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El virus de Nazar

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El virus de Nazar

Mensaje  Sawedal el Jue Feb 28, 2008 10:17 pm






Existió un día una ciudad perfecta. Fue hace muchos, muchísimos siglos en este planeta. Se llamaba Nazar.

Había en ella una gran variedad de gente: Altas, bajas, gordas, flacas, claras, oscuras. Y de personalidades: Alegres, melancólicas, expresivas, inexpresivas, razonadoras, impulsivas...De todo un poco.

Algo muy extraño, es que no había policías, abogados o jueces. Ni siquiera tenían libros de leyes. Sin embargo, todos vivían en total paz y armonía.

Lo más asombroso de todo, es que eran niños. No poseían la juventud eterna, como algunos historiadores creyeron. Sus cuerpos seguían el proceso normal de crecimiento, maduración y envejecimiento. Lo que no envejecía eran sus mentes y corazones, por lo que no dejaban de ser niños, que era la fuente de su felicidad.

Habían logrado desterrar a la mentira y sus leyes no estaban escritas, porque eran dos muy simples: Amar al prójimo como a sí mismo y respetarlo por sobre cualquier interés personal.

Como cumplían con esas sencillas reglas, todo era fácil. Si surgía algún desacuerdo, enseguida llamaban a tres personas, al azar, y les exponían el problema. Lo que opinara la mayoría, era lo que consideraban correcto.
Si en algún momento alguien hacía algo indebido, se le llamaba la atención y, por lo general, era muy raro que volviera a "equivocarse", (así le llamaban a las faltas).

Cuando venía algún extranjero era una verdadera fiesta. Lo recibían como a un hermano y le daban todas las atenciones que estaban a su alcance para hacerlo sentir bien. De ellos heredamos muchas costumbres, entre ellas, las casi olvidadas hospitalidad y la solidaridad, (aunque hay quienes aún las practican)

Como llevaban un estilo de vida y costumbres saludables, las enfermedades eran raras y sabían curarlas a todas.

Hasta que un día, un extranjero que se veía muy sano, trajo con él un virus muy difícil de notar a simple vista: La ENVIDIA. Para peor, de una variante que ellos no conocían, la que además de atacar al cerebro, impidiéndole razonar bien, atacaba al corazón inhibiendo a los buenos sentimientos, que son los anticuerpos de esa clase de enfermedades.

Por eso es que de nada les sirvió que le hablaran los más sabios, tratando de hacerlo razonar. El hombre seguía enfermo y desparramando al virus por toda Nazar. Cuando se dieron cuenta que la enfermedad tenía dominado por completo al corazón del extranjero, decidieron aislarlo, poniéndolo en cuarentena. Pero ya era tarde. Se había transformado en una epidemia que, al igual que el SIDA, pero en este caso del alma, debilitaba las defensas de los pobladores contra otras enfermedades como la mentira y el egoísmo y que se transmitía verbalmente.

Como con todas las pestes de la antigüedad, se desparramó tan rápido que, en pocos días, la ciudad fue un caos total. Algunos, ya contagiados, creyeron que huyendo se iban a curar, otros, simplemente se dejaron llevar por el virus. Hubo muchos que fueron inmunes, pero los enfermos los maltrataron tanto, que se contagiaron o murieron.

Fueron muy pocos los que sobrevivieron. Lo lograron envolviendo a sus corazones en varias capas de telas, que sirvieran de filtros, y encerrándolos en cajas metálicas, con muy buenas cerraduras. Pero como así y todo eran golpeados, tuvieron que aprender a disfrazarse de enfermos y recién entonces, confundidos con los demás, pudieron continuar sobrellevando sus vidas.

]
Algunos, somos descendientes directos de esa gente. Por eso es que, de niños, todavía no sabemos mentir ni resguardar a nuestros corazones para que no los "contaminen" o lastimen. Pero con el tiempo y las experiencias, nuestras mentes aprenden a disfrazarnos como contaminados y esconder a nuestros corazones.

Aunque en apariencia cada vez somos menos, creo que algún día seremos mayoría y el virus...desaparecerá.



(Autor: Sawedal. Permitida su difusión y reproducción SIN fines de lucro)
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