donde era la única alternativa para saciar al estómago o engañar a las tripas, la costumbre estaba tan arraigada, sobre todo en lo psicológico, que era impensable “no compartir” al mate junto al fuego.

Por esta razón, para un argentino consustanciado con el ser nacional, el mate tiene una implicancia social psicológica que lo hace único e irreemplazable: Motivo de compartir y sentirse acompañado más allá de cualquier otra razón lógica.

Tomar mate es “no estar solo” y recordar que “en pleno descampado” o “soledades”, cuando no se tiene prácticamente nada, lo más importante para cualquier ser humano es “compartir lo que se tiene”. Así es como se acostumbra a asociar al mate y lo transmite todo pobre de zona urbana o gente de campo acostumbrada a las soledades.

Actualmente y desde hace ya unas décadas, esta costumbre y tradición se está perdiendo muchísimo por desmedida masificación de los habitantes imponiéndoles costumbres y mentalidad consumista. Especialmente en las grandes ciudades, que no se permite (ni se facilita o predispone a los trabajadores) a que puedan tomarse tiempo para sociabilizar. Se cosifica a las personas a rendir al máximo dentro de horarios rígidos y las condiciones generales de largos e incómodos traslados de vivienda a trabajo, junto a demás actividades obligadas en lo cotidiano, que ya no hay oportunidad ni ánimo de que compañeros de trabajo se reúnan ni siquiera en un café para distenderse un rato antes de regresar a sus hogares, donde suelen esperarlos más quehaceres agobiantes, en lugar de cálidos “nidos de amor”.

En conclusión, la tradición y costumbre de tomar mate, puede denominarse un hábito que facilita la sociabilización predisponiendo a compartir, a ser más humanos por fomentar la conversación y acercamiento entre las personas, aún siendo totalmente diferentes en sus costumbres e ideologías. El hecho de tomar del mismo mate, sorbiendo de una misma boquilla, obliga a superar “ascos” psicológicos e inconscientemente hermanar a las personas a pesar de posibles diferencias de cualquier índole.

Hasta obliga a adaptarse, a ser más flexible en cuanto a gustos, porque no se puede alternar el sabor del mate de una persona a otra. Si es dulce, es dulce para todos, si amargo, amargo para todos. Razón por la cual, lo más habitual, es apenas endulzado, para que no haya gran diferencia de sabor entre quienes lo prefieren dulce de los que amargo.

De este modo, quien se adapta a tomar mate en un grupo o reunión, es una forma y gesto de “hermanarse” con el resto. Tanto desde el invitarlo (la excusa de “tomar algo compartido), como de aceptar y avenirse al sabor que tenga, porque en lo psicológico “iguala” en detalles con los demás principiando el acercamiento humano.
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